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La Nota del Día
Obligan al empleado a recoger basura

Al faltarles la mínima experiencia gerencial, y les falta porque ellos ven a las empresas como parte del sistema por destruir, se enredan en sus mismas pitas.

Publicada 11 de junio de 2006, El Diario de Hoy

El Diario de Hoy
editorial@ elsalvador.com

Como en Cuba con las cortas de caña, la alcaldesa de San Salvador exigió a los empleados municipales ayudar “voluntariamente” a la recolección de la basura, lo que pone al desnudo la crisis financiera, administrativa, ética y humana del ente que manosea.

Ya antes camiones y trabajadores del Gobierno Central limpiaron la ciudad de los promontorios de basura acumulados, pero tan pronto dejan esa labor, San Salvador vuelve a estar igual de sucio que antes.

Sucede lo que sucede por múltiples motivos. El primero es la enciclopédica incapacidad de los personajes a la cabeza de la municipalidad; “enciclopédica” porque ignoran de todo y son incapaces en todo, letra por letra en un listado de oficios.

Lo segundo, porque se dan cosas muy curiosas, como el hecho de que varios camiones recogedores están embancados, fuera de circulación, por tener una llanta desinflada. Lo tercero, porque no hay fondos para sostener el servicio, y no hay fondos porque se gastan el dinero en salarios y en mantener un ejército de agitadores políticos.

Lo cuarto porque al faltarles la mínima experiencia gerencial, y les falta porque ellos ven a las empresas como parte del sistema por destruir, se enredan en sus mismas pitas.

Recoger y disponer de la basura es un servicio que pagan los pobladores de San Salvador. Lo pagan y ese dinero, en teoría, es para sostener el tren de aseo, pagar a los recogedores de basura y cubrir los gastos relacionados con esa faena. Pero lo que la gente contribuye para que su ciudad, sus calles y sus parques estén razonablemente limpios, se usa en gran parte para otras finalidades, incluso, como lo señalamos, para sostener actividades partidistas y para pagar grandes salarios al inflado grupo de ineptos con plazas en la municipalidad.

La domesticación del súbdito

Muy pocos fuera de la argolla comunista que controla la Comuna saben en qué se gasta, cómo se gasta y a dónde va a parar el dinero de los contribuyentes. Para cerrar los libros, negar información y maniobrar para que no se efectúen fiscalizaciones, los concejales se amparan en una supuesta autonomía municipal, que para efectos prácticos es una licencia para depredar la Alcaldía y malversar dineros de la gente.

Como dice un conocido nuestro, “miren qué rico se la han recetado: recoger dinero de los ciudadanos pero no dar cuentas a nadie”. Justamente lo que hacen los comunistas con los presupuestos de la Universidad de El Salvador: despilfarran el dinero en su provecho sin dejar que nadie haga auditorías. Lo probable es que una parte de esos fondos engorde patrimonios privados. La gran corrupción protegida por un artículo constitucional.

Que los empleados municipales recojan basura es la manera de domesticarlos, de quebrar su individualismo, de despojarlos de su dignidad. Ese era el mismo objetivo de Castro con las cortas “voluntarias” de caña: quebrar el espinazo de la rebeldía. Al verse forzados a ejecutar labores distintas a las propias de sus nombramientos, los empleados pierden su autoestima, se transforman en dóciles lacayos de la argolla reinante. La única salida es renunciar, lo que la mayoría no está en posición de hacer.

Desde sus inicios, los comunistas obligan al recluta a la obediencia ciega, aunque eso consista en traicionar a sus padres o meterle un balazo al amigo. El imperio del terror.

 

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