Carlos Balaguer
El Diario de Hoy
editorial@ elsalvador.com
Duendes, sombras, recuerdos, añoranzas, sueños y pasiones,
son hechos de una misma substancia sutil e impalpable.
El perfume y el sueño son hermanos. Forjados de un mismo plasma,
de la ilusoria substancia de lo invisible.
Pero bien, aunque intangibles, son seres, presencias, sentimientos e ideas
inmateriales, pero reales. Entonces tenemos que convivir con un mundo
de seres y de cosas visibles e invisibles, materiales e inmateriales.
Los lejanos poetas chinos del pasado creían que el hombre, junto
a todo lo fugaz, era ilusión. Ilusión para ellos era lo
que pasaba y lo real era lo que perduraba. Una mariposa o una flor, un
sueño o un deseo, eran ilusión porque pasaban. (El mismo
ser humano era ilusión, por pasajero). Las estrellas, los mares,
los montes y el universo eran lo único permanente en aquel idílico
mundo de lo fugaz. Aunque lo efímero suele ser más intenso.
En un instante podemos llegar a vivir lo que no vivimos en un largo tiempo.
Lo fantasmagórico abarca entonces el mundo sutil de lo efímero
y breve.
Las fantasías y las imaginaciones, eran, después de todo,
igual de improbables como los espectros del misterio. ¡Ah, felices
fantasmías, que fueron nuestras tan sólo la eternidad de
su instante!
(palabrasbalaguer@gmail.com)
Día a día
Administrar con prudencia
Los estados no pueden dedicar todos sus recursos a lo que políticamente
es atractivo, o ajustarse a la presión de tontos o pérfidos.
En esto y recordando un ejemplo que citamos con frecuencia, los gobiernos,
las empresas, las familias y las personas se ven en el problema del hombre
que se cobija con una manta pequeña: si se cubre los pies, le quedan
los hombros descubiertos; si se cubre los hombros, los pies quedan al
frío.
Esa realidad obliga a todos a tener prioridades y administrar con prudencia;
en el caso de la salud, hay más beneficio previniendo que curando.

|