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| En 2006 las víctimas femeninas han disminuido
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Jesús Corvera
El Diario de Hoy
nacional@elsalvador.com
A inicios de mayo, el director de la policía, Rodrigo Ávila,
admitió que los descuartizamientos se habían convertido
en una práctica frecuente por parte de los pandilleros.
Aseguró que en los próximos días, la institución
que preside realizaría capturas de implicados en estos hechos,
pero sólo en uno de los casos, registrado en Santa Ana, se ha podido
descubrir a los implicados (ver numeral 4).
Ávila lo atribuye a un nuevo modo de operar de las pandillas, un
nuevo requisito que la persona debe cumplir si quiere ingresar a esta
organización delictiva.
Sin embargo, no es una práctica exclusiva para los mareros, aunque
la mayoría de los casos, o víctimas, sean miembros de pandillas.
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| La mayoría de casos es de decapitados
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Según Patricia Márquez, psicóloga con especialidad
en conducta criminal, los pandilleros disfrutan el perpetrar este tipo
de crímenes, mientras más barbarie haya, más crece
su autoestima.
“Este tipo de personas creen necesitar auge, protagonismo y todo
lo hacen por llamar la atención y ganar respeto”, dijo.
Cuando inició la racha de desmembramientos, con el caso no resuelto
de Rosa N. en 2001, las pandillas adoptaron esta modalidad como mecanismo
de ingreso a las maras.
“Primero el sujeto tenía que dar una golpiza, luego tuvo
que aguantarla. Después se pidió que cometiera un homicidio
y ahora además tiene que desmembrarlo”, subrayó.
Sin embargo, para la especialista el incremento de estos hechos está
sujeto, en gran parte, a la publicidad que da la cobertura periodística.
“Si no se ampliara tanto en la nota fría de estos crímenes,
los hechos no se jactaran ni se motivaran a seguir cometiéndolos”,
afirmó.
Márquez agregó que, cuando se le dio menos cobertura, el
índice de estos casos bajó.
Asimismo aseveró que es irresponsable achacarles todos los desmembramientos
a las maras, aunque si los cometen en gran parte.
Motivaciones de tipo pasional también se perfila como la segunda
causa en la perpetración de estos crímenes con características
especiales.
“Podemos hablar también de crimen desorganizado, aquella
víctima que se elige al azar y que mientras menos nexos se tenga
es mejor”, acotó.
Aunque hasta el día de hoy no se ha registrado otro descuartizamiento,
la población espera que los planes policiales respondan con más
efectividad.
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A los tribunales
Su cabeza fue agarrada a patadas, cuan si fuera
pelota recién comprada.
Marlyn Elizabeth Reyes, de 34 años, nunca imaginó
que su compañero de vida, Arnoldo Alexander Bonilla, de 23,
fuera a matarla a tiros y luego desmembrada porque sospechaba que
se llevaba con pandilleros de la 18.
“Esta p... anda con esos, se lleva con ellos”, dijo
el imputado, que es miembro de la Mara Salvatrucha, a un testigo,
tras haber cometido el crimen.
El 11 de septiembre de 2005, Bonilla junto a un menor atacaron a
quemarropa a la joven cosmetóloga en una habitación
de la cuarta planta, en los apartamentos Regis, en San Jacinto.
Luego, con un corvo, el compañero de vida de la víctima
le cortó el brazo derecho y su cabeza. Llamó al testigo
uno para jactarse de su “hazaña”.
Sin embargo, en lugar de dejar las partes tiradas en un lugar distante
de la zona del crimen, arrastró el cadáver mutilado
hacia una alcantarilla que esta cerca a la plaza El Trovador.
Las autoridades encontraron el cuerpo en una bolsa negra donde el
agresor lo dejó; sin embargo, la cabeza y el brazo fueron
arrastrados por las aguas negras. Al final fueron hallados en la
ribera del río Acelhuate, debajo de un puente de la 2a. Avenida
Norte.
De la mayoría de homicidios con desmembramiento, este caso
es de los pocos que tendrán juicio. Bonilla fue capturado,
luego que la Fiscalía General de la República encontrara
un rastro de sangre que provenía desde el apartamento hasta
la alcantarilla. |
| La Policía
Nuevo “modus operandi”
Aunque no brinda datos específicos, el Subdirector
dede la Policía, José Luis Tobar, afirma que el modo
de operar con los desmembramientos ha variado significativamente
desde que salió a la luz pública la primera persona
descabezada, Rosa N. en 2001.
“Ahora también estamos viendo otro tipos de casos,
en donde matan a la persona, la mutilan y luego la entierran”,
señaló.
Asimismo, la institución policial nuevamente atribuye esta
modalidad criminal al accionar de las pandillas.
Tobar agrega que en la mayoría de los casos, los descuartizamientos
se deben a la rivalidad entre las maras, a las purgas internas de
las clicas y tambien como cuota de inicialización de una
persona, para ser parte de las mismas.
Aunque tampoco brindó datos específicos, el subdirector
afirma que estos homicidios con características especiales
han disminuido en relación con el año anterior.
Tobar señaló que las investigaciones siguen abiertas,
aunque no se tenga precisa la identidad de la víctima.
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| La
Fiscalía
Sólo el 1% es identificado
Para armar nuevamente un cadáver, es necesario
contar con una prueba de ADN que determine si los miembros encontrados
corresponden a un mismo cuerpo. Según fuentes de la Fiscalía,
en el 99% de los casos los miembros encontrados no han logrado ser
identificados.
El Instituto de Medicina Legal tiene un tiempo establecido para
esperar a parientes o conocidos de desaparecidos que puedan identificar
a una víctima. Tras esta breve espera si no es identificada,
las partes cercenadas del cuerpo son sepultadas en el cementerio
público La Bermeja, como un no identificado.
