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La Nota del Día
Salarios por la escalera, precios por el ascensor

A la ocurrencia de aumentar los salarios, por lo general se suma otra: controlar los precios, que equivale a querer someter la fuerza de la gravedad

Publicada 8 de junio de 2006, El Diario de Hoy

El Diario de Hoy
editorial@ elsalvador.com

Es proverbial que “mientras los salarios suben por la escalera, los precios van por el ascensor”; al incrementarse los salarios, de inmediato suben los precios en una mayor proporción, ya que prácticamente todos los costos de los productores se incrementan además del aumento de sus planillas.

Pongamos un ejemplo: al subirse el salario mínimo en un diez por ciento, el empleador no sólo paga ese porcentaje adicional al empleado, sino que sufre un alza en sus otros costos, incluidas las prestaciones, los seguros obligatorios, indemnizaciones, etcétera.

Asimismo, el costo de sus insumos se eleva, desde el precio de las materias primas, los envíos, el bodegaje y los seguros, hasta el precio que paga por el dinero (intereses bancarios). Si el empleado recibe un diez por ciento de incremento, el costo de la vida se incrementará todavía más, por lo que un conglomerado sale perdiendo.

A la ocurrencia de aumentar los salarios, por lo general se suma otra: controlar los precios, que equivale a querer someter la fuerza de la gravedad. Una cosa lleva a la otra, los mercados toman sus correcciones, se reduce la actividad económica y muy pronto se desbocan las fuerzas negativas de la economía.

La gran interrogante que muchos, los ingenuos, se plantean, es ¿cómo entonces es que se puede mejorar el ingreso y el nivel de vida de las masas? Hay dos respuestas a esa pregunta:

La primera, que en una economía en crecimiento los salarios van elevándose con el paso del tiempo, pero nadie puede esperar que de la noche a la mañana suba el bienestar, nadie fuera de los bobos engañados por las promesas de demagogos y delincuentes; la segunda, los salarios suben al incrementarse la productividad de cada trabajador, lo que se consigue invirtiendo en tecnología e infraestructura. Una vez que las cosas comienzan a moverse, la competencia entre productores para atraer a la gente más capacitada sube los salarios.

Una alza contra mujeres y jóvenes

Elevar por decreto los salarios por lo general tiene el efecto inverso: los productores comienzan a reducir personal, generando una cadena negativa en todo el sistema. El alza por decreto de salarios en los tiempos del Directorio Cívico Militar a principios de los Años Sesenta, provocó de inmediato un aumento en el desempleo, lo que tardó unos cuantos años en superarse.

Hay otra consecuencia indeseable, desde el punto de vista del empleo, en elevar salarios por decreto: que labores innecesarias se suprimen mientras otras se sustituyen con nueva tecnología. O lo que es peor, muchas empresas se van con sus bártulos a otra parte o se ven forzadas a cerrar al volverse incosteables sus operaciones.

Los nuevos salarios dicen al trabajador salvadoreño “si no produces lo suficiente, no tendrás empleo”, o “si no me rindes para justificar tu nuevo salario, me veré forzado a establecerme en otro país”. En otros casos, el mensaje es muy duro para los jóvenes y los viejos: “como no tienes la experiencia o las fuerzas para rendirme lo que yo necesito con estos salarios, tendré que buscar a otros más hábiles”.

Afectar a jóvenes y mujeres es terrible en un país donde el trabajo puede combatir la delincuencia y donde las familias dependen de la madre.

 

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