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La Nota del Día
Se decretaron leyes contra la realidad

Los efectos de esas disposiciones suizas para salvaguardar inocencias de niños, disparate que en su momento se denunció, son el horror que vive nuestro país.

Publicada 21 de junio de 2006, El Diario de Hoy

El Diario de Hoy
editorial@ elsalvador.com

Lo dicho por el doctor Mauricio Clará en la entrevista del jueves pasado en TCS, comprueba que al anunciarse el paquete de reformas a los códigos penales a principios de los noventa hubo una fuerte, argumentada y pública oposición a éstas.

El país fue advertido con tiempo de lo que serían las consecuencias de promulgar lo que se conoce como “las leyes para suizos”: generar impunidad, corromper jueces, dejar en indefensión a las víctimas.

Lo expuesto por el doctor Clará, una cátedra sobre la relación que debe existir entre la norma penal y las realidades de una nación, evidencian la clase de trampa en que cayó el país por culpa de la terquedad de los que sirvieron de parteros al engendro. En ese entonces dijimos en nuestra página editorial, que “desde San José hasta Guatemala, y empeorando a medida que se va hacia el norte, la mayor aflicción de los centro-americanos es el incremento de la criminalidad.

Los robos, asaltos, violaciones, secuestros, homicidios y matanzas indiscriminadas se han vuelto una horrorosa realidad que enfrentamos día a día, y que desalienta no sólo el turismo sino prácticamente todas las actividades productivas. Es en El Salvador y en Guatemala donde más se sufre de la violencia criminal”. Padeciendo ya esos espantos, era una barbaridad presentar un proyecto de reformas que rebalsaba de garantías para los criminales a costa de la situación en que quedan las víctimas, que además de atropelladas son objeto de burla.

El llamado a rectificar se hizo. En otra nota editorial, dijimos: “Los sectores pensantes están en el deber de reflexionar sobre los paquetes de leyes que se están imponiendo a rajatabla, sin que hayan sido objeto de un verdadero estudio. La más reciente aberración es articular los procedimientos penales partiendo del ‘principio’ de la ‘presunción de inocencia’, que se retuerce para permitir que toda clase de facinerosos puedan ser puestos en libertad mientras no llegue hasta el final un juicio. Y ponerlos en libertad depende de lo que el juez decida por sí y ante sí, lo que abre el sistema a la corrupción y al chantaje”.

La mortífera medicina “suiza”

Lo más pernicioso del paquetazo que en esa época promovió el entonces ministro Hernández Valiente, fue la “Ley del Menor Infractor”, presentada como una forma de proteger a los menores, cuidar su reputación, conseguir que se rehabilitaran. Mientras en países como Inglaterra niños de hasta siete años son enjuiciados por crímenes graves, aquí ni siquiera se permite llevar el historial de las fechorías perpetradas por jóvenes menores de 18 años, lo que, de nuevo, les hace creer que están por encima de cualquier castigo. En vez de que los jóvenes sepan que deben respetar la ley y que delinquir tiene sus altos costos, los convierten en criminales irresponsables antes de llegar a la mayoría de edad.

Los efectos de esas disposiciones suizas para salvaguardar inocencias de niños, disparate que en su momento se denunció, son el horror que vive nuestro país: las maras, el sicariato cometido por jóvenes, los descuartizamientos, las guerras a muerte entre pandilleros, el narcotráfico y la extorsión. Los “menores infractores” tienen aterrorizados a pueblos enteros y se han propagado más allá de nuestras fronteras. La medicina resultó mortífera, destructora de la juventud.

 

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