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El país de la “no empatía”

En un país con empatía, los autobuses viajan en las ciudades ordenadamente en el carril de la derecha y ahorran mucho combustible, están asegurados, se mueven de forma segura

Publicada 28 de mayo de 2006, El Diario de Hoy


Pedro Roque*
El Diario de Hoy

editorial@ elsalvador.com

La “no empatía” es algo diferente a la “antipatía” y quiero expresarla así, para explicar mejor esta conducta. Empatía significa “identificación mental y afectiva de un sujeto con el estado de ánimo de otro”, a la que yo quisiera añadir una mínima acción que no requiere esfuerzo, sino comprensión de la situación y que sintiéndose parte de un sistema, nos motiva a hacer algo para que las cosas funcionen mejor… Son acciones que cuando se hacen, sirven de catalizador para que los sistemas funcionen y que cuando, sin darse cuenta o intencionadamente no se hacen, las cosas funcionan mal.

Veamos algunos ejemplos: En los países civilizados están ahorrando combustible, energía eléctrica, tiempo, accidentes y estrés, sustituyendo los semáforos por redondeles para incrementar la fluidez del tráfico. Ahí los conductores, que se sienten parte del “sistema de tránsito”, compuesto por millones de vehículos, las calles, los semáforos y la señalización, entran y salen ordenadamente por las diferentes vías en los redondeles, uno por cada vía en forma de cremallera.

Consecuencia, el tráfico fluye más despacio, pero lo hace en todas las direcciones. ¿Qué sucede en el país de la “no empatía”? En una hora punta, la cola de vehículos que está entrando al redondel no permite que entren otros y se forma un gran atasco que bloquea todo el sistema, hasta que alguien, harto y arriesgando la vida, entra peligrosamente y detrás de él la cola de los que esperaban, hasta que sucede lo mismo en la otra dirección.

En un país con empatía, los autobuses viajan en las ciudades ordenadamente en el carril de la derecha y ahorran mucho combustible, están asegurados, se mueven de forma segura, las empresas de transporte son rentables, tienen buses nuevos y según las estadísticas, hay menos accidentes, las tarifas permiten ganancias, los motoristas trabajan ocho horas y no andan estresados.

En el país de la “no empatía” es al revés. Circulan por la izquierda, el viaje es inseguro, incómodo, no respetan las señales, no tienen seguro y las empresas, en lugar de ganar, pierden o sólo sobreviven.

En los países con empatía las empresas grandes utilizan los sistemas de gestión, para mejorar y cumplir con el principio de “beneficio mutuo con los proveedores”, implantando procedimientos que agilizan los pagos a las PYMES.

En el país de la “no empatía”, hay empresas certificadas ISO 9000 e ISO 14000, donde se usan los procedimientos para reducir el beneficio mutuo. Conoz-co casos, donde los responsables de finanzas explican, que sus nuevos procedimientos y políticas de pago les obligan, por ejemplo a extender un “quedan” por “$30 para 30 días”, a tardar 90 días para pagar $80, o los grandes distribuidores, pagar a los pequeños proveedores a 60 días, después de haberles forzado un descuento del 20%, luego retrasar el pago 30 días más y al final, como me contaba un pequeño empresario, que tiene cuatro costureras, cuando ya han pasado 45 días, en lugar de pagarle el pedido, lo mandan a contar a las estanterías cuántas piezas hay, porque le darán otro “quedan” para 30 días, sólo por el importe de las piezas que han vendido. Incluso, según me cuentan, hay empresas afiliadas, que a los pequeños proveedores les compran los “quedan” por el 10% menos.

En los países civilizados, la competencia entre las empresas es sana y leal, ofreciendo productos y servicios de mejor calidad. En el país de la “no empatía”, con los clientes lo que prima en muchos es la competencia desleal, bajando precios y ofreciendo mala calidad.

En los países con empatía las ONG son ONG y se dedican a lo que les da razón de ser, como ONG. En el país de la “no empatía”, hay ONG que valiéndose de sus ventajas fiscales, préstamos blandos, donaciones y acuerdos especiales, compiten abierta y deslealmente con las empresas privadas, sin que pase nada.

Y así sucede con la basura, el desinterés por el trabajo, el desagradecimiento, la falta de sensibilidad y la impuntualidad, que son otras formas de expresar la “no empatía”.

¿Por qué esta actitud generalizada de “no empatía”? Alguien me dijo: “Es un círculo vicioso de resentimiento social hacia la impunidad”.

Yo pienso, que si sólo una parte de los ciudadanos del “país de la no empatía” decide practicar la “empatía” en su entorno y ser buen ejemplo, para que las cosas funcionen mejor, el país de la “no empatía” podría convertirse en un “país más justo” para todos. ¿Usted cree que es posible? Yo si.

*Ingeniero y columnista de El Diario de Hoy.

 

 

 

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