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El PRI se debate entre la agonía y la recuperación
Crucial. El antiguo partido gubernamental ve
las elecciones como una prueba para sobrevivir. Según un experto,
no sería extraña una fusión del PRI con el PRD para
crear otro partido.
Publicada 17 de junio de 2006, El Diario de Hoy
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| Roberto Madrazo. El candidato
presidencial del Partido Revolucionario Institucional durante una
gira en Chiapas. .Foto: AP
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Elección Presidencial
MÉXICO
El Diario de Hoy
internacionales@elsalvador.com
Después de 72 años en el poder y seis en la oposición,
el Partido Revolucionario Institucional (PRI) encara las elecciones mexicanas
del próximo 2 de julio como un desafío para su supervivencia
política.
Mal colocado en las encuestas durante toda la campaña y desahuciado
por los analistas, el PRI reivindica ahora el papel de bisagra, capaz
de llevar por la senda de la moderación a un país crecientemente
dividido entre derecha e izquierda. Todo un reto para un partido que tiene
a un candidato controvertido y de escasa credibilidad: Roberto Madrazo.
“La extrema derecha del Partido Acción Nacional (PAN) y la
extrema izquierda del Partido de la Revolución Democrática
(PRD) están polarizando el país.
El único que puede dar estabilidad y evitar la confrontación
es el centro progresista del PRI”, sostiene Pedro Joaquín
Coldwell, que ocupó diversos cargos durante el reinado priísta.
Es la réplica a quienes no otorgan al antiguo partido gubernamental
ninguna posibilidad de victoria el 2 de julio y sostienen que la contienda
presidencial se dirimirá entre Andrés
Manuel López Obrador (PRD) y Felipe Calderón (PAN).
Como buen priísta convencido o que trata de parecerlo, rebate a
quienes pronostican una derrota monumental y la probable desaparición
del partido histórico de México.
“Hay analistas que llevan matando al PRI desde el año 2000.
Me parece una descalificación prematura porque resulta que luego
gana gobernaciones en 17 Estados y gana las elecciones intermedias de
2003”, dice Coldwell.
Lejos de admitir que el partido vive sus horas más bajas, los dirigentes
apelan a la todavía poderosa estructura del partido en muchos estados
del interior de México.
El PRI es todavía la primera fuerza de oposición, con el
mayor número de gobernadores -17 de los 32-, senadores, diputados
y alcaldes. Y lo que es más relevante, según Coldwell, “hay
una cultura política priísta en muchas regiones”.
Lorenzo Meyer, historiador del Colegio de México, coincide en la
fortaleza priísta en muchas regiones, donde el partido puede tratar
de atrincherarse en el caso de una eventual derrota electoral. Por ejemplo,
en Oaxaca, donde gobierna desde hace 77 años. Allí, como
en Veracruz, Hidalgo o Puebla, los ciudadanos desconocen lo que es la
alternancia política.
“Algunos Estados seguirán dando vida a un PRI local. Son
feudos que sobreviven a aquel gran esquema que existió hasta los
80”, dice Meyer. En este esquema, los caudillos regionales vivirían
en un mundo relativamente aislado, pero sin capacidad de influir en la
decisión global ni en el proyecto nacional, cualquiera que éste
sea.
Si se observa la trayectoria del PRI parece aventurado predecir la defunción
del partido que dominó la vida política de México
durante más de siete decenios. Meyer traza un paralelismo entre
el PRI y el antiguo Partido Comunista de la Unión Soviética
(PCUS), del que todavía quedan remanentes. “Son partidos
que se explican por el pasado, pero no son partidos para el futuro. Con
mucho trabajo sobreviven en el presente”.
En opinión del historiador, “el PRI no tiene nada que ofrecer.
Los electores que le votaron en los últimos comicios son personas
de edad superior al promedio del electorado, de menor educación
que el promedio y con mayor presencia en el mundo rural.
Es, en definitiva, el México que fue pero no el México que
va a ser”.

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