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| Necesidad. María Ester Villedas aún no puede pensionarse. Foto
EDH |
Tiene artritis de pies a cabeza. Ese es el diagnóstico que hace tres años recibió tras consultar en el ISSS de Apopa.
Después de recibir la noticia, María Ester Villedas González fue medicada con Ibuprofeno y, alternativamente, con acetaminofén. “Nada me caía bien”, recuerda esta sexagenaria. Y a pesar del dolor en sus manos, rodillas y huesos, siguió trabajando como ordenanza en una escuela privada.
Ante la inefectividad de los analgésicos, el médico especialista que la atiende por su artritis la remitió a la Clínica de Dolor que funciona en el edificio del Hospital Oncológico del ISSS.
Ahí, al saber que los analgésicos no disminuían el dolor en los huesos de María Ester, el anestesiólogo Jaime Pérez le recetó oxicodona, un opioide potente, más acetaminofén. La mujer recuerda que aunque tomó esos medicamentos durante un año, tampoco mejoró. “Me daba tristeza porque ¿cómo iba a pasar mi vida así?”, afirma.
Esto hizo que el anestesiólogo le ordenara una resonancia magnética que sacó a luz una hernia en la columna de María Ester. Eso es lo que le provoca un dolor intenso en su brazo izquierdo y le hace difícil la cotidiana tarea de levantarse de la cama o del sofá.
Tras el nuevo diagnóstico, el anestesiólogo la refirió al fisiatra y al neurocirujano. Con el primero, María Ester ha aprendido a dejar la cama de forma menos dolorosa: “Hay que arrastrar las piernas hacia la orilla y luego levantarse suave”, explica.
Respecto al neurocirujano, ella se resiste a una posible operación. Se confiesa cristiana evangélica y argumenta: “Tengo fe que Dios me va a quitar la hernia”.
La vida sin sufrimiento
Para criar a sus hijos, esta mujer que emigró de Tejutla, Cabañas, a San José Las Flores, Apopa, trabajó como mucama en un hotel. Como muchas otras salvadoreñas, lavó y planchó ropa sin pensar que un día, tareas tan cotidianas serían imposibles de realizar.
Actualmente, además de oxicodona, María Ester toma media tableta de Tizanidín, un relajante muscular, por las noches; y Neurontín —útil contra el dolor neuropático— tres veces al día. A esto se suman otras dos pastillas contra la hipertensión y la gastritis.
En su más reciente visita al anestesiólogo, María Ester relató los resultados de su tratamiento: “El fin de semana le ayudé a mi hermana a coser. Hoy lavo mi ropa, mis trastes y no me duele”, confiesa Villedas.
Aunque aún le es difícil y doloroso subir a los buses, tiene una esperanza: “Le digo al Señor que tome control de mis huesos... Estoy esperando un milagro”.
“En los nacionales aún tienen ese tabú”
El 80% de los salvadoreños no tiene acceso a una clínica del dolor
El anestesiólogo Jaime Pérez, de la Clínica del Dolor del ISSS, explica el trabajo que ahí realiza.
¿Por qué una clínica del dolor?
Jaime Pérez: A veces pretendemos manejar con los mismos medicamentos a todos los paciente, y no. Lo que le puede resultar a un paciente para un mismo tipo de dolor, no le funciona a otro. El paciente con dolor tiene derecho a ser tratado, a pesar de que esté enfermo, o que tenga una enfermedad terminal.
¿Qué opioides tienen en el ISSS?
Codeína combinada con el acetaminofén, es más suave. Oxicodona combinada con acetaminofén. Y el sulfato de morfina. Ese viene solo y es de liberación prolongada, dura 12 horas el efecto.
La gente que no está asegurada, ¿Puede ser atendida en otras clínicas de dolor?
Como clínicas de dolor, a nivel nacional no hay. La del seguro es la única institucional. Yo sé que a nivel de hospitales nacionales, los de referencia como el Rosales y el Zacamil, tienen ciertos medicamentos, pero no sé decir qué restricciones tienen sobre ellos.
En el Seguro, gracias a que el doctor Arriaza y yo damos charlas, los colegas, sobre todo los oncólogos, miran que si el opioide se utiliza correctamente, es una opción buena y válida. Creo que a nivel de hospitales nacionales todavía tienen ese tabú. Es lamentable que no tengan clínicas del dolor formadas porque cubren más del 80% de la población.
Los diferentes tipos de dolor
En la realidad, los distintos tipos de dolor se combinan. Un dolor puro es algo raro.
Neuropático
El paciente se queja de una quemadura, ardor y piquetes. Lo produce un estímulo del sistema nervioso central o una lesión de vías nerviosas periféricas.
Somático
El paciente lo ubica bien. Es un dolor que se irradia siguiendo vías nerviosas. El más frecuente es el dolor óseo producido por metástasis en los huesos.
Visceral
Este dolor se localiza en las vísceras y se manifiesta como un cólico, resultado de la metástasis hepáticas y el cáncer pancreático. Se trata con opioides.
Sicógeno
Se determina que el dolor es de este tipo luego de examinar al paciente sin encontrar una causa. Es la manifestación de un problema psico-social.

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