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La Nota del Día
Lo decente, lo bueno y el patán del dedo

La mayoría recuerda la marcha de los rojos el 15 de septiembre de 2001, cuando celebraron las muertes de miles de personas en los ataques terroristas previos y quemaron banderas de Estados Unidos bajo la complaciente mirada de varios lustrosos cabecillas del FMLN

Publicada 6 de junio de 2006, El Diario de Hoy

El Diario de Hoy
editorial@ elsalvador.com

Se publicó la foto de un flamante diputado comunista insultando, con un gesto obsceno, al Presidente Saca durante la lectura de su informe a la Asamblea Legislativa. Lo asombroso es que el FMLN no lo haya expulsado o al menos amonestado severamente, lo que comprueba que la amoralidad y lo soez son la norma en ese partido.

Proferir sandeces, ultrajar, burlarse, ser soez, caer en las más repugnantes vulgaridades, es la vieja costumbre de los comunistas, lo que vienen haciendo desde hace décadas, comenzando por los desfiles bufos que montaban en los años cuarenta y cincuenta. La mayoría recuerda la marcha de los rojos el 15 de septiembre de 2001, cuando celebraron las muertes de miles de personas en los ataques terroristas previos y quemaron banderas de Estados Unidos bajo la complaciente mirada de varios lustrosos cabecillas del FMLN. En esa penosa jornada, individuos desnudos y tiznados marcharon por la ciudad en medio de una gritería de jayanes para culminar con el bochorno del parque Libertad.

Lo que no acaba de entenderse, empero, es que la vulgaridad, la irreverencia, los insultos y calumnias, la burla contra otros no es tanto una expresión de sujetos de baja ralea, cuanto una estrategia para echar abajo jerarquías, valores y normas de convivencia de una sociedad. El patán del dedo quiso, con su gesto, fomentar irrespeto y burla a la figura del Presidente y con ello erosionar la institucionalidad del Estado. El miembro indigno de un Poder del Estado se vale de la inmunidad de su cargo para atropellar al jefe de otro Poder, que es asimismo el primer funcionario del país.

Felices metidos en sus lodazales

¿A qué apunta la vulgaridad, lo soez, la jayanada? El objetivo declarado de los comunistas es destruir nuestras sociedades, a las que califican de explotadoras, decadentes e “injustas”. Con la agresión armada aniquilaron mucha infraestructura, incluidas dos de las más bellas obras de ingeniería con que contaba la región: los majestuosos puentes sobre el Lempa. Dieron fuego a ingenios, desbarataron nuestra industria electrónica, liquidaron San Bartolo, quemaron alcaldías y poco faltó para que incendiaran la capital. Para destruir, devastar, echar abajo son maestros; de lo que son incapaces es de levantar, de construir, de empujar hacia adelante.

Lo esencial de nuestras sociedades es su moral, sus libertades, su institucionalidad, sus tradiciones, sus leyes, la convivencia entre sus miembros, su cultura, su sentido de lo bello, de lo propio, lo decente, lo medido y lo honesto.

Eso es precisamente lo que el patán del dedo y los jayanes que le aplauden, no entienden pero que buscan derrumbar. Insultando al Presidente insultan a todas las jerarquías y las ejecutorías individuales; al burlarse en una solemnidad, proferir improperios en una ceremonia, hacer gala de vulgaridad es su agresión consciente y también el villano y el gañán que les brota por todos los poros.

Los puentes se dinamitan, mientras la moral y la institucionalidad se desploman cuando lo delictivo, lo soez, lo vulgar sienta sus reales en un conglomerado. Es esa una de las razones por las que en sus “marchas” los comunistas empuercan paredes y exhiben su grosería: es su forma de socavar lo decente y lo digno, lo virtuoso y lo espiritual.

Lo probable es que en los meses venideros veamos más de eso mismo, pues el patán y el soez se regodean con sus vilezas.

 

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