“Los familiares pueden dar información precisa, por
ejemplo si tenía un lunar o un tatuaje”, señaló
la fuente. Pero mientras más mutilado se encuentre un cadáver,
más difícil se torna el identificarlo.
Asimismo aseguró que la Fiscalía no posee una estadística
de las personas que han sido mutiladas durante el año, ya
que cuando los fiscales van a la escena del delito a hacer un reconocimiento,
sólo reportan el homicidio. |
| 1
A un día de finalizar enero, las autoridades registraron
los primeros dos mutilados del año. Los cadáveres
se encontraban decapitados, uno en San Salvador y el otro en Soyapango.
Sólo uno fue identificado.
El primer hallazgo fue el de una mujer, de aproximadamente 22 años,
en un predio baldío de la calle contigua a Tonacatepeque,
en Soyapango. Estaban en el interior de una bolsa plástica
y a pocos metros se encontró la cabeza. De los sicarios nada
se sabe; pero por las escasas evidencias se dedujo que el homicidio
no fue perpetrado en la zona.
El segundo decapitado fue Edgar Benjamín Pérez, de
21 años. El joven estaba flotando en el río Acelhuate,
a la altura de la comunidad Modelo 2, en el kilómetro tres
de la carretera a Los Planes de Renderos, a pocos metros de su casa.
Fueron sus familiares quienes lo identificaron por su vestimenta.
Benjamín era músico de rock. La cabeza fue hallada
un día después en la calle 15 de Septiembre del barrio
San Jacinto, en el interior de un maletín. |
| 2
Como si fuese escena de una película de terror, un hombre
apareció castrado en un camino comunal, el 10 de abril pasado.
Envuelto en siete colchas, el cadáver fue descubierto a las
6:00 de la mañana por un recolector de cartón en una
vía hacia la residencial Luna Maya, en Santa Ana.
Sin embargo, ni sus genitales fueron tirados a la calle; al contrario,
su agresor talló un agujero en el abdomen donde los órganos
sexuales fueron insertados.
La víctima, cuya edad oscilaba entre los 28 y 33 años,
no tenía documentos de identidad; pero los tatuajes en su
cuerpo determinaron que era pandillero de la Mara Salvatrucha.
Siete puñaladas en la cabeza y 11 más en la espalda
fueron las causas de su muerte, según determinaron las autoridades
judiciales.
En dicho momento, el comisionado Héctor Cordero, entonces
jefe de la regional de la PNC, dijo que se trataba de un claro ajuste
de cuentas. Los implicados por el hecho nunca fueron capturados. |
| 3
El cuerpo sin cabeza de un hombre no identificado fue descubierto
en un pozo localizado en la calle que conduce al cantón Segura,
en Aguilares, al norte de San Salvador.
Era un 4 de febrero cuando vecinos del lugar descubrieron los restos
de una persona en estado de putrefacción. No tenía
documentos ni alguna marca precisa que lo identificara, aunque las
autoridades sospechaban que se tratara de un marero.
Un equipo de socorristas de la Cruz Roja bajó los siete metros
de profundidad que medía el pozo y con dificultad, pudieron
sacarlo.
Los reportes preliminares que brindaron forenses de Medicina Legal,
el mismo día, indicaba que la víctima tenía
aproximadamente cinco días de haber muerto. Tenía
orificios de bala en diferentes partes del cuerpo.
Por el avanzado estado de descomposición, no se le observaron
tatuajes pero por la vestimenta la presunción de que se tratara
de un pandillero se fortaleció más. La cabeza nunca
fue encontrada. |
| 4
Era la única casa localizada a dos kilómetros
a la redonda del caserío El Cipresal, en el cantón
Pinalito, Santa Ana. Viviendo de la cosecha de maíz y frijol,
los esposos Rubén de Jesús González y Teresa
del Carmen Lemus criaban a sus cuatro hijos, tres niñas de
12, 6 y 2 años, y a un pequeño de 40 días de
nacido.
El 18 de mayo, la pareja junto a sus tres vástagos menores
fueron hallados muertos, en estado de putrefacción, en su
vivienda. La mayor de sus hijos fue la única sobreviviente
y quien a dos días de cometido el crimen, fue quien los encontró.
De acuerdo a las autoridades, tanto la madre como sus dos hijas
fueron mutiladas de brazos y piernas, mientras que el padre de la
familia tenía la cara y el pecho irreconocibles. El bebé
murió de asfixia.
Este es uno de los pocos casos resueltos. El crimen se atribuyó
a dos hombres y una mujer, vecinos de las víctimas. Uno de
los hombres y su mujer confesaron que llegaron a matar al padre
de familia, pero el tercero se encargó a acabar con los demás
para no dejar testigos. |
| 5
Es una de las zonas predilectas de los delincuentes para cometer
crímenes o abandonar cadáveres. La calle antigua a
Huizúcar fue escenario nuevamente de los descuartizamientos.
El tronco y un brazo de una persona fueron encontrados, en avanzado
estado de descomposición, el 3 de mayo de este año,
a 50 metros del semáforo de que lleva a las colonias Vista
Hermosa y Dolores.
Según las autoridades, el cadáver estaba cortado a
la altura de la cadera y estaba dentro de una bolsa negra. Los vecinos
presumían que el paquete fue aventado en el lugar desde el
sábado.
A casi un mes de encontrado, autoridades forenses sepultaron tales
partes humanas en el cementerio general.
No fueron identificadas, no se supo si correspondían a un
hombre o a una mujer y, además, nadie llegó a Medicina
Legal a preguntar por la desaparición de alguna persona.
El resto del cuerpo nunca fue hallado. |

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