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La Nota del Día
Medimos al maestro por la calidad del alumno

El homenaje es para el que inspira, el que con paciencia nos lleva de la mano en nuestros
primeros pasos, el que nos disciplina y nos abre los ojos, el que nos conduce por el buen camino

Publicada 22 de junio de 2006, El Diario de Hoy

El Diario de Hoy
editorial@ elsalvador.com

“Comer el budín es la única forma de comprobar su calidad”, dice un refrán estadounidense aplicable al método implantado por el Ministerio de Educación para evaluar y premiar a los docentes del país: si el promedio de alumnos de un maestro aprueba la Paes con una nota superior a cinco, este recibe una bonificación. Caso contrario, el maestro debe esforzarse más para ser premiado en el ciclo siguiente.

La realidad aplica ese sistema en casi todos los campos del quehacer humano: los mejores vendedores, los empresarios más eficientes, los empleados más responsables en un negocio, etc., son los que ganan más, progresan más rápido, se destacan en una profesión. Donde no funciona, con las consecuencias tan negativas que conocemos, es en centros controlados por mafias y grupos de fuerza, como en el caso del Seguro Social con el STISSS, o la Universidad de El Salvador.

El único reparo, por hoy, es la baja nota que sirve de criterio, cinco. En una entrevista televisiva, dos destacados profesionales dijeron que el “cinco” es la mediocridad, en lo que tienen razón. Pero ese “cinco”, esperamos, subirá con el tiempo a medida que se vaya ordenando el sistema educativo, víctima de las depredaciones de los sindicatos comunistas y de ciertos funcionarios no del todo capaces. Piense, estimado lector, que en el sistema escolar fueron suprimidos los exámenes hace casi cuarenta años, para evitar que los “maistros” politizados usaran las notas para chantajear a los pobres alumnos. Suprimir los exámenes dio al traste con la disciplina, con el amor al estudio y con el buen nivel de preparación de alumnos y maestros.

Los resultados de las evaluaciones han venido a demostrar la falsedad del precepto marxista, de que “las condiciones materiales en que se desenvuelve un individuo o grupo” determinan su modo de pensar y su capacidad de desarrollo. Como si los hombres fueran animales o máquinas. Las mediciones realizadas por el Mined indican que escuelas muy pobres, “adonde muchos alumnos llegan sin desayunar”, han obtenido primeros lugares del país en la Paes. En la mayor parte de casos, estamos seguros, la diferencia la hizo el buen maestro, no la computadora que no tenían.

Gratitud eterna al gran maestro

Lo del buen maestro es el tema que debe ocuparnos este día dedicado a reconocer su gran labor. No la del “maistro” que lava el cerebro a sus alumnos o los convierte en carne de cañón; el homenaje es para el que inspira, el que con paciencia nos lleva de la mano en nuestros primeros pasos, el que nos disciplina y nos abre los ojos, el que nos conduce por el buen camino y nos hace personas de bien.

Somos, en gran parte, lo que nos hicieron nuestros maestros, sean los mismos padres en la infancia, los que nos enseñaron a leer, muchos de los que en escuelas, colegios, institutos y universidades nos enseñaron a pensar, a estudiar, a perseverar. Tuvimos maestros en el trabajo, los hubo amigos y está el noble magisterio de pensadores, artistas y poetas. Nunca se deja de aprender y siempre encontraremos quienes nos regalen tesoros espirituales. El maestro comparte su saber y al mismo tiempo se enriquece.

 

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