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La Nota del Día
Por más que nos duela, no aceptemos el chantaje

Aceptar el chantaje equivaldría a entregar a las fuerzas más retrógradas y violentas, el funcionamiento del Estado. Los daños del convenio serían más perniciosos que la reforma agraria de los duartistas

Publicada 27 de junio de 2006, El Diario de Hoy

El Diario de Hoy
editorial@ elsalvador.com

Sería una dolorosa pérdida para el país, y en especial para el puerto de La Unión, que por los chantajes de la OIT la atunera Calvo fuera forzada a cerrar. Pero con todo lo que esa posibilidad duele, aceptar las exigencias de la OIT causaría perjuicios mucho más graves que el cierre de la gran empresa. Literalmente los de la OIT pretenden, como el usurero del Mercader de Venecia de Shakespeare, que a cambio de sus ofrecimientos pactemos pagar una libra de carne del propio corazón de la República.

La imposición de esquemas favorables al sindicalismo viene de muy lejos, iniciando con la Alianza para el Progreso del difunto John Kennedy. A partir de ese entonces, se ejercieron toda clase de presiones sobre El Salvador para formar sindicatos en las empresas y determinados organismos públicos; las centrales sindicales estadounidenses fomentaron el establecimiento de los sindicatos, lo que llevó a la gente a decir que los norteamericanos, con todos su medios creaban los sindicatos, que luego caían en manos de los comunistas.

Sólo quienes vivieron con sus ojos abiertos esos años, conocen el perjuicio y la desmoralización causada por las depredaciones, los actos de fuerza y las desorbitadas demandas que los sindicatos hicieron al país contra el interés de los mismos trabajadores. Pero además la mayoría de ellos cayó bajo control de los rojos, sirviendo luego como criadero de terroristas; los principales cabecillas de una de las más violentas bandas de entonces, las FPL, provenían de los sindicatos; las consecuencias fueron cierres y ruina de empresas, desempleo de los trabajadores de la misma, el retiro de la Texas Instruments, que nos había colocado como un país de manufacturas digitales y el posterior colapso de la zona franca de San Bartolo. A ello se suman las paralizaciones permanentes de servicios públicos, el secuestro de empresas y directivos de éstas, las diarias marchas en el centro de San Salvador y la fuga de inversiones.

Se entregaría el Estado a fanáticos

Lo que son los sindicatos dentro de las entidades estatales se demuestra por lo que sucede en el Seguro Social: abuso de los presupuestos, paralización de reformas para mejorar servicios, robo y corrupción, continuos cierres de unidades médicas. La nula moral de los sindicalistas se demuestra por la clase de individuos que defienden: el que negó tratamientos a niños y adultos con cáncer, presionar para que liberaran a su cabecilla (procesado por agresión sexual a una niña, su hijastra), oponerse a medidas disciplinarias e inclusive agredir a médicos y pacientes. Cuando alguien rehusa acuerparlos, es objeto de amenazas, burlas, insultos y agresiones.

Sólo personas muy despistadas son incapaces de anticipar lo que significaría para el país ceder al chantaje de la OIT. Lo primero, que los funcionarios públicos pasarían la mayor parte de su tiempo discutiendo pliegos de exigencias de los sindicalistas; lo segundo, que sería imposible despedir a nadie aun por faltas gravísimas; lo tercero, que los presupuestos terminarían saqueados, sin dinero para inversiones o renovación de equipos; lo cuarto, que llegada la temporada política, las huelgas de servicios y la paralización de oficinas públicas serían el suceso cotidiano. Literalmente aceptar el chantaje equivaldría a entregar a las fuerzas más retrógradas y violentas, el funcionamiento del Estado. Los daños del convenio serían más perniciosos que la reforma agraria de los duartistas.

 

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