Cristian
Díaz
El Diario de Hoy
elpais@elsalvador.com
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| Falta. A un año del deslizamiento de
tierra ocurrido en el cerro Chichicastepec, caserío Tizapa,
cantón Talpatanca, todavía se observan los daños
en casas, vegetación y calles. Foto EDH |
De la sartén al fuego. Muchas de las personas que viven en el
albergue “provisional” hecho en la cancha de Apaneca, dudan
de estar mejor que cuando vivían en el caserío Tizapa, que
fue declarado inhabitable hace un año.
En esa localidad murieron tres niños y una mujer luego que un alud
de tierra arrasara varias viviendas el 26 de junio de 2005.
Fueron evacuadas 237 familias y el sitio fue declarado inhabitable por
las condiciones de riesgo.
Loa afectados fueron llevados a un albergue en la cancha de fútbol.
Casas de lámina separadas por pasajes de menos de dos metros de
ancho, son sus hogares desde entonces.
Dificultades
Cada casa mide cuatro por cuatro metros y en algunas viven hasta ocho
personas.
De los 1,500 afectados, cerca de 300 son niños. Hay 20 servicios
sanitarios para todos los pobladores. Así, los problemas son diarios.
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| Consecuencias. Las condiciones en que viven
ocasionan serios problemas. Los pasajes son estrechos, las casas inseguras
y señalan plagas de ratones y otros transmisores de enfermedades.
Foto EDH |
Con las lluvias, el lodo anega los pasajes y casas. Muchos se quejan
de una plaga de ratones que podría transmitir enfermedades graves.
Pero el principal problema son las crisis nerviosas que confirma la directora
de la Unidad de Salud de Apaneca, doctora Melva Chicas de Martínez.
“Las crisis nerviosas y los trastornos depresivos se han incrementado,
las personas ya llegaron a su límite de tolerancia”, indica
al señalar que en varios conflictos han mediado fiscales y juzgados.
En el centro de salud, quienes padecen estos problemas son atendidos por
médicos generales a falta de sicólogos.
Los conflictos entre vecinos son tan frecuentes que la Unidad de Salud
atiende un promedio de tres pacientes semanales por esta razón.
La doctora de Martínez teme que de continuar en la situación
actual, se desarrollen entre los afectados enfermedades serias como la
hipertensión y diabetes.
Los damnificados están desesperados. Las autoridades les prometieron
construirles techos permanentes. Sin embargo a la fecha no se cumplen
las gestiones del alcalde Osmín Guzmán.
“Estamos mal, nos sentimos olvidados”, expresa Ester Ramos,
de 23 años y madre de tres niños.
Ella señala que a las crisis nerviosas deben agregar las enfermedades
gastrointestinales, infecciones respiratorias y otras dolencias.
Algunos temen que las diferencias que se originan entre los pobladores,
den lugar un día a una tragedia.
“Pasamos tensos de día y de noche”, lamenta un vecino
al expresar que muchos optan por aislarse de los demás para evitar
conflictos innecesarios.
Al menos cinco familias optaron por volver a las zonas en que perdieron
sus casas. temen al invierno, pero las condiciones en el albergue se han
vuelto insoportables para ellos.
El alcalde Osmín Guzmán explica que pensaron en comprar
un terreno. Cada familia tendría que pagar 10 dólares mensuales
y no quieren hacerlo.
La alcaldía no tiene los fondos para un terreno
La municipalidad asegura que carece de los fondos necesarios para adquirir
un terreno y poder reubicar a las personas afectadas. Necesita 200 mil
dólares para adquirir un predio.
“Lo que no podemos conseguir es el dinero para la tierra, porque
vale 25 mil dólares la manzana y necesitamos alrededor de ocho
manzanas para dejar (a la comunidad) con su zona verde, escuela y casa
comunal”, explicó el edil Osmín Guzmán.
Agregó que el Viceministerio de Vivienda proporcionará los
fondos para la construcción de las casas.
Además, la Cooperación Canadiense ofreció su ayuda
para la instalación de energía eléctrica, red de
agua potable y aguas negras.
Sin embargo, las propuestas siguen siendo promesas sin cumplir ante la
falta de un terreno donde reubicar a los damnificados.
Guzmán dijo que la comuna no puede acceder a un préstamo
con un banco porque no tiene respaldos suficientes para garantizar el
pago.
“Somos una alcaldía pobre”, argumentó el edil.
Por su parte, Silvia Emérita Arana, de 26 años, pidió
que los ofrecimientos de la municipalidad sean cumplidos a corto plazo.
“El alcalde no nos ha dado esperanzas que nos va a dar viviendas,
sólo promesas hace y no las cumple. Ya no queremos estar aquí
(en la cancha) si él (alcalde) no cumple esperamos que el gobierno
(central) nos ayude”, dijo la fémina.
Arana también se quejó por los supuestos certificados que
el gobierno ofreció sólo a 49 familias damnificadas.
Estos consisten en un bono de 5 mil dólares para que los beneficiados
accedan a una vivienda en lugares especificados por el gobierno.
Ninguna familia ha hecho efectivo este beneficio por considerar que no
pueden pagar la diferencia o porque les ofrecen sitios muy alejados de
Apaneca.
La mujer también mencionó que durante el invierno pasado
a muchas viviendas temporales se les metió el agua, situación
que podría repetirse este año.
“Creo que se pueden buscar donaciones para comprar un terreno, pero
ya no queremos es tar aquí, es mucho tiempo ”, agregó
la mujer.
No será sencillo encontrar la solución al problema. El enorme
potencial turístico de la zona ha elevado los precios de terrenos.
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