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Damnificados de Tizapa necesitan mayor apoyo

Ahuachapán. Sitio fue declarado inhabitable. Hacinamiento causa más problemas.

Publicada 25 de junio de 2006, El Diario de Hoy

Cristian Díaz
El Diario de Hoy
elpais@elsalvador.com
Falta. A un año del deslizamiento de tierra ocurrido en el cerro Chichicastepec, caserío Tizapa, cantón Talpatanca, todavía se observan los daños en casas, vegetación y calles. Foto EDH

De la sartén al fuego. Muchas de las personas que viven en el albergue “provisional” hecho en la cancha de Apaneca, dudan de estar mejor que cuando vivían en el caserío Tizapa, que fue declarado inhabitable hace un año.

En esa localidad murieron tres niños y una mujer luego que un alud de tierra arrasara varias viviendas el 26 de junio de 2005.

Fueron evacuadas 237 familias y el sitio fue declarado inhabitable por las condiciones de riesgo.

Loa afectados fueron llevados a un albergue en la cancha de fútbol. Casas de lámina separadas por pasajes de menos de dos metros de ancho, son sus hogares desde entonces.

Dificultades

Cada casa mide cuatro por cuatro metros y en algunas viven hasta ocho personas.
De los 1,500 afectados, cerca de 300 son niños. Hay 20 servicios sanitarios para todos los pobladores. Así, los problemas son diarios.

Consecuencias. Las condiciones en que viven ocasionan serios problemas. Los pasajes son estrechos, las casas inseguras y señalan plagas de ratones y otros transmisores de enfermedades. Foto EDH

Con las lluvias, el lodo anega los pasajes y casas. Muchos se quejan de una plaga de ratones que podría transmitir enfermedades graves. Pero el principal problema son las crisis nerviosas que confirma la directora de la Unidad de Salud de Apaneca, doctora Melva Chicas de Martínez.

“Las crisis nerviosas y los trastornos depresivos se han incrementado, las personas ya llegaron a su límite de tolerancia”, indica al señalar que en varios conflictos han mediado fiscales y juzgados.

En el centro de salud, quienes padecen estos problemas son atendidos por médicos generales a falta de sicólogos.

Los conflictos entre vecinos son tan frecuentes que la Unidad de Salud atiende un promedio de tres pacientes semanales por esta razón.

La doctora de Martínez teme que de continuar en la situación actual, se desarrollen entre los afectados enfermedades serias como la hipertensión y diabetes.

Los damnificados están desesperados. Las autoridades les prometieron construirles techos permanentes. Sin embargo a la fecha no se cumplen las gestiones del alcalde Osmín Guzmán.

“Estamos mal, nos sentimos olvidados”, expresa Ester Ramos, de 23 años y madre de tres niños.

Ella señala que a las crisis nerviosas deben agregar las enfermedades gastrointestinales, infecciones respiratorias y otras dolencias.

Algunos temen que las diferencias que se originan entre los pobladores, den lugar un día a una tragedia.

“Pasamos tensos de día y de noche”, lamenta un vecino al expresar que muchos optan por aislarse de los demás para evitar conflictos innecesarios.

Al menos cinco familias optaron por volver a las zonas en que perdieron sus casas. temen al invierno, pero las condiciones en el albergue se han vuelto insoportables para ellos.

El alcalde Osmín Guzmán explica que pensaron en comprar un terreno. Cada familia tendría que pagar 10 dólares mensuales y no quieren hacerlo.


La alcaldía no tiene los fondos para un terreno

La municipalidad asegura que carece de los fondos necesarios para adquirir un terreno y poder reubicar a las personas afectadas. Necesita 200 mil dólares para adquirir un predio.

“Lo que no podemos conseguir es el dinero para la tierra, porque vale 25 mil dólares la manzana y necesitamos alrededor de ocho manzanas para dejar (a la comunidad) con su zona verde, escuela y casa comunal”, explicó el edil Osmín Guzmán.

Agregó que el Viceministerio de Vivienda proporcionará los fondos para la construcción de las casas.

Además, la Cooperación Canadiense ofreció su ayuda para la instalación de energía eléctrica, red de agua potable y aguas negras.

Sin embargo, las propuestas siguen siendo promesas sin cumplir ante la falta de un terreno donde reubicar a los damnificados.

Guzmán dijo que la comuna no puede acceder a un préstamo con un banco porque no tiene respaldos suficientes para garantizar el pago.

“Somos una alcaldía pobre”, argumentó el edil. Por su parte, Silvia Emérita Arana, de 26 años, pidió que los ofrecimientos de la municipalidad sean cumplidos a corto plazo.

“El alcalde no nos ha dado esperanzas que nos va a dar viviendas, sólo promesas hace y no las cumple. Ya no queremos estar aquí (en la cancha) si él (alcalde) no cumple esperamos que el gobierno (central) nos ayude”, dijo la fémina.

Arana también se quejó por los supuestos certificados que el gobierno ofreció sólo a 49 familias damnificadas.

Estos consisten en un bono de 5 mil dólares para que los beneficiados accedan a una vivienda en lugares especificados por el gobierno.

Ninguna familia ha hecho efectivo este beneficio por considerar que no pueden pagar la diferencia o porque les ofrecen sitios muy alejados de Apaneca.

La mujer también mencionó que durante el invierno pasado a muchas viviendas temporales se les metió el agua, situación que podría repetirse este año.

“Creo que se pueden buscar donaciones para comprar un terreno, pero ya no queremos es tar aquí, es mucho tiempo ”, agregó la mujer.

No será sencillo encontrar la solución al problema. El enorme potencial turístico de la zona ha elevado los precios de terrenos.

 

 

 


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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