elsalvador.com WWW
Portada Nacional El País Deportes Metro Negocios Editorial RUZ Vida Internacionales Por el mundo

En este tiempo
El poder del ejemplo

Lo que nos ocurre como individuos también nos ocurre como sociedad, pues la sociedad no
es más que la suma de los individuos. Como sociedad también buscamos a “padres” a quienes imitar

Publicada 17 de junio de 2006, El Diario de Hoy


José María Sifontes*
El Diario de Hoy

editorial@ elsalvador.com

Una de las tendencias más arraigada del ser humano es la de seguir ejemplos. Es por medio de la imitación, la emulación o, dicho en forma simple, hacer lo que otros hacen que se va modelando nuestro comportamiento. Primero una conducta es observada, luego, si es considerada propicia o útil se internaliza, para pasar finalmente a formar parte del repertorio.

Cuántas veces no nos hemos sorprendido repitiendo las conductas de otros, no sólo en el aspecto general sino también en los detalles, como ademanes y hasta gestos. Se ha observado que cuando los alemanes van a España a vacacionar se comportan como españoles, y que los españoles cuando van a Alemania se comportan como perfectos alemanes. Este es el poder que tienen los ejemplos.

Los niños tienen como principal foco de identificación a sus padres. Poco a poco van adoptando la forma de comportarse de éstos, mientras van también aprendiendo de ellos la forma de percibir las cosas e interpretar la realidad. Aunque también ejercen influencia la escuela y los amigos, son los padres los que tienen la participación más decisiva.

Cuando crecemos sustituimos a nuestros padres por otras personas de autoridad, que se convierten en los nuevos modelos a imitar (esto si no hemos tenido conflictos edípicos o traumas de otra naturaleza, pero no nos compliquemos). Lo cierto es que son las figuras revestidas de autoridad las que se vuelven el parámetro de nuestro comportamiento.

Lo que nos ocurre como individuos también nos ocurre como sociedad, pues la sociedad no es más que la suma de los individuos. Como sociedad también buscamos a “padres” a quienes imitar, personas que nos den guías o ejemplos que permitan saber cuál es el patrón a seguir. Por ello es tan importante que las personas que poseen autoridad tengan conductas apropiadas. Sin duda muchas personas seguirán su ejemplo. En una sociedad las figuras de autoridad más visibles son los que ostentan cargos públicos. A ellos y a su conducta es que se dirigen las miradas de todos y son ellos los que más influyen en la forma de actuar de las masas sociales. Sus buenos o malos ejemplos serán replicados.

En el “State of the Union”, discurso que da cada año el Presi-dente de los Estado Unidos, vemos cómo todos aplauden, sean del partido del gobierno como de la oposición. Este año vimos por ejemplo a Hillary Clinton aplaudiendo el discurso de Bush. Años antes vimos a senadores republicanos aplaudiendo discursos del entonces Presidente Clinton. Probablemente no estaban de acuerdo con los planteamientos pero de todos modos aplaudían. Esta es simplemente una señal de respeto y de conciencia del lugar y la situación en que se encontraban. Lo que la gente mira es un ejemplo de tolerancia y de respecto a las ideas ajenas, aunque no se compartan. Al final las personas toman estos ejemplos y las adoptan en su diario vivir.

En nuestro país vimos otra cosa. En un reciente discurso dado por el Presi-dente, que guste o no sigue siendo el Presidente, se observaron carteles y hubo incluso una figura de autoridad que le sacó el dedo al mandatario. Aparte de la incongruencia con la situación, que puede generar cólera, lo que a muchos nos provocó fue tristeza. Tristeza porque se pudo advertir qué lejos estamos de tener una sociedad en la que las figuras de autoridad den buenos ejemplos y éstos se transformen en actitudes más tolerantes en todos. Lastimo-samente ese dedo alzado tendrá más repercusión en las masas y persistirá más que el propio discurso.

Afortunadamente también hemos sido testigos de buenos ejemplos. Un magistrado, el Dr. René Fortín Magaña, rehusó aceptar una compensación económica por su retiro. Antes que aceptar el dinero, que en nadie deja de ser atractivo, prefirió rechazarlo y retirarse sin poner en riesgo su reputación por algo que juzgó incorrecto y contrario al interés nacional.

No sabemos si los magistrados en retiro tienen derecho a compensación. Probablemente sí. Ese no es el punto. Lo importante es que la población vio un ejemplo de carácter y dignidad. Esto tampoco se olvidará fácilmente. En una sociedad tan necesitada de guía esa conducta tiene un valor incalculable (lástima que no se le dio mayor cobertura). Esos son los ejemplos que la gente necesita ver, no los de dedos alzados.

*Médico Psiquiatra y columnista de El Diario de Hoy

 

elsalvador.com WWW