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El discreto terror de Fidel Castro
La humanidad pagará el precio del comunismo hasta aquel momento en que aprendamos a hacerle
frente con total responsabilidad y resolución. Tenemos muchas oportunidades de hacerlo en Europa y Cuba
Publicada 17 de junio de 2006, El Diario de Hoy
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Václav Havel*
El Diario de Hoy
editorial@ elsalvador.com
Esta primavera boreal se cumple el tercer aniversario de la ola de represión en la que el régimen de Fidel Castro arrestó y aplicó sentencias prolongadas a 75 prominentes disidentes cubanos. Poco tiempo después, muchos amigos y yo formamos el Comité Internacional para la Democracia en Cuba.
La valentía de quienes encontraron su conciencia social, superaron el miedo y se enfrentaron a la dictadura comunista sigue fresca en mi memoria. Me recuerda el cascabeleo de las llaves que resonó en la Plaza Wenceslas de Praga --y, más tarde, en el resto de lo que entonces era Checoslovaquia-- en el otoño de 1989.
Es por ese motivo que hice resonar unas llaves durante la conferencia en reclamo de democracia en Cuba, que nuestro comité llevó a cabo en Praga hace tres años. Yo quería llamar la atención de la comunidad internacional sobre la situación de los derechos humanos en Cuba, respaldar a la oposición del país y alentar a todas las fuerzas prodemocráticas. La Unión Europea entonces implementó sanciones diplomáticas, aunque en su mayoría simbólicas, contra el régimen de Castro.
No obstante, al poco tiempo ganó fama una postura contraria. La UE abrió una instancia de diálogo con el régimen cubano, las sanciones se suspendieron condicionalmente y hasta se les aclaró a los disidentes que no eran bienvenidos en las embajadas de varios países democráticos. Los acuerdos cobardes y los pretextos políticos --como tantas veces sucedió en la historia-- se impusieron a una posición de principios. A cambio, el régimen cubano hizo un gesto farsante al liberar a un pequeño número de prisioneros de conciencia --en su mayoría, torturados y gravemente heridos--. El mayor miedo del régimen era que pudieran morir en sus prisiones de mala reputación.
Quienes vivimos en las nuevas democracias poscomunistas de Europa, experimentamos acuerdos políticos similares cuando vivíamos detrás de la ex Cortina de Hierro. También estamos profundamente familiarizados con el argumento de que las políticas europeas no derivaron en ningún arresto masivo en Cuba. Pero la democracia demostró debilidad y el régimen cubano, a su vez, adaptó sus tácticas.
Organizaciones respetadas como Periodistas sin Fronteras y Amnistía Internacional recabaron amplias evidencias de violencia e intimidación contra los cubanos de libre pensamiento, que pueden esperar un tipo de sonido diferente que el del cascabeleo de las llaves. Sus casos, en general, no terminan en las cortes sino en los hospitales. Grupos de “luchadores por la revolución” --en realidad, la policía secreta cubana-- atacan brutalmente a sus opositores políticos y los acusa de crímenes absurdos en un intento por intimidarlos u obligarlos a emigrar. En la isla, este tipo de acosos planificados se conocen como “actos de repudio”.
La impotencia de la víctima de las peleas callejeras y las amenazas organizadas por el Estado en contra de su familia se vive de la misma manera que la impotencia de alguien acosado durante una investigación de seguridad de Estado. A muchos políticos europeos que intentaron ver la situación sobre el terreno les impidieron el paso en los últimos años.
Aparentemente, algunos europeos consideran a Cuba un país lejano cuyo destino no tiene por qué interesarles, ya que tienen sus propios problemas. Pero lo que los cubanos están soportando hoy es parte de nuestra propia historia europea. ¿Quién mejor que los europeos, que dieron vida al comunismo, lo exportaron al mundo y luego lo pagaron caro durante muchas décadas, conoce los tormentos infligidos al pueblo cubano?
La humanidad pagará el precio del comunismo hasta aquel momento en que aprendamos a hacerle frente con total responsabilidad y resolución. Tenemos muchas oportunidades de hacerlo en Europa y Cuba.
Los representantes de los estados miembro de la UE se reunirán en Bruselas a mediados de junio para analizar una política común hacia Cuba. Los diplomáticos europeos deberían sopesar las consecuencias de complacer al régimen cubano. Deberían demostrar que ni ignorarán sus prácticas ni desatenderán el sufrimiento de los prisioneros de conciencia cubanos. Nunca debemos olvidar a las víctimas aparentemente anónimas de los “actos de repudio” de Castro.
Copyright: Project Syndicate.
Expresidente de la República Checa y fundador del Comité Internacional para la Democracia en Cuba.

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