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La Nota del Día
La mejor política social es generar empleo

El Salvador, bien lo sabemos, es un país pobre, pero sería más próspero y anclado en el segundo mundo, de no haber sido por la agresión comunista.

Publicada 30 de mayo de 2006, El Diario de Hoy

El Diario de Hoy
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Al preguntar reporteros de un programa televisivo cuál es la mejor forma de resolver la pobreza, los entrevistados unánimemente dieron una respuesta: crear fuentes de empleo. Más que subsidios, programas sociales, atención a la salud o apoyo a la educación, lo más importante es sentar las condiciones que propicien la generación de empleo. Cuando la gente tiene trabajo, la gente por sí sola comienza a ordenar su vida y a satisfacer sus necesidades más apremiantes.

Propiciar la creación de empleo, como enfatiza el ex presidente español José María Aznar, es el más efectivo programa social. Lo dijo hace dos mil años el filósofo chino Kuan-Tzu: “Si regalas a un hombre un pescado, le darás para una comida; si le enseñas a pescar, comerá toda su vida”.

Los ríos y estanques donde pescan los hombres de nuestro tiempo son las fábricas, las empresas y negocios, las granjas y haciendas en producción, las oficinas, centros de estudio, barcos y ferrocarriles. Y para que empresas y negocios se establezcan, funcionen y prosperen, es esencial que haya claras reglas del juego, libertad empresarial, seguridad jurídica y personal.

Hace unos años en Chile se dio un caso muy interesante: para solucionar el problema de familias pobres, el gobierno ideó un programa de subsidios, pero condicionado a que la gente trabajara en proyectos de beneficio comunitario.

En unos casos se trataba de obras de limpieza, en otros renovar parques, construir muros o reparar caminos. Casi de inmediato los que solicitaban ayuda se esfumaron; preferible, deben haber pensado, vegetar como pobres que estar mejor pero tener que trabajar.

La idea chilena, en todo caso, merece aplicarse: se procura trabajo a los jefes o jefas de familias en necesidad, pero condicionado a que lleven a sus hijos a la escuela. Darles algún trabajo aunque no sean jornadas completas; lo esencial y en su propio beneficio es iniciar un proceso de inserción personal en el mundo del trabajo organizado.

Esas labores, como prácticamente cualquier ocupación productiva, pueden estructurarse para que además de lograr objetivos (mejorar los caminos hacia una comunidad, como ejemplo) capaciten y disciplinen, dejando a los beneficiarios preparados para seguir adelante.

A menos ingreso, menos gasto

El Salvador, bien lo sabemos, es un país pobre, pero sería más próspero y anclado en el segundo mundo, de no haber sido por la agresión comunista iniciada en la Década de los Setenta, y el desgobierno de esos años. Si ahora tenemos deudas, se debe sobre todo a que fue imprescindible reconstruir desde el sistema eléctrico y de comunicaciones, hasta buena parte de la infraestructura que la guerrilla enloquecida aniquiló. Es paradójico que el grupo que más se opone a los préstamos y se las pasa predicando sobre un supuesto límite al endeudamiento, sea el causante de gran parte de este, de los compromisos que El Salvador tuvo que adquirir para la reconstrucción.

En las presentes circunstancias políticas el gobierno no puede contar con la plena aprobación de los préstamos solicitados, lo que lleva a la otra y siempre beneficiosa alternativa: recortar gastos, anular programas que no cumplieron su promesa, reducir el tamaño de la burocracia, aumentar la eficiencia. En otros términos, hacer lo que todos hacemos cuando se reduce nuestro ingreso: cortar los gastos, eliminar los bailoteos.

 

 

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