Ricardo
Espitia*
El Diario de Hoy
editorial@ elsalvador.com
“Los productores que han sobrevivido la crisis están mejor
preparados y muchos han entendido que el futuro descansa no en ofrecer
una mercancía, sino en mercadearla”: Gordon Gillet, vicepresidente
de Nestlé, II Conferencia Mundial del Café.
Cuando en noviembre del 2001 se relanzó la marca Café de
El Salvador durante la Semana Internacional del Café (Sinter-café)
en Costa Rica, evento de renombre mundial en el ámbito del aromático,
pocos imaginarían que a la vuelta de unos años nuestro grano
comenzaría a aparecer de nuevo en vitrinas de mercados exigentes.
En medio de la peor crisis de precios y de un entorno marcado por bastante
pesimismo, pero con la convicción de que el Café de El Salvador
es un producto con alto potencial de diferenciación, se han realizado
actividades de “mercadeo de guerrillas”, así llamadas
porque se busca lograr un mayor impacto de imagen con escasos recursos.
Entre ellas destacan el desarrollo de relaciones de cooperación
y amistad en círculos influyentes de la industria, presencia en
medios especializados, ferias, tours de café, por mencionar algunos.
Hacia adentro, se ha hecho una intensa labor para desarrollar destrezas
y sobre todo estimular una cultura de calidad.
No cabe duda que la base para lograr cambios favorables empieza con el
desarrollo de actitudes optimistas. Cuando El Salvador impuso un récord
mundial con la Taza de Excelencia en el 2003, el alicaído orgullo
nacional comenzó a ser recobrado.
Los productores y beneficiadores comenzaron a creer que “sí
se puede”, porque nuestras variedades de alta calidad intrínseca,
ideales microclimas, tradición que se remonta a 1740 y nuestra
amplia experiencia en beneficiado hacen que el Café de El Salvador
sea competitivo.
Los argumentos para afirmarlo son contundentes. Es cierto que ya no somos
el cuarto mayor productor del mundo, pero ningún país del
globo, a diferencia de nosotros, ha logrado quintuplicar la producción
de cafés diferenciados; hazaña de enorme mérito,
si observamos que esto ocurre durante la peor crisis de la historia del
café. Después de representar menos del 3% de las exportaciones
de café en el 2001, este año los especiales alcanzarán
hasta el 23% del total.
Las señales de interés por nuestro grano se vuelven cada
vez más evidentes ante las continuas visitas de nuevos compradores
de cafés especiales, los cuales suman ahora más de 131 versus
36 hace cinco años. Destaca también el hecho que nuestro
grano ha sido seleccionado por los baristas campeones de Estados Unidos
y del Reino Unido para sus mezclas, quienes este año ocuparon el
tercero y quinto lugar, respectivamente, durante el campeonato mundial.
Reconocidas empresas como Kraft y Starbucks, ya le compran a El Salvador
importantes volúmenes de cafés certificados con el sello
“Rainforest Alliance” y de calidad sobresaliente, respectivamente.
Recientemente Nes-tlé lanzó la marca “Partners Blend”,
con la identificación de nuestro país en su empaque, igual
ocurre con las tiendas que adquieren los cafés ganadores Taza de
Excelencia.
Nuestra variedad Pacamara está ganando premios en las competencias
constantemente. Este año El Salvador sorprendió de nuevo
cuando se obtuvo a escala internacional el mayor número de cafés
ganadores de Taza de Excelencia, con calificaciones por encima de los
90 puntos. Los testimonios de los productores ganadores son un gran ejemplo
inspirador del cambio de actitud, que se requiere para continuar adelante
( www.cupofexcellence.org ).
Con el plan de mercadeo los esfuerzos que se han realizado adquieren un
sentido más coherente, al haberse identificado nuestros puntos
de diferenciación o mensajes claves que deben de ser comunicados
a nuestros mercados meta naturales, que son aquellos conformados por consumidores
con alta capacidad de compra que miran en el café una bebida con
atributos similares al vino, privilegiando la calidad, así como
la responsabilidad ambiental y social relacionada con su producción.
De ninguna manera se pretende afirmar que estos avances son suficientes
para enfrentar las adversas consecuencias que dejó la crisis de
precios. De hecho la más importante, es la merma en la productividad,
la cual es preciso recobrar para recuperar la capacidad de pago de las
deudas de largo plazo, el otro talón de Aquiles. Los esfuerzos
para intensificar las acciones de promoción no deben verse como
excluyentes de estas otras áreas prioritarias.
Hay que destacar que a los salvadoreños nos conviene que el café
sea sostenible por los servicios ambientales que nos brinda, y por ello,
debe ser nuestro producto insignia. El vínculo de la imagen país
sobre nuestro grano es muy fuerte, ya que como el vino, la identificación
geográfica es determinante en la formación de las percepciones
de los consumidores. De ahí que los esfuerzos que se realizan para
crear la marca país también deben tomar muy en cuenta el
plan de mercadeo con el que el sector cafetalero, de la mano de su institucionalidad,
ha respondido exitosamente ante la adversidad.
*Director ejecutivo Consejo Salvadoreño del
Café.

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