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Breve Análisis
La situación fiscal
El país todavía mantiene el grado de inversión que obtuvo en 1997, que le permite emitir bonos de muy largo plazo en los mercados internacionales a tasas tan bajas, que son la envidia de casi toda L.A.
Publicada 2 de junio de 2006, El Diario de Hoy
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Manuel Hinds*
El Diario de Hoy
editorial@ elsalvador.com
En un artículo anterior planteé que hay cuatro factores comunes, que primero causan popularidad y luego la quitan, rápida y decisivamente, de cualquier gobierno. Estos son: la falta de disciplina fiscal, que rápidamente lleva a la quiebra; el uso de la protección contra la competencia extranjera para dar la impresión de crecimiento, que le quita ingresos a toda la población para dárselos a los que el gobierno privilegia; las nacionalizaciones, que burocratizan y corrompen la actividad económica, y la confusión entre imágenes y realidades que ataca a aquellos que han basado su genio en confundírselas a los demás.
También noté que aunque estos cuatro jinetes son todos capaces de destruir a un gobierno, el primero y el cuarto son los peores en el sentido de que actúan más rápida e ineludiblemente. En realidad, la caída de todos los populistas que han plagado a Lati-noamérica, de todos, toditos, todititos, ha estado ligada a problemas fiscales, el deseo de gastar más de lo que ingresa al erario nacional.
El Salvador tuvo su época populista con el Presidente Duarte, que hizo todo lo que está en el catálogo: entró en problemas fiscales; nacionalizó la banca y las exportaciones tradicionales, y realizó una desastrosa reforma agraria. Todo esto erosionó su popularidad --antes enorme--, su autoridad y su poder hasta llevarlo a él y a su partido al dramático fracaso del que nunca se han podido recuperar.
Sus reformas estructurales fueron catastróficas, pero lo que lo hundió fue su desorden fiscal porque las limitaciones que éste le impuso, y las medidas que tuvo que tomar para tratar de controlarlo, afectaron todas y cada una de las dimensiones de su gobierno.
El Duarte que se miraba como el que había descubierto que había que darle pan y circo al pueblo se encontró en la situación de que no tenía ni un quinto que dar y que más bien tenía que cobrar.
Esto sorprendió a Duarte, que había operado sobre la impresión de que el Banco Central podía crear tantos colones como él quería. Llegó un momento, sin embargo, en el que la creación de colones era tal que los únicos resultados de esta creación eran tasas cada vez más altas de inflación y de devaluación de la moneda. En su período, la inflación llegó a 35% anual y el colón se devaluó de 2.50 a 9.25 por dólar. Sin dólares y con unos colones que lo único que hacían era devaluarse cuando los imprimía, Duarte perdió el control de la economía.
Tuvo que ir al Fondo Monetario Internacional para que le dieran los dólares que necesitaba para pagar importaciones y deudas a otras instituciones y allí le dijeron que no le darían nada si no ponía la economía en orden, lo que implicaba que el que iba a decir lo que se hacía ya no era Duarte sino el FMI.
Y el FMI le dijo que tenía que recortar gastos e incrementar sus ingresos y que ya no iba a poder financiar esos programitas que tenía por aquí y por allá, para tener contentos a zutano y mengano.
El país no ha vuelto a pasar por la humillante situación de tener que doblegar la soberanía económica al FMI, desde que se arreglaron los problemas que Duarte dejó. El nuevo gobierno pagó lo que se le debía al FMI y nunca más ha vuelto a tomar prestado dinero de esa institución. Eso, por supuesto, se logró porque ese gobierno, y los subsiguientes, fueron muy responsables fiscalmente.
Ahora volvemos a tener problemas fiscales. No es nada comparable con los que tuvo Duarte, ni mucho menos. El país todavía mantiene el grado de inversión que obtuvo en 1997, que le permite emitir bonos de muy largo plazo en los mercados internacionales a tasas tan bajas que son la envidia de casi toda Latinoa-mérica.
Nuestra deuda todavía es muy manejable. Pero los déficits abultados y continuos la están incrementando y esto se está convirtiendo en motivo de preocupación para las empresas que informan a los mercados de los riesgos que presentan los bonos de cada país.
Hay tres grandes de estas empresas. Dos de ellas ya han informado públicamente que esperan que el gobierno haga reformas para incrementar sus ingresos, ya que creen que sin dichas reformas la deuda crecerá tanto, que ya no podrán calificarla tan bien como la califican ahora. Esto significa que más dinero tendrá que asignarse al pago de los intereses y menos a obras sociales y otras prioridades del gobierno. Los problemas de una deuda excesiva son tales que requieren medidas que son infinitamente más duras que las que tendrían que tomarse ahora para evitar que la deuda siga creciendo.
Resolver este problema, pensará mucha gente, no sería inteligente desde el punto de vista político. Eso pensó Duarte.
*Ingeniero y columnista de El Diario de Hoy.

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