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Economía para todos
Costo de oportunidad..., y punk rock

Claro, porque en economía, al igual que en todos los órdenes de la vida, el verdadero costo de alcanzar un objetivo incluye “todo lo demás” que usted abandona para conseguir tal meta.

Publicada 30 de mayo de 2006, El Diario de Hoy

Alejandro Alle*
El Diario de Hoy

editorial@ elsalvador.com

Es probable que a usted le resulte familiar la expresión “costo de oportunidad” (como suena inteligente, se la escucha repetidamente en conversaciones solemnes…), la cual pese a encerrar un concepto simple, incluye varios elementos esenciales de la ciencia económica, que resultan interesantes para ser desarrollados. ¿De qué se trata?

Bueno, de la existencia del costo de oportunidad se dieron cuenta hasta los ingleses de The Clash, un conjunto de punk rock de la época de los Sex Pistols (no se haga el inocente y acepte que le gustaban). ¡Ah!, es que usted era monaguillo…, claro.

Al igual que al concepto que hoy nos ocupa, a The Clash también se los escuchaba repetidamente (pero no en conversaciones solemnes…, sino en las radios y en las discotecas).

El también inglés “Essential Economics”, libro de Matthew Bishop, publicado por la revista The Economist, nos brinda una explicación clara de este concepto, a través del siguiente ejemplo: el costo de oportunidad en que usted incurre cuando elige estudiar abogacía no es sólo la cuota de la universidad, el precio de los libros, y todos los gastos relacionados con la carrera. ¿Qué?, ¿hay que agregar algo más?

Claro, porque en economía, al igual que en todos los órdenes de la vida, el verdadero costo de alcanzar un objetivo incluye “todo lo demás” que usted abandona para conseguir tal meta. ¿Por qué habría de ser diferente justamente en la economía, que es la ciencia que estudia la asignación de los siempre escasos recursos?

Pero entonces, ¿qué es “todo lo demás” que hay que agregarle a la cuota y a los libros para estudiar abogacía? En el caso de una carrera universitaria (el ejemplo fue abogacía, pero podría ser cualquier otro, obvio), la alternativa que usted deja de lado es probablemente un trabajo full-time desde joven, el inicio de una pequeña empresa personal…, o una brillante carrera como futbolista.

¿Dije futbolista? Mensaje para Riquelme, Messi y Crespo: ¡gracias por no haber estudiado abogacía! (Pero ahora quiero la tercera copa del mundo, que ya llevamos 20 años sin ganarla).

El costo de oportunidad que tiene la utilización de un recurso determinado, como por ejemplo el tiempo, es el valor que le asignamos a la segunda mejor opción que en ese momento tenemos para disponer de él. Tranquilo, que es fácil.

Digamos que un sábado por la tarde usted tiene tres programas: ir al cine, ir a jugar tenis, o quedarse en su casa leyendo un libro de literatura griega (¿what?).

Si usted decide ir al cine, pero su segunda opción hubiera sido ir a jugar tenis porque también le gusta (de literatura griega ni hablemos…), el costo de oportunidad de haber elegido lo que más le gustó, que es ir al cine, fue haber relegado su segunda opción, que hubiera sido sacar a pasear la raqueta (digo, jugar tenis…).

El valor asignado a la tercera alternativa, que hubiera sido leer el libro de literatura griega, no es relevante a la hora de determinar su verdadero costo de oportunidad: el placer que usted relegó esa tarde por no haber jugado tenis. (Federer, quedáte tranquilo que se fueron al cine).

Lo mismo aplica para el dinero ¿eh?, porque no crea que esto sólo vale para el uso del tiempo. Por ejemplo, si a usted le gustan los sorbetes de vainilla y los cookies de chocolate, considerando que la cantidad de dinero disponible para golosinas es limitada (además, no es cuestión de ponerse gordo como Ronaldo…), probablemente elija sólo los cookies: el costo de oportunidad habrá sido privarse del sorbete.

¿Por qué eligió usted los cookies? Porque el “costo” (¡de oportunidad!) por haber abandonado la segunda opción que era el sorbete, fue menor que el “beneficio” originado en el placer de comer cookies.

¿Qué cosa, no? Siempre estamos haciendo análisis “costo-beneficio” (somos mucho más “economicistas” de lo que pensamos…, ¡oops!).

No crea que la duda que a usted diariamente lo aqueja acerca de si “debería quedarse o debería ir” a algún lugar es exclusivamente suya, porque es justamente la que tenían los de The Clash, cuando cantaban una canción que años después fue jingle de un conocido comercial de jeans Levi´s: “¿Should I stay or should I go?”

Hasta la próxima.
*Ingeniero. Máster en Economía (ESEADE, Buenos Aires). Columnista de El Diario de Hoy. alejandro_alle@yahoo.com

 

 

 

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