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Impulso se consolida el plan social

Más apoyo a la salud rural y el inicio de las obras en hospitales. La emergencia por la diarrea evidenció las carencias del sistema


Publicada 28 de mayo de 2006 , El Diario de Hoy

Desafío. La inversión en Salud está dirigida a la población más necesitada del país. Foto EDH
El Diario de Hoy
nacional@elsalvador.com

Con la vista puesta en el cumplimiento de los Objetivos del Milenio para el 2015, que es lo mismo que decir educación básica universal y de calidad, bajas tasas de mortalidad materna e infantil, acceso general a medicamentos y una atención especial a pandemias como el sida, los funcionarios de Salud y Educación ven positivo lo realizado en el segundo año de administración del Presidente Elías Antonio Saca.

Las cifras de inversión, los logros y programas implementados parecen indicar que ese es el camino. No obstante, los resultados de pruebas como la Paes, en educación, o la última crisis sanitaria, causada por el brote de diarrea, dejan entrever desde dónde parte el país y lo que falta por hacer.

El viceministro de Salud, Ernesto Navarro, después de calificar de “exitoso” el periodo en cuestión, destacó la colocación de la primera piedra en los hospitales de Cojutepeque y San Rafael.

Los proyectos, “dormidos” como matizó el funcionario, empiezan a andar cinco años después de que quedaran destruidos por los terremotos. Al esfuerzo preventivo, el país mantiene un 95 por ciento de inmunización de 11 enfermedades prevenibles en la infancia, le suma el trabajo en la zona fronteriza, apoyado por 26 ONG, y su proyecto estrella: el Fosalud.

La extensión de horario en 66 de los 100 centros de atención previstos, el apoyo al Ministerio de Salud en emergencias como Stan, sin olvidar el financiamiento de la próxima vacuna contra el rotavirus, resumen la labor de Fosalud. “Tenemos un presupuesto de $20 millones y creo que es un programa beneficioso”, asevera el director Ricardo Lara.

No obstante, en la última emergencia por las diarreas afloraron las carencias de un sistema que daría un giro de 180 grados si el Gobierno hace realidad la propuesta de reforma del sector.

En un resumen de la Unidad de Comunicaciones, el Seguro Social, ente que tiene un rol importante en la reforma mencionada, destaca como principales logros el acortamiento de citas y la reducción del desabastecimiento de medicamentos.

Mariano Pinto, el ex director hasta hace unas semanas, dejó el cargo en medio de serias acusaciones en la adjudicación de ocho obras con una inversión de $70 millones.
Como Salud, Educación apuntaló varios de sus proyectos, enmarcados en el Plan 2021, algunos de los cuales van de la mano de Red Solidaria.

 

ISSS habla de avances en atención a pacientes

El Seguro Social, en un comunicado resumen de la gestión del último año, subraya que “se han producido cambios trascendentales que han fortalecido la atención integral del paciente”. La modernización en materia tecnológica para agilizar los procesos de atención del usuario y la descentralización de los servicios de afiliación y subsidios son algunos de los objetivos cumplidos.

La administración, hasta hace unas semanas en manos de Mariano Pinto, también se ha visto salpicada por acusaciones que, a la postre, le costaron el puesto al director.

La construcción y reconstrucción de hospitales, con una inversión de $70 millones, ha estado en la mira de empresarios, miembros del Consejo Directivo y la Corte de Cuentas, ente que investiga, al menos, diez procesos de esta institución realizados bajo la administración del ex director.

El Seguro Social califica como un logro detener el des-abastecimiento de la institución que hoy estima en un cuatro por ciento. No obstante, la falta de medicamentos para enfermos diabéticos e hipertensos, entre otros, empaña en parte los objetivos alcanzados por el ente autónomo.

