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La Nota del Día
“Kick the oil habit”: liberémonos del petróleo

Lo lógico es pasar a otra clase de transporte más eficiente, seguro y muy poco o nada contaminante, como vehículos eléctricos articulados.

Publicada 3 de junio de 2006, El Diario de Hoy

El Diario de Hoy
editorial@ elsalvador.com

“Kick the oil habit”, quitarnos el vicio del petróleo, es un movimiento que está cogiendo fuerza en Estados Unidos, para reducir la dependencia del país de los combustibles no renovables. El último en proclamarse abanderado es el actor Robert Redford, que personalmente se empeña en reducir, en lo posible, su consumo de energía.

Hay formas y formas de ahorrar gasolina, carburantes y electricidad, desde apagar las luces que no se necesitan, hasta convertir los propios vehículos en motores híbridos o que consumen gas licuado en vez de gasolina. Se nos dice que convertir un motor diesel a aceite, cualquier aceite, inclusive el quemado en los restaurantes de comida rápida, es muy factible; de seguro el empleo de aceite de ricino, de aceites y grasas vegetales y alcoholes, será cada vez más económico a medida que la tecnología para utilizarlos se perfeccione.
He aquí varias de las propuestas que se han hecho:

Este noviembre en California, los votantes tendrán la opción de apoyar un recorte del 25 por ciento al uso de petróleo, creando un fondo para desarrollar nuevas tecnologías;
en Texas hay un movimiento para que las compañías de vehículos desarrollan equipos que se puedan incorporar a los motores, para usar energías diversas, los híbridos. Se dice que es factible que un vehículo pueda recorrer cientos de kilómetros con un galón de gasolina;
Nuevo México quiere transformarse en un Estado “limpio”, sin contaminantes, a través de nuevas tecnologías; en Minnesota, cooperativas de agricultores están desarrollando una industria de carburantes biológicos, con lo que están fomentando la mejoría de la vida de las comunidades rurales.

De tontos y contaminaciones

“Todo es comenzar”. De ciudades y regiones tremendamente contaminadas donde la mayor causa de enfermedades son las respiratorias, hasta llegar a ambientes limpios, lo importante es que se tome conciencia de los problemas básicos y se comiencen a corregir a través de leyes, ordenanzas y colaboración del público. Un caso son los subsidios al transporte: en El Salvador se pueden ver buses circulando y contaminando, chatarras móviles, con pocos pasajeros, para cobrar subsidios. Lo propio es que la policía los detenga y saque de la circulación, pero se tropieza con el apoyo que algunos diputados dan a los buseros.

Ante esa clase de crisis, causada por el modelo de “transporte como minufundio” que dejó el expresidente Julio Rivera con todo el esquema de prebendas, lo lógico es pasar a otra clase de transporte más eficiente, seguro y muy poco o nada contaminante, como vehículos eléctricos articulados. Hay consorcios industriales que estarían dispuestos a financiar una transformación de esa clase.

Ahorrar combustible no se logra sólo con mejores motores, sino también facilitando el tráfico en las ciudades y los pueblos. La construcción de las grandes carreteras durante el quinquenio presidencial pasado resulta en menor desgaste de motores y carrocerías, ahorro de combustible y menos pérdida de tiempo para conductores y pasajeros. Nadie ha calculado el tiempo que pierden los capitalinos por la falta de un anillo periférico, bloqueado por los comunistas sin razón visible fuera de “oponerse por oponerse”. A ello hay que sumar el entorpecimiento a todo el tráfico de San Salvador a causa de la invasión de vendedores en las calles, en efecto creando un tapón enmedio de la ciudad. La imbecilidad es la más grave enfermedad de un país.

 

 

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