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Opinando
Eterno problema de cobros en hospitales
“ La supresión del pago
obviamente va a aliviar los bolsillos de cientos de miles de salvadoreños,
pero desde una óptica más integral, es indudable que tiene
que hacerse mucho más por la población.
Publicada 14 de junio de 2006, El Diario de Hoy
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Rodolfo
Chang Peña*
El Diario de Hoy
editorial@ elsalvador.com
De nuevo ha salido a la luz un antiguo problema que viene ocurriendo
desde hace décadas, tal es el cobro que se hace a los enfermos
en las unidades de salud y hospitales estatales.
Lo que nadie termina de entender es esa falta de definición, esa
penumbra que más parece que sea intencional, porque si el cobro
es una actividad ilegal, ¿a quién se ha castigado o quiénes
se encuentran en proceso de ser sancionados ante la abrumadora evidencia?
¿Por qué no se deducen las responsabilidades del caso? Y
a la inversa, si la actividad del cobro es correcta y se encuentra prevista
por el marco normativo correspondiente ¿por qué no la reglamentan
y la incorporan al proceso de provisión de servicios?
Mueve también a la duda el porqué las unidades de salud
y hospitales estatales siempre necesitan más dinero del presupuestado,
como si no se cumpliera un proceso moderno de presupuestación hospitalaria.
¿Será que los hoyos se encuentran en la ejecución
del mismo y por esa razón siempre se tiene que recurrir a los magros
dólares provenientes de los pobres pacientes? Pienso que al posible
problema legal se agrega una cuestión de humanismo. Para alguien
que practica el juramento hipocrático es éticamente inadmisible
exigir pago por un hemograma, un general de heces y doce tabletas de ibupofrén
a alguien que dispone únicamente de dos dólares diarios
para sobrevivir. Sobre todo si no tiene la culpa de haber nacido en El
Salvador ni de la escasez crónica de las arcas hospitalarias.
Con esa mentalidad, cuando los recursos de Educación no alcancen
por el motivo que sea van a esquilmar a los alumnos y padres de familia;
si no hay dinero en ANDA más temprano que tarde van a vacunar a
los sufridos abonados a un servicio tradicionalmente irregular y si la
escaez es en el Organo Judicial, les van a a pasar la balanza a los fiscales,
defensores, jueces, indiciados y reos convictos.
Además de las instrucciones precisas de no cobrar la consulta,
medicinas y demás servicios a los salvadoreños que carecen
de recursos, los titulares de Salud deberían también de
girar instrucciones para que se modernice la planeación del presupuesto
anual y apretar los controles de la ejecución del mismo. La idea
es que el presupuesto de cada establecimiento satisfaga todas las necesidades
de funcionamiento para que los administradores no estén pensando
en fondos adicionales como casi siepre ocurre y mucho menos castigar al
más débil, es decir el enfermo sin recursos.
Una medida similar fue anunciada por el expresidente de la república
Lic. Francisco Flores el 1 de junio de 2002, en ocasión de finalizar
su tercer año de gestión, y como era de esperar, muy pocos
obedecieron la iniciativa del mandatario y a los pocos meses se volvió
a lo mismo y por cierto el cobro se maquilló de “cuota voluntaria”,
que todos sabemos no es tan voluntaria y hasta de “cuota de recuperación”.
Por los hechos anteriores, el Ministerio de Salud tiene que vigilar estrechamente
el cumplimiento de la medida en todos los centros de atención distribuidos
en el país y poner atención a los aspectos siguientes: Mantener
siempre el trato humanitario a todas las personas, sea que paguen o no
paguen; conservar la producción en el campo médico y odontológico,
me refiero concretamente a no modificar la producción diaria de
personas atendidas; finalmente, mantener la calidad de los servicios en
el nivel acostumbrado, es decir que como consecuencia del no pago, se
disiminuyan o suriman componentes que contribuyen con la calidad del servicio.
El pago obligado por la consulta, medicinas, exámenes de laboratorio,
estudios de imagenología (radiografías, ultras, etc.), operaciones
quirúrgicas y procedimientos diversos ha constituido una barrera
para mucha gente que hasta tiene más de un motivo para acudir al
médico o al odontólogo. En nuestro medio es tradicional
que al enfermo se le niega la consulta con el cardiólogo si antes
no paga el electrocardiograma y la placa radiográfica de tórax;
la consulta con el neurólogo si antes no paga el electroencefalograma
o el scan, y la consulta con el endrocrinólogo, si antes no paga
una verdadera batería de costosos exámenes de laboratorio.
Como estos enfermos a menudo no tienen más que para la consulta
de medicina general, ya no regresan aunque sus males continúan
con su evolución natural. Obvia-mente muchos se agravan y van a
terminar a las emergencias de los mismos hospitales que les negaron la
consulta. Y lo que se pudo resolver al principio con $100, ahora necesita
de una inversión de $1000 en el mejor de los casos y muchas veces
sin chance de una recuperación completa o con la amenaza de graves
secuelas para toda la vida.
La supresión del pago obviamente va a aliviar los bolsillos de
cientos de miles de salvadoreños, pero desde una óptica
más integral, es indudable que tiene que hacerse mucho más
por la población. Con sólo disminuir a la mitad los fallecidos
a consecuencia de accidentes de tránsito y los fallecidos a causa
de la inseguridad pública, se estarían recuperando más
vidas que las salvan todos los hospitales salvadoreños juntos.
*Dr. en Medicina y colaborador de El Diario de Hoy.

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