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Tomando la palabra
El Gobierno mediático

Con este Gobierno la política ya no es un asunto de los políticos y de los especialistas en políticas públicas, sino es un asunto de los publicistas, de los asesores de imagen del Presidente Saca

Publicada 8 de junio de 2006, El Diario de Hoy


José Miguel Cruz*
El Diario de Hoy

editorial@ elsalvador.com

El Presidente Antonio Saca ha construido una administración nacional que, sin lugar a dudas, depende fundamentalmente de la publicidad mediática para poder gobernar. El espacio privilegiado para la implementación de las políticas públicas, de los programas de gobierno, del debate público con los diversos actores del país --cuando lo hay-- no es otro sino el que proveen los medios de comunicación.

En realidad, esa tendencia a gobernar por medio de la publicidad y del uso de los medios no es algo nuevo en los gobiernos areneros ni tampoco es exclusivo del régimen salvadoreño. En Venezuela, por ejemplo, Hugo Chávez hace un uso parecido de la publicidad y de los medios para promocionar su propio gobierno. Pero lo que caracteriza al actual gobierno es, primero, el intenso uso de la propaganda para promocionar casi exclusivamente la imagen del Presidente, en detrimento de la institucionalidad de una parte importante del Estado, y segundo, la creciente dependencia de la publicidad mediática para poder mantener cierto nivel de legitimidad frente a la opinión pública.

Las encuestas que han sido publicadas con motivo del segundo año de gestión del gobierno, muestran varios aspectos que ayudan a visualizar y a comprender esa forzosa dependencia de la propaganda. Es cierto, la popularidad del Presidente y de su gobierno ya no es la misma en comparación con la simpatía que despertaba al inicio de su gestión. Pero las encuestas siguen revelando contradicciones que, al final de cuentas, sólo confirman la desconexión que ocurre en la opinión pública cuando un gobierno insiste en publicitar resultados que la gente no termina de ver en su propia realidad.

Estas contradicciones se expresan de varias formas. En primer lugar, se manifiestan en la creciente brecha entre la valoración pesimista sobre el estado del país y la aún positiva calificación sobre la imagen presidencial. Aunque muchos salvadoreños ya no valoran tan confiadamente al gobierno como antes, las opiniones pesimistas sobre la situación nacional como producto de la gestión gubernamental, han crecido más rápidamente que las críticas directas hacia el Presidente.

En segundo lugar, un análisis más detallado de los sondeos de opinión pública revela que el Gobierno obtiene mejor calificación cuando se le evalúa de manera general y abstracta, que cuando se le juzga por sus programas específicos, aun en aquellos programas considerados insignia de la gestión, léase Oportunidades, Súper Mano Dura, etc. Y en tercer lugar, las personas que le ponen las mejores notas al Gobierno en las encuestas son las mismas que se dicen menos beneficiadas y representadas por éste, y son las que cuentan con menos educación y que se encuentran en situación económica más precaria.

Todas esas contradicciones se explican, en buena medida, por el efecto de la propaganda, la cual desvincula las imágenes y los discursos oficiales de la realidad cotidiana de los ciudadanos, con el fin de mantener una opinión pública favorable. Esa disociación, al final de cuentas, sin embargo, tiene un efecto sobre la conducción política del país: comunicar se vuelve más importante que gobernar; proclamar se vuelve más importante que dialogar; prometer se vuelve más importante que cumplir, y acusar se vuelve más importante que negociar.

Con este Gobierno la política ya no es un asunto de los políticos y de los especialistas en políticas públicas, sino es un asunto de los publicistas, de los asesores de imagen del Presidente y de los encargados de comunicación de las instituciones.

Por ello, las acciones que importan no son las que dan resultados sino las que pueden ser trasmitidas por televisión o fotografiadas por una cámara. Los programas gubernamentales más relevantes son los que muestran una carretera en buen estado o a un pandillero sometido por un policía encapuchado.

Uno de los mejores ejemplos de esta disociación, la cual ha creado un vacío real de gobernabilidad en el país se encuentra en el campo de la seguridad pública. Lo que importa no es si los planes de Súper Mano Dura son efectivos o no, lo que realmente importa es que los operativos antidelincuenciales sigan apareciendo en los medios para demostrar que el Gobierno está haciendo algo, aunque ese algo sea lo más desacertado, inefectivo y autoritario posible.

Esta forma de gobernar puede generar todavía legitimidad por un tiempo, pero no resolverá los problemas fundamentales del país.

*Director del IUDOP de la UCA y columnista de El Diario de Hoy.

 

 

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