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En Irán
Última oportunidad para la diplomacia

Se le debe dejar absolutamente claro a los líderes iraníes el alto costo que conllevaría rechazar tal propuesta: si no se llega a un acuerdo, Occidente hará todo lo que esté a su alcance para aislar a Irán.

Publicada 3 de junio de 2006, El Diario de Hoy

Joschka Fischer*
El Diario de Hoy

editorial@ elsalvador.com

La crisis de Irán está avanzando rápidamente en una dirección alarmante. Ya no puede haber ninguna duda razonable de que la ambición de Irán es obtener armas nucleares. Sin embargo, en el centro del problema se encuentra la aspiración del régimen iraní de convertirse en una potencia hegemónica regional islámica y de esa manera posicionarse al mismo nivel que los países más poderosos del mundo. Es precisamente esta ambición la que distingue a Irán de Corea del Norte: mientras que Corea del Norte busca tener capacidad nuclear para afianzar su propio aislamiento, Irán quiere obtener dominio regional y más.

Irán apuesta a que sucedan cambios revolucionarios al interior de la estructura de poder del Medio Oriente, que le ayuden a alcanzar su objetivo estratégico. Con este fin, utiliza a Israel y el conflicto palestino-israelí pero también a Líbano, Siria, su influencia en la región del Golfo y, por encima de todo, a Iraq.

La adquisición de una bomba nuclear por parte de Irán --o incluso la capacidad para producirla-- sería interpretada por Israel como una amenaza fundamental a su existencia, lo que obligaría a Occidente y, a Europa en particular, a adoptar una posición. Europa no sólo tiene obligaciones morales históricas hacia Israel, sino también intereses de seguridad que lo unen al estratégicamente vital Mediterráneo oriental. En suma, un Irán con capacidad nuclear pondría en duda la seguridad fundamental de Europa.

En esta crisis es mucho lo que está en riesgo. Por ello, hace dos años Alemania, el Reino Unido y Francia iniciaron negociaciones con Irán con el objetivo de persuadirlo de abandonar sus esfuerzos por completar el ciclo del combustible nuclear. Esta iniciativa fracasó por dos razones. Primero, el ofrecimiento europeo de abrir el comercio y el acceso a la tecnología, incluido el uso pacífico de la tecnología nuclear, era desproporcionado con el temor fundamental de Irán al cambio de régimen, por un lado, y, a sus aspiraciones hegemónicas regionales y su búsqueda de prestigio global, por el otro.

Segundo, la desastrosa guerra contra Iraq encabezada por Estados Unidos, ha llevado a que los líderes de Irán piensen que la principal potencia occidental se ha debilitado al punto que depende de la buena voluntad de Irán y que los altos precios del petróleo han hecho que Occidente sea más cauteloso ante una confrontación seria.

Sin embargo, el debate sobre la opción militar --la destrucción del programa nuclear de Irán a través de ataques aéreos estadounidenses--, tampoco es propicio para resolver el problema. Más bien, suena a profecía que se cumple a fuerza de anunciarse. No hay ninguna garantía de que un intento por destruir el potencial nuclear de Irán y por tanto su capacidad de un ataque nuclear tenga éxito.

Entonces, ¿qué se debe hacer? Todavía queda una oportunidad seria de solución diplomática si Estados Unidos, en cooperación con los europeos y así, desde luego, con el respaldo del Consejo de Seguridad y el grupo de los 77, le presenta a Irán una “gran oferta”. A cambio de una suspensión de largo plazo de las actividades de enriquecimiento de uranio, Irán y otros países tendrían acceso a la investigación y la tecnología en un marco internacionalmente definido y bajo una supervisión amplia por la Agencia Internacional de Energía Atómica. Le seguiría la plena normalización de las relaciones políticas y económicas, incluyendo garantías de seguridad vinculantes al momento de convenir en un arreglo de seguridad regional.

Se le debe dejar absolutamente claro a los líderes iraníes el alto costo que conllevaría rechazar tal propuesta: si no se llega a un acuerdo, Occidente hará todo lo que esté a su alcance para aislar a Irán económica, financiera, tecnológica y diplomaticamente con todo el apoyo de la comunidad internacional. Las alternativas de Irán deben de ser no menos que el reconocimiento y la seguridad o el aislamiento total.

Pero tal iniciativa sólo tendrá éxito si el gobierno estadounidense asume su liderazgo entre los países occidentales y se sienta a la mesa de negociaciones con Irán. Incluso entonces, la comunidad internacional no tendría mucho tiempo para actuar. Como todas las partes lo saben, el tiempo se acaba para una solución diplomática.

Copyright: Project Syndicate.Ex Ministro de Relaciones Exteriores y Vicecanciller de Alemania de 1998 a 2005.

 

 

 

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