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Vargas Vila y “El Código Da Vinci”

Después de que comprobamos que la obra tiene de todo, como en botica de pueblo, Dan Brown lo único que logra demostrarnos es que, pese a su creatividad literaria, se trata de un seudo historiador

Publicada 2 de junio de 2006, El Diario de Hoy

Armando Rivera Bolaños*
El Diario de Hoy

editorial@ elsalvador.com

El escándalo que ha causado “El Código Da Vinci”, del escritor Dan Brown, me hace recordar, que según datos históricos, a finales del Siglo XIX hizo irrupción en el mundo literario un fecundo escritor colombiano, José María Vargas Vila, famoso por su inspiración poética, quien también cultivó un irreverente desprecio por las normas religiosas y por la excelsa figura de Nuestro Señor Jesucristo, hasta el punto de que la Iglesia Católica se vio compelida a excomulgarlo.

Precisamente, por mi mente, pasa aún el amargo sabor que tuve al leer una de las novelas de Vargas Vila, no recuerdo si fue “Ibis” o “Flor de Fango”, o quizás otra de sus creaciones, donde nos relata que el famoso ayuno de cuarenta días y cuarenta noches que Jesús pasó en el desierto, antes de comenzar su magisterio por las tierras israelitas, sólo fue una cortina de humo tendida por los que escribieron los evangelios del Nuevo Testamento, para ocultar a un Jesucristo bastante humano, varonil y seductor, que pasa ese largo tiempo en un intenso idilio sexual con su amante María de Magdala, una mujer hermosa y dedicada a la prostitución, quien desde entonces se convirtió en su eterna seguidora... y concubina, añadiendo, además, que desde ese romance tórrido el mismo Señor quedó, según Vargas Vila, “enfermo de los pulmones”. ¿Dónde queda hoy la obra de Dan Brown? ¿Acaso no repite las mismas sandeces?

Debo ser sincero: era casi un adolescente cuando leí lo que dejo narrado. Aquella lectura blasfema causó que mi temperatura corporal aumentara a un punto febril inexplicable, dada mi formación religiosa de ese tiempo y que, con alguna variante, sigue vigente en mis sentimientos.

Si Dan Brown no ha leído antes a Vargas Vila, porque la temática es similar, entonces debemos convenir que todo se debe a su imaginación, muy grande pero enfermiza, pues aparte de la trama detectivesca con la cual comienza su libro en uno de los pasillos del Louvre, donde después de una macabra y fría persecución, Silas, el sicario mandado por el “gran maestro”, mata a Jacques Saumere, un conservador del museo en cuestión y conocedor de los grandes símbolos secretos, nos conduce a una acelerada sucesión de hechos, con lo cual Dan Brown no logra mantener el suspenso, pues rápido sabemos que el “gran maestro” es un monje del “Opus Dei” --un grave error-- y de allí continúa una serie de eventos, unos policiales y otros tenebrosos, para desembocar, finalmente, en un ataque severo, blasfemo e infundado, contra la figura excelsa de Jesu-cristo, que es exactamente la misma versión que escribió Vargas Vila hace mucho tiempo: un supuesto y chocante concubinato con María Magdalena, hermana de Lázaro, a quien resucitó.

Sobre los Libros Apócrifos, parte de los cuales estuvieron una vez en mis manos, lo mismo que “El Mártir del Gólgota”, escrito por Enrique Pérez Escrich, o “Las Leyendas Marianas”, y otras más, se puede afirmar que en conjunto son obras que dan nuevas versiones, pero sin llegar a herejías, sobre el Hijo del Altísimo, a su paso como Hombre en esta tierra. Ahora bien, con respecto a los llamados Libros Apócrifos, entre ellos el Evangelio de Felipe (y no dudo que les agregarán un diz Evan-gelio de Judas de Kerioth o Iscariote, y el Evangelio de María Magdalena), no encuentro la razón por qué Brown señala que el Opus Dei los mantiene “escondidos” cuando es muy fácil, actualmente, leerlos en ediciones modernas o por la Internet.

Al final, después de que comprobamos que la obra tiene de todo, como en botica de pueblo, Dan Brown lo único que logra demostrarnos es que, pese a su creatividad literaria, se trata de un seudo historiador, un gran desconocedor de la Iglesia, que su obra no aporta nada a la investigación científica del cristianismo, se declara como un decidido enemigo de la entidad católica Opus Dei y finalmente, que al menospreciar la divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, sólo nos motiva a orar porque el Dios de amor le conceda perdón.

*Abogado y notario. Psicólogo.

 

 

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