Rolando
Monterrosa*
El Diario de Hoy
editorial@ elsalvador.com
La reciente edición del libro “Vivo”, un poemario
cuya autoría se debe al conocido abogado, Dr. Mauricio Alfredo
Clará, llega como una agradable sorpresa al mercado literario local.
Sorprende que una persona como el Dr. Clará, un destacado miembro
del foro, acostumbrado a la frase precisa, al análisis de las leyes,
a la lógica y metódica expresión, se dedique de pronto
a la poesía. Pero esto es sólo una demostración de
lo versátil y variado que puede ser el pensamiento humano educado.
Como su título lo dice, el poemario es una emotiva exaltación
de la vida y de los valores más nobles de la humanidad: el amor,
el perdón, la misericordia, el respeto a todo lo vivo, a la naturaleza,
en suma, el amor a Dios entendido como el amor a todo lo que Él
ha creado.
El discurso poético del Dr. Clará es directo, sugerente
de imágenes, a menudo ilustrativo de cómo deben hombres
y mujeres librarse de sentimientos mezquinos que degradan la moral de
las personas.
El concepto es claro cuando en el poema “Los motivos del amor”,
en verso libre, dice: “El amor es emoción, es afecto/ que
por su vitalidad, potencia y energía/ aproxima al ser humano a
la divinidad...”
En este, el primero de los poemas que contiene el libro, el autor deja,
a propòsito o de manera inadvertida, que se cuele el lenguaje forense,
casi didáctico, como cuando afirma que “el amor auténtico/
no plantea exigencias/ no impone renuncias/ ni reclama compensaciones,/
ni necesita de leyes...”
Pero la falta de musicalidad, eso que muchos lectores esperan del lenguaje
poético, aunque se trate de versificación libre, se ve rícamente
compensada con la sinceridad y carga emotiva que encierra cada línea
de texto.
Lo mismo puede decirse del poema “La vida es bella”, en el
que con franca prosa expresa su personal percepción de la vida:
“La vida es bella y su belleza/ nos invita a una extraordinaria
variedad/ de oportunidades positivas/ para desarrollar experiencia, inteligencia
y emotividad”.
Quizá más que de versos, hemos de hablar de estas líneas
como de hermosas reflexiones que nos invitan a apartar lo ojos del suelo,
a olvidar aunque sea por un instante, el diario bregar, y elevarlos al
cielo para redescubrir la inmensidad de la creación y con ello
redescubrirnos a nosotros mismos. El Dr. Clará logra este sencillo,
pero al mismo tiempo maravilloso efecto en el lector.
No faltan en el libro los poemas contemplativos en los que describe su
emocionada experiencia de amaneceres en montañas en los que “en
el horizonte, un pincel/ de acuarelas solares dibuja/ y dibuja intermitente/
en el tablero celestial/ colores espectaculares”. Están presentes
asimismo, expresiones románticas de “Ojos soñadores”,
“Amante continúa el corazón/ atado a tu imagen adorable...”.
Con mucha ritmo destaca el breve poema que dice: “Gardeleando el
público presencia/ con el tango convertido en fantasía/
la belleza de madonas, alma mía/ y de infantes luciendo como el
día”.
El poemario, impreso en papel brillante y vistosamente ilustrado con fotografías
de naturaleza viva, ha sido publicado por la Dirección de Comunica-ciones
de la Corte Suprema de Justicia, según se registra en el prólogo,
“como una muestra de la producción intelectual-humanística”
de los miembros de la entidad.
*Jefe de Redacción de El Diario de Hoy.rolando@elsalvador.com

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