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Unidad naciona
La reelección presidencial

l Ahora que conocemos el presente régimen y sus obras, imitemos a Colombia, para que continuemos otros cuatro años, disfrutando de lo que Dios nos dio y sólo Él nos puede quitar: la vida, la libertad y la propiedad

Publicada 8 de junio de 2006, El Diario de Hoy


Carlos Raúl Calvo*
El Diario de Hoy

editorial@ elsalvador.com

Aunque en Colombia acaba de suceder y en los Estados Unidos es histórico, sus respectivas constituciones políticas han establecido el derecho que tiene un pueblo para asegurar la continuidad en el ejercicio del poder, por un período más, al gobierno de turno, que obtenga la mayoría de votos en las elecciones para presidente.

Nuestra Constitución lo prohibe, pero con una modificación adecuada de la misma, se podría dar ese fenómeno, aceptable ahora en las democracias modernas.

Me imagino la reacción histérica, que esta sugerencia deberá despertar en la oposición, sin embargo con la libertad de expresión que gozamos desde hace 18 años, se le puede presentar a la opinión pública, ésta u otras propuestas viables y armonizadoras.

El poder central, es la función que se ejerce por los órganos fundamentales del Estado y se extiende a todo el territorio del mismo, a diferencia del poder local, que sólo se ejerce en determinados territorios sometidos a su jurisdicción.

El Poder Ejecutivo no es más que una facultad del Estado, mediante la cual, éste realiza sus diversos fines. Está representado por el Jefe del Estado o Presidente y le corresponde representar la totalidad del Estado, dar un impulso central, una alta dirección a todos los asuntos nacionales y así ejerce el derecho de iniciativa en la Asamblea Legislativa, puede inspeccionar los tribunales de justicia, dirigir las ramas de la administración (Salud y Educa-ción por ejemplo), velar por el orden público en el interior (PNC) y por la seguridad del Estado en el exterior (Fuerza Armada), promulgar, publicar y sancionar las leyes, cuidar de su ejecución, dictar los reglamentos oportunos, conferir empleos y honores, sostener las relaciones exteriores con otros gobiernos de su misma ideología liberal, etc.

Su verdadera naturaleza sólo se conoce por sus relaciones con el Organo Legislativo, que debía ser el auténtico representante de la soberanía del Estado y el Órgano Judicial, que en teoría debería conceder pronta y cumplida justicia a la ciudadanía. Como se ve, muchos alcaldes que sueñan con la presidencia, por haber cuidado parques, recogido la basura y arreglado las calles de una localidad, no están preparados para cumplir con las altas misiones que al Ejecutivo corresponden.

Es posible que a nosotros todavía nos falta establecer el plebiscito o referendo, para que los ciudadanos, podamos ejercer directamente el Poder Legislativo como en Suiza, pero en esta línea debemos continuar, para que disfruten del poder nuestros nietos. A estas alturas no se ha observado ningún tipo de abuso de poder de parte del actual mandatario, por lo que el único moderador de ese poder, deberá ser el pueblo decente y trabajador, que es la mayoría, gracias a Dios.

Recordemos que el principio de la inviolabilidad e irresponsabilidad del jefe de Estado, trae como consecuencia que no pueda dictar disposición alguna, que no vaya refrendada por un funcionario responsable en su ramo. También es bueno recordar que su poder es temporal y que si alguna vez se considera su reelección, será por un período igual al que fue electo, dado su carácter de autoridad civil.

Aquí, aún estamos respirando aires de libertad, de seguridad en nuestras vidas y posesiones, todo lo contrario de lo que ocurre donde los comunistas acceden al poder y aunque se autoproclamen como “ungidos” por y para bien de su pueblo, no quieren dejar el poder hasta que se mueren como en Cuba y Venezuela por ahora; ya veremos lo que pasa en el futuro en países como Bolivia, Ecuador y Perú en nuestro continente o en Irán y Corea del Norte en Medio Oriente y Asia.

Ahora que conocemos el presente régimen y sus obras, imitemos a Colombia, para que continuemos otros cuatro años, disfrutando de lo que Dios nos dio y sólo Él nos puede quitar: la vida, la libertad y la propiedad.

*Colaborador de El Diario de Hoy.

 

 

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