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El impacto del divorcio

La alta tasa de rupturas refleja la dificultad que las personas tienen para asumir mayores responsabilidades. Una explicación es que las separaciones se dan, cada vez más, entre parejas jóvenes


Publicada 29 de mayo de 2006 , El Diario de Hoy

Jorge Ávalos
El Diario de Hoy
nacional@elsalvador.com
Rompimiento. El divorcio interrumpe el ciclo vital de la pareja, modificando a veces negativamente el estatus social de la familia. Foto EDH

Es la 1:30 de la tarde en el Hotel Terraza y la doctora Claudina Padilla de Campos, jefa del Departamento de Psiquiatría del Seguro Social, nos da un breve espacio de su tiempo para una entrevista sobre el divorcio.

Sin notar la ironía, comenta que participa en una conferencia sobre la salud mental en tiempos de desastres. El rápido crecimiento de la tasa de divorcios en El Salvador parece anunciar una calamidad, ¿deberíamos estar preocupados?

“Sí”, responde, “porque estamos mirando cifras de los matrimonios, pero no estamos viendo las cifras de parejas que no tenían un vínculo legal pero que también se están disolviendo, de manera que el dato estadístico es todavía más grande”.

Según la doctora Padilla de Campos, la duplicación de divorcios durante la última década es el “pico del iceberg” de un problema mayor: “Estamos sufriendo una pérdida de valores.

Esos números reflejan la dificultad que las personas tienen para adaptarse y para asumir un incremento en sus responsabilidades”.

Una variable importante es que las separaciones ocurren, y con mayor frecuencia, entre personas cada vez más jóvenes. “Se dice que el séptimo año es crítico”, observa, “pero las parejas actuales no llegan siquiera a ese año. Se están divorciando en el segundo, en el tercero y, a veces, muy tempranamente, en el primer año”.

Pero, ¿qué es lo que está ocurriendo? La doctora Padilla de Campos opina que los parejas se están casando demasiado jóvenes, a veces por impulso o por la obligación de un embarazo, y sin la preparación ni la voluntad para enfrentar las responsabilidades de pareja y de mantener a una familia.

El costo social

Dentro de las escalas de estrés, hay una muy conocida desarrollada por psiquiatras de la Universidad de Washington. El puntaje más alto es de 100 puntos y ocurre con la muerte de un miembro de una pareja. El divorcio genera un puntaje de 73, indicando que se encuentra en el alto rango de estrés provocado por una pérdida.

“El divorcio”, explica la doctora Padilla de Campos, “genera frustración. Es un suceso que rompe el ciclo vital de la familia y de la pareja afectando no sólo a los más allegados al matrimonio sino también a su círculo social”.

La mujer sufre un alto costo social después de una separación legal. La pérdida de su apellido de casada la obliga a hacer cambios en sus documentos vitales, en sus cuentas bancarias, en los expedientes de su trabajo y de su salud.

El valor de la verdad

“En ocasiones se dice que las parejas no se deben separar por el cuido de los hijos, pero esto es rebatible”, dice la doctora Padilla de Campos.

“No debemos perder de vista”, asevera, “que lo más conveniente para los niños es que vivan en un hogar sano donde haya una buena comunicación, y expresiones de afecto y de cariño”.

La comunicación honesta, señala, es también el primer paso en el camino para prevenir una separación. La desconfianza, el distanciamiento y la falta de afecto son indicadores de que se debe buscar ayuda, sobre todo cuando se tiene la responsabilidad de los hijos.

“Todo es superable”, dice la doctora Padilla de Campos, “siempre y cuando la persona tenga deseo y voluntad”.

Un cambio legal a favor de la mujer

En 1994 la Asamblea Legislativa reemplazó el Código Civil vigente desde 1860 con uno de los códigos de jurisprudencia familiar más progresistas de América Latina.

Como resultado, se eliminó una ley de divorcio considerada tan discriminatoria contra la mujer que la Comisión Interamericana de Derechos Humanos la denunció en un histórico reporte de 1978.

Con el antiguo código civil, para que el hombre anulara su matrimonio bastaba invocar el adulterio de su mujer. Para que se admitiera esta causal de divorcio contra el hombre, la mujer debía probar que el adulterio iba acompañado de un “escándalo público”.

En otro ejemplo, antes de 1994, se registraban 300 casos anuales de violencia doméstica. Sólo un año después del nuevo código se registraron 14,000 casos. Hay ahora un número creciente de mujeres que están tomando provecho de las nuevas leyes, y esto incluye la iniciativa en casos de divorcio.

Signos de Alerta
La pareja debe sincerarse y, si es necesario, buscar ayuda profesional

Distancia pasiva
Hay poca comunicación. Uno de ellos no llega a las horas usuales y deja de asistir a citas familiares.

Emergen Conflictos
Quejas inesperadas de la comida y de otros detalles sin importancia. Se resienten viejos temas ya resueltos.

Falta de intimidad
Se disminuyen las caricias, las muestras de afecto y la actividad sexual. Puede surgir la violencia.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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