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Roberto Argüello, historias no contadas

“ El debate sobre las razones de la guerra continuará y para eso es la democracia. Pero por encima de ese debate nadie puede poner en duda que hombres como don Mario representan el coraje y la energía.

Publicada 14 de junio de 2006, El Diario de Hoy

Joaquín Villalobos*
El Diario de Hoy

editorial@ elsalvador.com

Oxford, Inglaterra. Eran los años 70, cuando la Guardia Nacional no amagaba; cuando alzarle la mano al poder no era mala educación, sino una segura condena a muerte; cuando quienes descuartizaban y realizaban masacres no eran las maras, sino los escuadrones de la muerte y la policía.

Roberto Argüello, don Mario, ese era su nombre de guerra, llegó a nuestra casa de seguridad en la colonia Miramonte en San Salvador y al momento de abrir la puerta el sereno de la zona se acercó para decirle: “Don Mario, esta mañana unos policías de civil estuvieron preguntando por sus muchachos, alguien informó de una casa sólo con jóvenes, pero yo los confundí y los envié unas cuadras más arriba, esos policías son gentes muy malas”. Don Mario agradeció el informe y al entrar a la casa nos puso al tanto. Yo desocuparé la casa y ustedes salgan lo más pronto posible con sus armas, nos dijo.

Estábamos varios miembros de la dirección del Ejército Revolucionario del Pueblo y sólo unos minutos después de que Mario desocupó el lugar, centenares de guardias llegaron al sitio.

En 1974 el ERP se involucró seriamente en apoyar un golpe de Estado de militares constitucionalistas. Ese esfuerzo por evitar la guerra y traer la democracia nos valió ser llamados “cortoplacistas, militaristas, aventureros y pequeño burgueses”, incluida la crítica de Cuba por “salirnos” del camino revolucionario. Introdujimos clandestinamente al país a ex militares golpistas exilados desde 1972 y facilitamos se reunieran con militares de alta para la organización del golpe.

Don Mario organizó puntos ciegos de frontera, lugares de reunión, contactos, ve-hículos y quien escribe hizo de motorista para transportar a dos coroneles a dichas reuniones. Uno de esos militares era el coronel Arnol-do Majano, que encabezó el golpe de Estado de octubre de 1979.

En los momentos de la represión más feroz, cuando el capitán Roberto D’Aubuisson intentaba aniquilar al ERP y estuvimos cerca de desaparecer, don Mario tuvo una habilidad conspirativa digna de los mejores servicios secretos del planeta y se volvió la principal base de apoyo del ERP para las misiones urbanas, operaciones logísticas, reuniones de dirección, movimientos de dirigentes, traslados de documentos y las misiones más delicadas.

Pero además de un militante disciplinado y eficiente, era un hombre que se hacía querer. La guerra fue tan larga que muchos lo conocieron, pero su identidad se preservó como un secreto de alta prioridad, varios compañeros murieron en las torturas sin mencionar su nombre y otros supieron engañar hábilmente a sus torturadores.

En enero de 1980, en ocasión de la marcha de protesta más grande en la historia del país, fui junto a Mario a conocer de cerca el desarrollo de la manifestación. En las cercanías del monumento a El Salvador del Mundo, un grupo de personas de la derecha recriminaba contra la protesta y escuché cuando don Mario les dijo: “Es terrible ver desfilar 50 años de errores”. Del conflicto sólo se puede afirmar con contundencia que se volvió inevitable, pero en cuarenta años más, cuando la generación que peleó ya no esté presente, la guerra perderá su matiz ideológico y tomará su carácter de lucha fundacional del Estado y la democracia salvadoreña.

Sin la participación de hombres como Mario y otros que se jugaban la vida sin más armas que sus convicciones, la democracia habría sido imposible. En 1980 Francisco De Paz, gerente de personal de Sigma, S.A., fue capturado y asesinado junto a su esposa y su empleada doméstica. Fran-cisco debía recoger a toda la dirección del ERP a la mañana siguiente, una noche bajo torturas no pudo arrancarle esa información. En 1978 el ERP fundó la primera empresa de taxis aéreos del país “Urgente, S.A”. La utilizábamos para movilizar dirigentes, transportar armas y sacar oro y venderlo en Panamá, esto se hacía desde la base aérea de Ilopango, utilizando camionetas Cherokee con vidrios polarizados.

En marzo de 1981 Carlos García, gerente de la empresa es descubierto y capturado. Para proteger información, Carlos se suicida en las cárceles de la Policía Nacional pocas horas después de ser arrestado.

La lista de nombres es muy grande y las historias son muchas. Las bases de apoyo de los combatientes crecieron por todo el país, más por indignación ante la prepotencia que por convicciones ideológicas. Roberto Argüello, don Mario, trabajador incansable siempre al frente de su negocio, falleció recientemente, con él se va parte de una gran historia no contada, sin embargo pudo ver al país en democracia y hasta ser alcalde de su querido Quezaltepeque.

El debate sobre las razones de la guerra continuará y para eso es la democracia. Pero por encima de ese debate nadie puede poner en duda que hombres como don Mario representan el coraje y la energía que hace de los salvadoreños personas excepcionales.

*Columnista de El Diario de Hoy.

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