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La Nota del Día
Es difícil generar empleo, muy fácil es destruirlo

La propaganda es que las imposiciones de la OIT liberan a los niños para ir a la escuela, jugar y pasar con sus familias, pero la realidad es que se les condena a la calle y a la delincuencia.

Publicada 23 de junio de 2006, El Diario de Hoy

El Diario de Hoy
editorial@ elsalvador.com

“Tomando el sentido de la frase de Escrivá de Balaguer, fundador del Opus Dei, generar empleos es muy, muy difícil, ya que se requieren de propicias condiciones, de capital, de voluntad y de apuesta personal para conseguirlo, pero destruir empleos es lo más fácil del mundo. A los duartistas les bastó con sus decretos y tonterías para que la mitad de los salvadoreños se quedara sin trabajo, como también hizo “el Frente” quemando ingenios, paralizando fábricas y propagando el terror y la desconfianza. Le ha tomado al país casi veinte años poner en pie la economía y las oportunidades de trabajo.

La OIT es otra entidad que brilla por su capacidad de destruir empleos. Las principales víctimas de sus maquinaciones en estos momentos son los jóvenes y los adolescentes, a quienes quitan su trabajo sin ofrecerles nada a cambio; para diciembre, dado que El Salvador no aceptó el chantaje de aprobar la sindicalización de los empleados de gobierno, otras dos mil personas quedarán sin sus empleos. Parte del problema se deriva del compromiso que adquirió Glorita para imponer semejante desaguisado.

El meneo de la OIT contra los empleos no cesa. Recurriendo a sus usuales chantajes han conseguido que el gobierno forme comisiones para acabar de manera sistemática con empleos de jóvenes, con lo que estos quedan a la deriva, convertidos en carne de cañón de las maras. La bandera es impedir que niños se ocupen en “tareas peligrosas” como recoger curiles, la prostitución y, lo que primero se menciona, labores en cañaverales.

Pero no hay forma de que delegados de la OIT o del gobierno rescaten niños a los que se prostituye, fabrican cohetes o buscan curiles en los esteros. No se puede por la naturaleza clandestina de las fábricas de cohetes, de los lupanares y la topografía de los esteros, a menos que se monten operativos que vayan de casa en casa tras los niños, lo que de por sí requeriría que jueces avalen cada cateo. Las peores formas de “ocupaciones peligrosas” para niños y adultos quedan fuera del alcance de las autoridades.

Quitando empleo a nuestros jóvenes

Distinto sucede con la labor en los cañaverales. Más de quince mil jóvenes han sido forzados a dejar sus trabajos, jóvenes que en tales labores ganaban dinero para sostener a sus familias o costearse estudios. Por si no lo sabe, querido lector, en el campo es usual que un muchacho o muchacha de más de quince años “se acompañe”, lo que le obliga a trabajar para sostener a su flamante familia. Pero la OIT destruye las oportunidades de trabajo que ofrecen estabilidad y oportunidad de progresar, forzándolos a buscar ocupaciones marginales o a caer en la delincuencia.

¿Cómo se las ha arreglado la OIT para acabar con el empleo en los cañaverales? Con dos ardides. El primero, calificar de “peligrosas” esas labores, pese a que no hay evidencias médicas o fichas del Seguro Social que demuestren que lo sean; lo segundo, echando mano de sus usuales chantajes: los fabricantes de bebidas y dulces no compran azúcar a ningún productor al que la OIT acuse de “emplear niños”. La propaganda es que las imposiciones de la OIT liberan a los niños para ir a la escuela, jugar y pasar con sus familias, pero la realidad es que se les condena a la calle y la delincuencia.

 

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