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El cambio radical del dictador Gadhafi

Editorial. En los últimos años, refrenó la canalización de los fondos para los programas de armamento o del terrorismo.


Publicada 2 de junio de 2006, El Diario de Hoy

Libia. El dirigente auspició golpes de Estado, invasiones y atrocidades.

The New York Times
El Diario de Hoy
internacionales@elsalvador.com

Hay algo en la noticia respecto a que Estados Unidos va a reanudar relaciones diplomáticas con Libia tras más de 25 años que en forma justificada hace que los estadounidenses se sientan decepcionados.

Durante casi tres décadas, Libia ha sido sinónimo de terrorismo, fanatismo y sentir antiestadounidense puro.

Este es el país que usó su vasta riqueza petrolera para financiar las fantasías del coronel Moammar Gadhafi de una dirigencia revolucionaria internacional al auspiciar golpes de Estado, invasiones, intentos de asesinato y atrocidades terroristas en todo el mundo.

Los estadounidenses tuvieron una prueba de los métodos de Gadhafi en 1988 con el bombazo del Vuelo 103 de Pan Am sobre Lockerbie, Escocia, un ataque que mató a 270 personas. Un año después, otra bomba terrorista libia mató 170 personas en un avión comercial francés que volaba sobre África.

Los propios libios han aguantado décadas de asesinatos, secuestros y torturas. De alguna forma, no parece correcta la idea de que todo esto se puede borrar de la memoria con nuevas florituras diplomáticas.

Sin embargo, la realidad es que el mundo ha cambiado enormemente desde los días en los que las relaciones eran tan malas que el entonces Presidente Ronald Reagan bombardeó blancos en Trípoli y Benghazi tras acusar a Libia de ordenar el bombazo de una disco alemana que mató tres personas. Ahí está lo obvio: el ataque del 11 de septiembre, las guerras en Iraq y Afganistán, y la crisis por las ambiciones nucleares de Irán.

Sin embargo, más allá de esto, la verdad es que Libia ya no es un gran jugador en el mundo de los Estados auspiciadores del terrorismo.

En los últimos años, Gadhafi ha dejado de participar directamente en el terrorismo internacional.

También estuvo de acuerdo en 2003 en desmantelar los programas de armamento no convencional de Libia, y todos los informes dicen que ha hecho justamente eso. Además, aparentemente se ha refrenado en la canalización de fondos para el financiamiento de programas de armamento o del terrorismo.

El alguna vez protegido de Gadhafi, Charles Taylor, el ex Presidente y caudillo liberiano, ya fue neutralizado y está tras las rejas, donde pertenece. Hay razones poderosas para aliviar el aislamiento económico de Libia y mejorar a la mayor parte de su pueblo.

Sin embargo, la decisión del gobierno de Bush de que las cosas con Libia salgan bien, sí resalta la aparente esquizofrenia de las relaciones de Estados Unidos con otros países, como Irán.

La secretaria de Estado de Estados Unidos, Condoleezza Rice, al anunciar la restauración total de los vínculos diplomáticos con Libia, lo llamó un “modelo importante cuando los países de todo el mundo presionan para que haya cambios en el comportamiento de los regímenes iraní y norcoreano”.

Eso plantea esta pregunta: ¿No se produjo el importante avance debido a que Estados Unidos sostuvo conversaciones directas con funcionarios libios? Con toda seguridad, no es el caso con Irán. Quizá debería serlo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


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