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Luchadores enmascarados causan furor en México

Con el estreno de la película “Nacho libre”, las historias de estos guerreros vuelven a la gran pantalla


Publicada 21 de junio 2006, El Diario de Hoy

Julie Watson/AP
El Diario de Hoy
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Lucha libre. Este film es una de las tres cintas que más recaudó en taquilla el fin de semana en Estados Unidos y Canadá. Foto: EDH

México. Con los pequeños cuernos de diablo que sobresalen de su máscara brillante, “Averno” tira de los tirantes de su malla elástica y luego se golpea el pecho al estilo de Tarzán en gesto bravucón.

La multitud se enloquece y propina una sarta de insultos al “personaje malo” de la “troupe” de luchadores, cuyo nombre significa “infierno”.

Es un martes por la noche y uno de los estadios de lucha más antiguos del mundo está lleno de gente de negocios, jóvenes con tatuajes, abuelas enérgicas y niños revoltosos, mirando cómo los “técnicos” -luchadores disfrazados de santos, sacerdotes y otras figuras nobles- batallan con los “rudos”, contendientes que representan a policías corruptos, borrachines y mafiosos de México.

Este fenómeno cultural extravagante llegó a la pantalla grande el 16 de junio con la película “Nacho Libre”, con Jack Black. La historia es una sátira sobre el segundo deporte más popular en México. Detrás del fútbol, claro está.

Real. Los personajes representan el bien y el mal. Foto: EDH

La cinta se basa en la verdadera historia del legendario luchador mexicano “Fray Tormenta”, un sacerdote católico que luchó más de 4 mil veces con el fin de recaudar dinero para su
orfanato.

El religioso Sergio Gutiérrez Benítez, que vive en Teotihuacán, en las afueras de la capital mexicana, actuó durante 23 años en el circuito de luchadores profesionales de México.

Logró ocultar su verdadera identidad detrás de su máscara rojiamarilla hasta que uno de sus feligreses, también luchador, lo reconoció.

“Me pareció algo muy extraño. Era una historia que quería contar”, dijo el director Jared Hess, cuyos créditos incluyen la cinta “Napoleón Dinamita”.

Esas historias abundan en México, donde hombres enmascarados con leotardos han apoyado a candidatos presidenciales y librado campañas en favor de viviendas de bajo costo y agua potable, siempre presentándose como superhéroes frente a la gente común.

Un patrimonio

La lucha libre sólo secunda al fútbol en este país y fue en gran parte inspiración para la Federación Mundial de Lucha (World Wrestling Federation o WWF).

Pero en contraste con otras partes del mundo, el impacto de la lucha trasciende el ámbito de los estadios en México, donde recibe la influencia de las raíces místicas aztecas y mayas.

“Somos parte del patrimonio nacional”, exclamó “Pantera Azul”, todavía ataviado con su máscara color turquesa, mientras se ajustaba el cinturón de seguridad y salía manejando su Sentra, después de una pelea.

La lucha libre no es un ámbito exclusivo y corporativo de celebridades de la televisión en cable. En México, los oscuros estadios proliferan en barrios populares en todo el país. Y aunque hay muchos superastros famosos, las luchas suelen enfrentar a luchadores primerizos, incluyendo hombres pasados de peso y de edad.

Identidad. La historia de la película se basa en la vida del sacerdote mexicano Sergio Gutiérrez Benítez. Foto: EDH

“Tienen muchas relaciones con la mitología, con las personas del momento, los políticos, las estrellas, la ciencia ficción”, afirmó Lourdes Grobet, fotógrafa que ha documentado la lucha libre durante 26 años y que asesoró a los productores de “Nacho libre”.

“En la lucha libre encontré el verdadero México”, agregó. “Descubrí un mundo maravilloso”.
Por eso Hess escogió la lucha libre de México y no la WWF como base para su película.
“Hay algo misterioso y único en la lucha libre”, explicó.

La lucha profesional, al parecer, llegó a México en la década del 30, cuando el empresario mexicano Salvador Lutteroth González presenció un combate en Texas. Apoyado por empresarios adinerados, González lanzó la Empresa Mexicana de Lucha Libre y abrió la Arena Coliseo hace 63 años en la Ciudad de México.

Se acredita a Lutteroth haber presentado el primer luchador enmascarado en dicho país: un irlandés de Boston cuya máscara de cuero llegó a asumir una inesperada importancia en este país, donde las máscaras son parte integral de los festivales indígenas.

El público se horroriza cuando un luchador le desgarra la máscara a otro, hecho que se considera la mayor desgracia para los luchadores que rara vez revelan su verdadera identidad, aunque estén lejos del cuadrilátero vestidos de saco y corbata.

“Ya sea si uno asiste al debut de gala de una película o comparte un martini con un debutante, se hace con la máscara”, afirma la Revista Rasslin, publicación en la red dedicada a la lucha enmascarada.

El ícono mexicano

Personaje. Jack Black se caracteriza por sus papeles cómicos. Acá posa como Fray Tormenta. Foto: EDH

El luchador más querido de México, “El Santo” fue enterrado en 1984 con su máscara plateada.

“El Santo”, cuyos movimientos acrobáticos son comunes hoy en la lucha profesional, fue un astro dentro y fuera del ring. Apareció en más de 50 películas y libros de historietas luchando contra criaturas sobrenaturales, científicos malvados y otras lacras sociales.

Un superhéroe más bien barrigón conocido como Súper Barrio acaba de resurgir, décadas después que hizo famoso su nombre encabezando marchas en las que se reclamaban mejores viviendas públicas para los pobres.

Organizó un encuentro entre jugadores de fútbol con máscaras que semejaban al candidato presidencial conservador Felipe Calderón y su rival, el izquierdista Andrés Manuel López Obrador.

“A mí me encantan las peleas”, dijo la madre soltera, que trae a su hija de 8 años. “Les grito y nadie se me da la madre...’”, añadió.

Díaz gritó cuando un luchador arrojó a su adversario fuera del ring y voló para caerle encima en medio del pasillo. Esa noche, el bien le ganó al mal con un doble salto mortal y un puntapié.

En acción. El perder una máscara es mortal para los luchadores. Ellas son parte de su mito, su pasaporte a la fama. Foto: EDH
Debut. La mexicana Ana de la Reguera se estrena como actriz en el filme. Foto: EDH

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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