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Un huérfano en un negocio de familia

Pregunta: Hace poco me contrataron como gerente de una empresa controlada por una familia. Mi jefa, la vicepresidenta de mercadeo, es la esposa del presidente de la junta directiva.

Publicada 6 de junio 2006, El Diario de Hoy

Por Jack y Suzy Welch
El Diario de Hoy
negocios@elsalvador.com

Ella nunca fue a la universidad, y carece de toda experiencia en mercadeo. Pese a eso, trata de controlar todo, inclusive aquellos que, como es mi caso, nos hemos graduado en escuelas de administración de empresas. Ella despide a cualquier persona que expresa algún tipo de desacuerdo, con el pleno respaldo de su esposo. Me he enterado que varias personas talentosas se han ido de la compañía debido a esa mujer. Si no quiero renunciar a la empresa ¿cómo debo lidiar con ese tipo de nepotismo?
Nombre retenido, Austin, Texas

Pregunta: No queremos ser entrometidos pero ¿dónde estaba usted durante el proceso en que fue contratado?

Le preguntamos eso pues parece un poco tarde para descubrir el tipo de información que debe formar parte de un proceso de contratación cuando se trata de trabajar para una empresa controlada por una familia. En esos casos, es siempre bueno preguntarse: “¿Cuántos primos quieren mi próximo ascenso?” o “¿Es letal o solamente peligroso mostrarse en desacuerdo con un familiar del presidente de la junta directiva?”

Ahora bien, eso no implica que una persona deba abstenerse de trabajar en compañías regenteadas por familias. Esas organizaciones, que constituyen una parte significativa de la economía en Estados Unidos, ofrecen algunos de los mejores empleos en el mercado.
Pero cuando decida trabajar en una compañía propiedad de una familia, usted debe tomar en cuenta que está aceptando un acuerdo especial. Y cada acuerdo es un toma y daca.

En su caso en particular, hay cosas buenas. Las compañías propiedad de familias ofrecen un nivel de amistad e informalidad que es muy difícil hallar en otras corporaciones. Hay calidez y un trato personal, en los mejores casos. Los empleados pueden sentirse miembros de la familia, no cifras, y los gerentes (como usted, por ejemplo) con frecuencia tienen acceso directo a los accionistas y a quienes adoptan decisiones. Eso hace sentir a un empleado como si formara parte del juego.

Pero también las desventajas son muy reales, como usted está descubriendo.
Cuando alguien se une a una empresa controlada por una familia, especialmente si es pequeña o mediana, con frecuencia cede el proceso de adjudicación, por llamarlo así. Ese es el proceso que “hace respetar” la imparcialidad en organizaciones administradas por profesionales.

No estamos diciendo que las empresas públicas carecen de algunos jefes arbitrarios o matones, o que no hay casos de favoritismo. Pero hay ciertos controles, tales como encuestas para determinar la satisfacción del empleado y la “autoridad superior” de los departamentos de recursos humanos. Y eso ofrece a los empleados la idea de que serán escuchados durante conflictos.

La única forma de lidiar con la ausencia de adjudicación en empresas\controladas por familias es estar preparado. Inclusive si las cosas andan bien, los empleados siempre deben contar con una estrategia de salida. Y si usted tiene la idea de unirse a una empresa controlada por una familia como presidente, o inclusive como gerente de alto nivel, no adopte acción alguna a menos negocie por anticipado un paquete de indemnización.

Pero ¿qué ocurre con su caso?

Al parecer, usted no tiene un contrato, y dice que no desea abandonar la firma. Eso significa que su única opción es, bueno, ajustarse a los requisitos. Tendrá que descubrir la mejor manera de trabajar con la esposa del presidente ejecutivo. Olvídese de su falta de credenciales a nivel educativo. Ella todavía es su jefa. Por lo tanto, modere sus deseos de hacer cambios o de hablar con franqueza, y ofrézcale una posibilidad de que lo conozca y confíe en usted.

Tal vez una diligencia debida durante el proceso de contratación hubiera señalado los peligros que se avecinaban, y quizás usted habría podido evitar el embrollo en que está metido. Pero es demasiado tarde para hacer algo. El nepotismo con que usted ha tropezado forma parte de la tarea de trabajar para una empresa controlada por una familia. Disfrute de los beneficios mientras duren. 

Pregunta: Tanta cháchara acerca de la necesidad de ser un ganador me obliga a hacer esta pregunta ¿Es que no hay sitio alguno para los perdedores en este mundo? Sólo un pequeño porcentaje de personas triunfan. ¿Qué deben hacer los no ganadores, suicidarse?

S. Gopal, Bangalore, India

Pregunta: Esa es una pregunta formidable. Creemos que usted considera que ganar es algo concebido puramente en términos económicos. Pero eso no tiene por qué ser así.
Nosotros creemos que ganar consiste en establecer objetivos personales y en concretarlos. Y (de igual importancia) disfrutar de la experiencia. Ganar no tiene nada que ver o todo que ver -- con su trabajo.

Sí, usted puede ganar como ejecutivo de una corporación. Pero también puede ganar de manera muy valiosa trabajando como carpintero, profesor de matemáticas o cantante en una orquesta que ameniza bodas. Usted puede ganar criando una familia, cuidando a sus padres o siendo un buen amigo. Siempre y cuando esos sean los sueños que usted ha elegido. Por cierto, los más grandes ganadores del mundo son los que responden “Sí” a la pregunta “ ¿Estoy viviendo la vida que he elegido?”

Uno de los ganadores más grandes que conocemos es una persona que, si atendemos a su definición, posiblemente no tendría calificación alguna. James O’Connell se graduó en la Escuela de Medicina de Harvard. Pero, en lugar de optar por una carrera prestigiosa y lucrativa, ha pasado los últimos 22 años de su vida manejando una camioneta por Boston, prácticamente cada noche, ofreciendo asistencia médica a los desamparados.

El vive de manera simple. El dinero no es algo que le interese mucho. Y sin embargo, la vida de O’Connell está siempre repleta de alegría, y es querido por todo aquel que tiene la suerte de conocerlo, desde personas en la calle hasta senadores.

Ganar y perder no son cosas que puedan ser cuantificadas. Son estados mentales. Uno pierde sólo cuando se rinde. Y si se lo ve de esa manera, el mundo puede estar repleto de ganadores, y hay espacio para todos ellos.

—Welch es Presidente de Jack Welch, LLC. Asesora directores y presidentes de empresas Fortune 500. Fue Chairman y CEO de General Electric, convirtiéndola en la corporación más valiosa del mundo. —

 

 

 

 


 

 

 

 

 

 

 

 

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