
Norman Quijano*
El Diario de Hoy
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El 17 de abril se cumplieron 182 años de una grande y poco reconocida proclama, la cual debería, por su espíritu, ser un verdadero hito en la historia del mundo y que ni siquiera en nuestro querido El Salvador honramos en toda su magnitud.
El referido autor es el prócer presbítero y doctor José Simeón Cañas, ilustre varón y hombre de acrisoladas virtudes que formó parte del núcleo de nuestros emancipadores, quien a escasos dos años y medio de nuestra independencia de la corona española hiciera una hermosísima proclama que reclamó la ABOLICIÓN DE LA ESCLAVITUD y que es una maravilla en sus dos aspectos formales, en la forma es considerada una de las más elocuentes de la historia, y en el fondo, su objetivo era perseguir una de las más hermosas ideas que ha generado la humanidad en beneficio de sus semejantes.
El padre Cañas estaba muy enfermo cuando expresó ante sus pares diputados: “Vengo arrastrándome y si estuviera agonizando, agonizante vendría para hacer una proposición benéfica a la humanidad desvalida. Con toda la energía con que debe un diputado promover los asuntos interesantes a la Patria, pido, ante todas las cosas y en la sesión del día, se declaren ciudadanos libres nuestros hermanos esclavos”, agregando que era también necesario discutir la creación de un fondo de indemnización para los propietarios. ¡Hasta con ellos fue un hombre justo!
Por esta razón solicité el pasado 18 de abril, que la Asamblea Legislativa emitiera un decreto que la facultase erigir un monumento en el interior o al frente del Salón Azul para perpetuar tan hermosa acción, pues si bien no seríamos los primeros en exaltar al padre Cañas, debemos ser los mejores.
En 1903, la Asamblea Legislativa de la época le enalteció; poco después, en 1914 y antes de su trágica muerte, el Presidente de la República, doctor Manuel Enrique Araujo lo hizo. También el casino “La Paz”, de su natal Zacatecoluca, le honró en 1923 y el Poder Ejecutivo en 1938, conjuntamente con el Presidente de Guatemala, Jorge Ubico. El último que lo hizo fue el ex Presidente José María Lemus en 1954, cuando se desempeñaba como Ministro del Interior. Han pasado 52 años en los cuales no se recuerda la obra del padre Cañas.
Gracias al padre Cañas, en 1824 se abolió la esclavitud en Centroamérica, lo que le convirtió en un precursor a nivel mundial, únicamente México lo hizo antes, en 1813, y Chile que la abolió en 1823. Las colonias inglesas lo hicieron en 1832, las colonias francesas en 1848, Argentina en 1853, Abraham Lincoln en los Estados Unidos en 1865 y Brasil en 1888. La corona española lo hizo en Puerto Rico en 1873 y en Cuba en 1880.
La importancia de la obra del prócer es que la libertad, la inteligencia y la voluntad son características de la naturaleza humana, que constituyen la base de la dignidad de la persona y estas características son elementos constitutivos de la esencia del individuo, le hacen capaz de determinarse, de escoger caminos de superación, de estancamiento o de degradación, es lo que permite la capacidad de sentir y de amar.
El padre Cañas entendió plena y tempranamente el Artículo 1º de la Declaración Universal de los Derechos del Hombre --nos excusamos debido a que esta declaración es de antes de la política de género--: “Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad de derechos…”, y es en honor del padre Cañas que, además del homenaje que nuestro Órgano Legislativo le debe, nos vemos obligados a recordar las palabras de Goethe: “Sólo merece la libertad y la vida quien día a día sabe conquistarla”.
Estoy seguro que si el padre Cañas encontró el eco deseado en aquellos ilustres varones que integraron la Asamblea Nacional Constituyente, nuestra esperanza es que muy pronto sea aprobado el decreto legislativo que permita el homenaje a nuestro ilustre prócer y libertador, el presbítero y doctor José Simeón Cañas, con lo que no sólo simbolizaremos nuestra permanente y diaria lucha por la libertad, lucha que en realidad es la de todo un pueblo, sino que servirá para que cada uno de aquellos que hemos alcanzado el honor de representar al pueblo en la Asamblea Legislativa, sigamos el ejemplo de nuestro prócer y recordemos que es nuestro deber hacer siempre lo mejor por la patria y para toda la población salvadoreña.
*Diputado.

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