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Otro
punto de vista
Policías opuestos a la guerra contra las drogas
Mientras la izquierda pisotea las libertades
que no aprueba, tales como los derechos de propiedad y la libertad de
contratación, la derecha ataca decisiones enteramente personales
sobre drogas y sexo.
Publicada 21 de junio de 2006, El Diario de Hoy
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Pierre
Lemieux*
El Diario de Hoy
editorial@ elsalvador.com
Hull, Canadá.- El periodista H. L. Menken caracterizaba al puritanismo
como “el temor espantoso de que alguien pueda ser feliz en alguna
parte”. El economista y filósofo del Siglo XIX John Stuart
Mill escribió: “Sobre sí mismo, sobre su propio cuerpo
y mente, el individuo es soberano”. ¿Qué se creen
los “estatócratas” para decidir que el alcohol, el
cigarrillo, esta o aquella droga, el sexo, o lo que sea, es bueno o malo
para mí y que por ello pueden meterme preso?
El 8 de mayo, la agencia contra las drogas de Estados Unidos (DEA) y la
Real Policía Montada del Canadá se reunieron en Montreal
para avanzar en la llamada “guerra contra las drogas”. Ese
mismo día de la reunión, Law Enforcement Against Prohibition
(www.leap.cc), una asociación integrada por unos 2.000 policías
activos y retirados, celebró un contra-simposio también
en Montreal.
LEAP busca terminar con la guerra contra las drogas, a la que considera
que ha fracasado y tiene un costo excesivo: más de 600 dólares
por segundo gasta el gobierno federal de EE.UU.
Pero también por la restricción a la libertad: vidas jóvenes
destrozadas por antecedentes penales, prisiones repletas por delitos menores
relacionados con drogas y sin causar daños a terceros, hombres
que roban y mujeres que se prostituyen para adquirir drogas artificialmente
costosas debido a la prohibición, violencia callejera generada
por narcotraficantes, allanamientos, vigilancia, controles fronterizos,
costosas e inefectivas leyes sobre el lavado de dinero, etc.
Las drogas no fueron siempre ilegales. En Inglaterra, hasta los años
50, la heroína no sólo era legal, sino considerada como
un medicamento. A finales del Siglo XIX, la niñera de Winston Churchill
le escribió al internado: “Has probado la heroína
que te conseguí; consigue una botella de linimento de Elliman &
frota tu rostro cuando te vayas a dormir y ata tu calcetín sobre
tu cara… pruébalo y estoy segura que te hará bien”
(citado en Martin Gilbert, “Churchill: A Life”, Heinemann,
1991, p. 27).
El gobierno estadounidense inició la represión en 1914 con
la criminalización de los usos no-médicos de la heroína
y la cocaína. La marihuana fue prohibida por el Congreso en 1970
y Richard Nixon lanzó la “guerra contra las drogas”
dos años más tarde. Otros países le siguieron, a
menudo presionados por Washington.
Mientras la izquierda pisotea las libertades que no aprueba, tales como
los derechos de propiedad y la libertad de contratación, la derecha
ataca decisiones enteramente personales sobre drogas y sexo. Una vez encaramados
en el poder, cada político añade controles policíacos
y la libertad individual sufre con cada sesión del Parlamento.
Felizmente hay resistencia. En el caso de las drogas, la LEAP está
a la vanguardia. Por ejemplo, John Gayder, policía activo de Ontario
y miembro de la Junta de LEAP, lucha activamente por acabar la guerra
contra las drogas y en defensa de nuestra libertad individual. Al igual
que otros miembros de la LEAP, Gayder sostiene que muchos de sus colegas
policías comparten su opinión respecto a la dañina
guerra contra las drogas y que “la mayoría…sabe que
funciona mal”.
Otro panelista en el contra-simposio fue Jerry Cameron, un jefe de policía
estadounidense retirado. “La guerra contra las drogas”, sostuvo,
“es en realidad una guerra contra la gente”.
Con hombres como John Gayder y sus colegas en la LEAP hay cierta esperanza
sobre el futuro de nuestras libertades.
*Profesor de Economía de la Universidad de
Québec y académico del Independent Institute en California.
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