José Hember jaime
Director U. Salud Isla de Méndez
Carencias sanitarias
“Entre las necesidades que tenemos están la falta de un promotor de salud y un inspector de saneamiento que haga el trabajo de prevención”

Ernesto Navarro
Viceministro de Salud
Apoyo a la atención primaria
“Cambiamos las estrategias para irnos más a la prevención que a la curación. Un logro es el cambio en el estilo de vida”

 

Análisis
El caite y el mesón
EL DIARIO DE HOY
Durante la primera mitad del pasado siglo, aparecían en las fotos color sepia, en las zonas rurales del país, trabajadores de hacienda. Cotón y calzones de manta, sombrero rústico en la cabeza, descalzos o con alpargatas (chancletas de cuero viejo). Cuando hubo más automóviles en el país se popularizó el caite, una suerte de sandalia hecha de correas de cuero y de pedazos de llanta. Eran los tiempos del monocultivo.
Tiempos de grandes contrastes económicos y sociales con sus consecuentes repercusiones políticas. Y es que para sembrar, cortar y comercializar el “grano de oro” no se requería de personal especializado. Familias enteras se desplazaban una vez por año hacia los cafetales. Con lo ganado en esos casi tres meses de temporada, tenían para comprarse su tradicional vestimenta más lo requerimientos básicos para el rancho. El resto del año había que ocuparse de la milpa o, de ser posible, trabajar como jornalero o cualquier otra actividad requerida por el patrón.
Si el caite era el símbolo de lo rural, la pieza de mesón era su equivalente en lo urbano, y lo fue durante casi siete décadas. Época en que muy pequeña —casi ínfima— era la clase media. El panorama comenzó a cambiar un poco en la década de los sesenta, con un extraordinario apogeo del sector industrial. El Mercado Común Centroamericano puso de manifiesto en la región la laboriosidad de los salvadoreños y la agresividad de nuestro sector empresarial.
El Bulevar del Ejército se transformó en la principal zona industrial de Centroamérica; el desarrollo de la industria demandó de obreros calificados y de profesionales en diferentes disciplinas. Por esos tiempos, se reporta en el trabajo que publicamos en este periódico bajo el título de revista “Centuria”, nos llamaron —a los salvadoreños— “los japoneses de Centroamérica”. La guerra con Honduras, en 1969, hizo saltar en pedazos el experimento del Mercado Común Centroamericano.
El proceso de transformación de las estructuras económicas del país, no obstante, continuó. No deja de ser sorprendente que haya sido en el país mas pequeño y más densamente poblado de la región, donde se ejecutó —hace 50 años— la obra de infraestructura mas ambiciosa de la región: la presa hidroeléctrica 5 de Noviembre. Llegó la década de los años setenta y continuaban las grandes obras de desarrollo también: otras presas, la autopista que une la capital con Santa Ana y el Aeropuerto Internacional.
El rostro de la capital comenzó a cambiar. Surgieron luego los grandes centros comerciales, los restaurantes de comida rápida, las discotecas y aparecieron grandes almacenes y tiendas por departamento. La economía, empero, caminaba en contra sentido con la aguda crisis política que se expresaba en el surgimiento de grupos armados que pregonaban la revolución socialista.
Según ciertos analistas, el golpe de Estado de 1979 tuvo algunas intenciones de evitar la guerra, pero no sólo no la evitó, sino que la aceleró y sumió al país en la peor crisis económica de su historia. El retroceso fue de décadas.
La guerra consumía prácticamente la mayor parte del presupuesto nacional y millares de salvadoreños emigraban, principalmente, hacia los Estados Unidos. La diáspora salvadoreña ha provocado el mayor impacto económico, social y cultural que el país haya vivido, ya que para cuando terminó la guerra, las remesas familiares eran ya la principal fuente de divisas del país.
La apertura económica iniciada en 1989 tuvo una mayor efectividad por las grandes obras de desarrollo que se construyeron hace más de tres décadas. Nuestra orientación hacia una economía de servicios ha venido consolidando, en los últimos 15 años, una pujante clase media que se expresa en cifras que hablan por si solas: de 90 mil autos en esa época a más de 600 mil el año pasado.
Los profetas del Apocalipsis hablan de “la crisis económica y social”. Mientras tanto, los numerosos centros comerciales registran una formidable actividad, se siguen vendiendo millares de vehículos cada año y surgen más y más zonas residenciales, con casas de diferentes precios. Es cierto que estamos aún muy lejos de erradicar la pobreza, pero también el caite y la pieza de mesón son cada vez más recuerdos de un pasado en color sepia.



 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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