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De los más buscados. El jordano fue el cerebro de la mayoría de los ataques más brutales en el país árabe. Foto: EDH |
The New York Times
El Diario de Hoy
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Para Washington es una buena nueva, e incluso es mejor para Iraq, que el terrorista jordano Abu Musab al Zarqawi fuera muerto finalmente por un ataque aéreo de Estados Unidos.
Al Qaeda en Mesopotamia, que fue encabezado por el terrorista, organizó y llevó a cabo los atentados con bomba y decapitaciones más abominables de años recientes.
Pero, como descubrieron los estadounidenses anteriormente, tras las muertes de los dos hijos de Sadam Hussein y la detención del mismo dictador iraquí, se necesitará mucho más que la eliminación de un puñado de cabecillas icónicos para detener de golpe la oleada de insurgencia iraquí, así como para revertir el alarmante descenso del país en una guerra civil.
Se requerirá, sobre todo, de la consolidación de un eficaz gobierno iraquí de unidad nacional que pueda ganarse la lealtad de la abrumadora mayoría de los chiítas, curdos y sunitas de
Iraq respetando su diversidad religiosa y étnica, protegiendo su seguridad personal y asegurándoles los aspectos esenciales de la vida moderna.
Entre ellos están, cuando menos, un suministro confiable de electricidad, hospitales y escuelas decentes, así como una economía funcional que genere suficientes empleos.
El jueves de esta semana se dio un paso en esa necesaria dirección, con la confirmación parlamentaria de los miembros restantes del gabinete del Primer Ministro iraquí, Nuri Kamal al-Maliki.
Estos ministros no acometerán la crucial e intimidante labor de reformar el poco confiable Ejército Nacional de Iraq y descontroladas fuerzas policiales, mismas que han sido penetradas profundamente por maleantes sectarios y sicarios cuyo gusto por el caos y la violencia a veces a dado la impresión que rivaliza con el de Zarqawi.
Al Zarqawi desempeñó una participación sustancial en la diseminación del terrorismo y el caos violento a lo largo de Iraq. Él impulsó el odio entre las diferentes comunidades religiosas y étnicas de Iraq.
Las relaciones de Al Zarqawi con dirigentes de esa insurgencia nacidos en el país y con prominentes líderes de la red Al Qaeda en torno a Osama bin Laden a menudo eran, de hecho, problemáticas.
Mientras, el presidente George Bush anunció que este lunes se reunirá con su gabinete de seguridad para planear una estrategia ante potenciales atentados terroristas en Irak tras la muerte del cabecilla de Al Qaeda.
“Los terroristas y los insurgentes querrán probar que pueden seguir adelante sin Al Zarqawi”, dijo.
Bush dijo que “aún hay una labor muy difícil por delante en Irak, pero esta semana la ideología del terror sufrió un golpe severo”.
“Al Qaeda ha perdido a su dirigente en Iraq. El pueblo iraquí ha completado un gobierno democrático que esta determinado a defender, y la libertad ha logrado una gran victoria en el corazón del Medio Oriente”, consideró.
El ejército de EE.UU. inicia la autopsia del terrorista
El ejército de EE.UU. anunció ayer que inició una autopsia al cadáver de Abu Musab Al Zarqawi para conocer cuáles fueron las causas precisas de su muerte. El estudio es practicado por dos especialistas militares que llegaron en las últimas horas a Iraq.
“Se le está sometiendo a una autopsia en este momento y se concluirá esta noche (ayer)”, dijo en Bagdad el general William Caldwell, vocero de las fuerzas estadounidenses.
Además, Caldwell confirmó que el cuerpo se encuentra en un lugar vigilado durante todo el día. “Permanecerá en este lugar hasta que el gobierno iraquí decida qué hacer con él”, precisó.
Las sospechas sobre la muerte de Zarqawi surgieron cuando un testigo iraquí -que vive cerca del lugar donde estaba el cabecilla cuando fue atacado- dijo haber visto a un hombre gravemente herido que estaba en el suelo tras el bombardeo, y que tropas estadounidenses golpeaban a un hombre parecido al terrorista.
“Aumentará la presión sobre terroristas”
Tropas iraquíes y estadounidenses aprovecharán la muerte de Abu Musab Al Zarqawi para endurecer las medidas contra los intentos de la insurgencia de reagruparse, luego de la muerte de su cabecilla, dijo ayer el Presidente George W. Bush.
El compromiso de Bush es otra señal de que Estados Unidos no está decidido a reducir su presencia militar en Iraq, pese a la muerte del jefe de Al Qaeda en ese país, cerebro de los atentados más sangrientos desde la invasión liderada por los norteamericanos en 2003.
“Fuerzas iraquíes y de la coalición están aprovechando esta oportunidad para atacar a los enemigos de la libertad en Iraq en un momento de incertidumbre para su causa”, declaró.
Sostuvo que la muerte de Zarqawi era “una importante victoria en la guerra contra el terrorismo”, pero mantuvo el tono de sobriedad que ha marcado la reacción de EE.UU.
Bush no puso fecha para la retirada y dijo que EE.UU. debería esperar mayores sacrificios.
“Zarqawi está muerto, pero las difíciles y necesarias misiones en Iraq continúan” dijo. “En las próximas semanas, la violencia en Iraq podría aumentar. Los terroristas e insurgentes buscarán probar que pueden continuar sin Zarqawi”, agregó.

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