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Sobre información y desinformación
Ramiro de Maeztu y la ética periodística

Maeztu experimentó en carne propia, que “la cruz de todo hombre público que haga frente a la revolución es ser objeto de la mordacidad, de la difamación y de la calumnia”.

Publicada 19 de junio de 2006, El Diario de Hoy

Luis Fernández Cuervo*
El Diario de Hoy

editorial@ elsalvador.com

Surge lo que va a continuación, de la lectura del libro del historiador español Federico Suárez Verdeguer “Ensayos moderadamente polémicos”. De los distintos temas que allí se tratan, elijo para comentar, hoy y en sucesivas columnas, los que se refieren a la ética de la información. Me limito ahora a Ramiro de Maeztu y a un artículo suyo.

Maeztu hoy es poco conocido, no sólo en El Salvador sino también en las jóvenes generaciones de españoles. Jean Cassou dijo de él que era: “Una de las voces más importantes y más solemnes de la generación del 98”. Y Gómez Baquero añadía que si Maeztu tuviera el don de reír, “sería el Chesterton español”. Fue el más culto y más profundo de todos los del 98 pero ya en vida sufrió “la conspiración del silencio”, que el fanatismo laicista suele hacer de todo intelectual que no es de su cuerda.

Es curioso que en mi diccionario enciclopédico de editorial Océano, por ejemplo, Maeztu no aparece, aunque sí aparecen todos los otros escritores de esa generación: Unamuno, Azorín, Baroja, etc. ¿Su pecado? Haberse convertido, de su pasado de liberal agnóstico, a católico militante y haber hecho frente, con palabras profundas y clarividentes, a las hordas revolucionarias, advirtiendo del desastre al que se encaminaba la naciente república española.

Maeztu experimentó en carne propia, que “la cruz de todo hombre público que haga frente a la revolución es ser objeto de la mordacidad, de la difamación y de la calumnia”. Peor fue el ignorar sus valiosas obras. El chileno Ricardo Baeza, aunque de ideas opuestas, tuvo la hidalguía de quejarse del silencio con que no pocos críticos rodearon la aparición de “Don Quijote, don Juan y la Celestina”, certero ensayo de Maeztu.

De un artículo de Maeztu, de 1927, copio algunos párrafos porque tocan certeramente el bien y el mal profundo del quehacer informativo. Dice así:

“No sé por qué razón ha de haber tantos compañeros de periodismo que prefieren la libertad para su profesión a la responsabilidad. Sospecho que esta preferencia es la causa del relativo descrédito de nuestra carrera.

La nuestra es la única, entre las profesiones liberales, que se ufana de la libertad. Todas las otras se aprecian, al contrario, y a pesar de la palabra liberales, del servicio que rinden. Sus ministros se consideran servidores o siervos de algo más alto que su voluntad. A ningún sacerdote se le ocurrirá pedir para sí y para sus compañeros la libertad de tener fe o no tenerla. A ningún abogado, la de ser fiel o infiel a la justicia.

Aningún médico la de curar o la de matar a los clientes” (...) “No es que carezcamos de una obligación tan elevada como cualquier otra. La función de informar a los pueblos de lo que debe interesarles, y de mostrarles el valor y la significación de lo que ocurre, no cede en importancia a otra ninguna. Somos los ojos de las naciones.” (...).

“La nuestra es la función informativa. No la hay más importante. Hemos de informar. Hemos de mostrar y hacer sensible la verdad que interesa. Nuestra responsabilidad es doble. Hemos de escoger los que interesan de entre los sucesos infinitos de la vida. Y hemos de ser veraces al contarlos. Hemos de poseer la doble antena que distingue lo que interesa de lo ininteresante, y que diferencia lo que está probado de lo que no lo está. Por la primera, nuestra morada es el mundo de los valores. Por la segunda, el de la verdad.”(...).

“Ello significa que nuestra responsabilidad es doble. ¿Hemos de desprendernos de ella para recabar el pretendido derecho a decir la verdad o a falsearla? ¿Proclamaremos el de pregonar lo que se nos antoje?” (...)”La verdad es que el periodista lo pierde todo cuando proclama el derecho a imprimir lo que le venga en gana, en vez de vanagloriarse, por el contrario, de que su obligación es tan estrecha e imperiosa como la que más”.

En noviembre de 1936, Maeztu sería silenciado por completo. Fue encarcelado y fusilado por la izquierda sanguinaria durante la Guerra Civil española. Su delito: ser un hombre íntegro, amable, respetuoso con los que no pensaban como él, amar la verdad y odiar toda mentira, especialmente la que se da, tan frecuentemente, por los medios de información social.

*Dr. en Medicina y columnista de El Diario de Hoy.lfcuervo@telemovil.net

 

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