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La Nota del Día
¿Cómo se puede definir a un terrorista?

Estallar bombas dentro de mezquitas, en celebraciones de bodas, matar a niños que bajan de autobuses, ametrallar filas de personas que se presentan en un centro de reclutamiento policial, es terrorismo en sus variantes más asquerosas.

Publicada 14 de junio de 2006, El Diario de Hoy

El Diario de Hoy
editorial@ elsalvador.com

Con júbilo entre la gente civilizada del mundo entero se recibió la noticia de la muerte del terrorista Al Zarqawi, una de las más sanguinarias figuras que haya parido el Medio Oriente, región que de por sí desborda en fanáticos, intolerantes y criminales. Cuatro días más tarde, la recompuesta red de asesinos que fundara anunció nuevos y temibles atentados, cuyo objeto es partir a los iraquíes en dos y derrumbar su incipiente democracia.

¿Cómo se puede diferenciar a un terrorista de soldados o insurgentes “mondos y lirondos”? O para ponerlo en términos históricos, ¿qué separa a Jorge Washington de Pancho Villa o Bin Laden? La respuesta es muy clara: el terrorista (Bin Laden) y el bandolero (Villa) atacan principalmente a grupos y poblaciones de civiles inocentes, mientras los soldados y ejércitos que reivindican objetivos aceptables se rigen por normas vigentes a nivel internacional.

Las operaciones de los aliados en Iraq son válidas, como válido fue invadir Normandía durante la Segunda Guerra Mundial, o la contraofensiva alemana en las Ardenas. Pero la destrucción de Dresden por los aliados y el arrasamiento de Varsovia por los nazis, que causaron centenares de miles de víctimas inocentes, son terrorismo.

Los temibles golpes de Al Qaeda y Zarqawi son, en su casi totalidad, agresiones contra inocentes. Estallar bombas dentro de mezquitas, en celebraciones de bodas, matar a niños que bajan de autobuses, ametrallar filas de personas que se presentan en un centro de reclutamiento policial, es terrorismo en sus variantes más asquerosas. Y a eso se suma la decapitación de ingenieros, maestros, periodistas y funcionarios a los que secuestran y luego “condenan a muerte”, como los terroristas en El Salvador en los años de la locura.

Su clase de alianzas define al hombre

La otra característica que define al terrorismo de otras formas de hacer la guerra, son los objetivos que motivan las luchas o agresiones. Montar batalla para liberar a una nación de la dictadura y establecer un Orden de Derecho y un sistema democrático, legitima mucho de lo que rodea la beligerancia.

Es terrorismo, en cambio, lo que se propone socavar la institucionalidad, o cuando se busca montar una dictadura. El extremismo, que aglutina a diversos movimientos que se dicen islámicos y que son el sostén de la teocracia iraní y de los talibanes, pretende volver al sometimiento de la mujer, a la erradicación de la democracia y a la imposición de la sharia, un esquema de hacer justicia que viola derechos y libertades fundamentales de la sociedad y de la persona.

Construir el Orden de Derecho y la democracia es arduo e incierto cuando los fanatismos cuartean las naciones. En cierta manera, los iraquíes están padeciendo lo que venezolanos y bolivianos sufren: presión de grandes masas humanas a quienes se les envenena contra sus hermanos y contra los fundamentos de la civilización.

Evo suéter, el en ocasiones emplumado, no ha perpetrado matanzas de niños, pero hace acercamientos y mantiene alianzas con bandas que sí lo hacen, las FARC colombianas y los traficantes de droga. Y todos estos no tienen reparo alguno en mantener lazos con los grupos del terror del Medio Oriente y de otras latitudes. Recuérdese al respecto la alianza de los comunistas salvadoreños con los etarras y más tarde con mafiosos, además de sus vínculos con sandinistas y castristas.

 

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