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Una realidad
El Código Da Vinci se desinfla

No escribo esto para que no se vea. Se verá. Dice la Sagrada Escritura que el número de tontos es infinito, pero a mí me gusta más como lo dicen los gitanos: “Si los tonto volaran, todos los días serían nublados”

Publicada 29 de mayo de 2006, El Diario de Hoy


Luis Fernández Cuervo*
El Diario de Hoy

editorial@ elsalvador.com

Ya está en nuestras pantallas. Ya lo ha visto alguna gente ¿y?... ¿Tanto ruido para esto?. Pues sí, eso era, eso fue siempre: una estafa literaria, histórica y pseudorreligiosa, que al pasarla a la pantalla perdió categoría como “thriller”, haciéndose pesada hasta el punto de que algunos espectadores se marchan antes de que termine, otros se ríen donde se pretendía que debían emocionarse, y algunas críticos, más feroces, dictaminan que de toda una serie de personajes falsos, acartonados, no se salva ni siquiera Tom Hanks, que parece “un zombie inflado”. Algún crítico al menos ha querido dar cierta irónica grandeza a su juicio negativo, aplicándole una frase sacada de “Macbeth”, famoso drama de Shakespeare: “A tale told by an idiot, full of sound and fury signifying nothing” (”Un cuento contado por un idiota lleno de sonido y furia que no significa nada”).

Yo creo que significa mucho y grave. Define lo que ya he advertido en otras columnas: crece la masa mundial de gente despersonalizada, que siente, pero no razona y cuando razona es con las consignas de que el marketing le ha metido en su mente perezosa. Muchos de ellos, si se dicen cristianos, en realidad no lo son, puesto que van a ver cómo se blasfema a Jesucristo. Son idólatras. Sus dioses son la sensación morbosa, la curiosidad, la novedad, la moda, el capricho, la frivolidad.

¿Dónde reside el éxito de “El Código da Vinci”? ¿Su valor literario está en el misterio, intriga, suspense, etc., que plantea? Desde luego que no. The Times, de Londres, diario con larga fama de serenidad e imparcialidad en sus juicios dijo: “Este libro es, sin duda, el más tonto, inexacto, poco informado, estereotipado, desarreglado y ejemplo populachero de “pulp fiction”que he leído”.

El País, de Madrid, periódico conocido por sus pocas simpatías hacia el catolicismo, no por eso fue menos severo, sentenciando así al libro de Dan Brown: “Es el bodrio más grande que este lector ha tenido entre manos desde las novelas de quiosco de los años setenta”. El crítico de este diario pasa por alto los insultos a la Iglesia Católica y al Opus Dei y toda una serie de fallos literarios (“aburrido, torpe, frases tontas, mínima astucia narrativa”, etc.), pero no perdona que haya tenido un éxito de ventas y lectores tan por encima de cualquier verdadera cumbre de la literatura. Eso no lo perdona. “No se puede insultar” --dice-- “a una tradición de grandes artistas y de artesanos competentes con algo tan miserable”.

Desde el punto de vista histórico (Constantino, Igle-sia, Templarios, Opus Dei, Priorato de Sión, Leonardo y sus cuadros, etc.), tampoco tiene más valor que el del disparate. ¿Dónde está, pues, su valor real? En el escándalo de la acusación a fondo: La Iglesia ha ocultado la realidad de Jesucristo, es mentirosa y criminal. Y eso manejado de forma ambigua. Por un lado dicen que todos los datos e instituciones son verdaderos.

Por el otro lado dicen que sólo es imaginación, un pasatiempo, que no hay por qué enojarse. Pero cuando arrecian las negativas a verla, el que se enoja es Ron Howard, director del film, y no duda en insultar y llama “fascistas” a los que piden no verla y dictamina que eso es un “acto de militancia que genera odio y violencia.” Con él algunos periodistas le hacen el juego, diciendo que la Iglesia “arremete” contra el film.

Los agresores, además de ofender, insultan y juegan a presentarse ellos como agredidos. Tienen el descaro de pretender que los insultados, los cristianos, no tengan derecho ni siquiera a expresar su punto de vista y que sus autoridades no puedan aconsejar que no se vea. Da asco tanto desprecio por los valores y v creencias de los demás, tanta hipocresía.

No escribo esto para que no se vea. Se verá. Dice la Sagrada Escritura que el número de tontos es infinito, pero a mí me gusta más como lo dicen los gitanos: “Si los tonto volaran, todos los días serían nublados”.

*Dr. en Medicina y columnista de El Diario de Hoy.
lfcuervo@telemovil.net

 

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