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La Nota del Día
¿Dialogar? Preparemos el diálogo con sordos

Los comunistas suelen “entrar al diálogo” con su propia e inamovible agenda, por lo general imposible de aceptar

Publicada 28 de mayo de 2006, El Diario de Hoy

El Diario de Hoy
editorial@ elsalvador.com

Como es su inveterada costumbre, los comunistas han anunciado su voluntad de “dialogar” con el resto de partidos políticos y con el gobierno, para luego, como también acostumbran, retirarse de las negociaciones y denunciar a los otros como cerrados en sus posturas.

¿Dispuestos al diálogo? Si históricamente han sido incapaces de permitir la menor disidencia a sus propios secuaces y purgan al que levanta la voz ¿qué puede esperarse de ellos en los meses venideros? Ningún partido en la historia del país ha tenido tantos fraccionamientos, disidentes, rebeldías internas y segregaciones, como el llamado “Frente”.

En una época, el que se oponía a los cabecillas era perseguido e inclusive ejecutado; ahora la regla es calumniar y bañar de oprobio al que se muestra contrario, aunque sus credenciales revolucionarias sean fulgurantes (ametrallar vacas, secuestrar, dar fuego a beneficios, etc.). Para cada elección hay nuevas formaciones de disidentes del comunismo, las que por lo general desaparecen a los pocos meses. Un truculento agarrón a sillazos entre varios de los autodesignados luchadores por el pueblo es parte del folclor político de esta tierra.

Hay que agregar que los comunistas suelen “entrar al diálogo” con su propia e inamovible agenda, por lo general imposible de aceptar. No hay argumento, lógica, experiencia que les haga rectificar o reconsiderar. Ahora ellos quieren romper el Tratado de Libre Comercio, volver al colón, pasar gran parte del presupuesto nacional a las alcaldías y “muchos etcéteras”. Si un gobierno cayera en la locura y aceptara lo que exigen, de inmediato agregan más demandas en una carrera que no tiene fin. Adicionalmente, dan su palabra al final de una jornada y al día siguiente la desconocen, basándose en la moral elástica y moldeable que profesan, lo que para el resto de la gente, la gente honesta, es repugnante amoralidad.

¡O aceptan o vamos a la calle!

Lenín, su gran mentor y al que Bertrand Russell describió como el hombre más malvado que había conocido, sentó el principio de las negociaciones comunistas: avancen con la bayoneta calada hasta que topen con acero. Cuando no hay acero para detenerlos, se finaliza cayendo en las más asquerosas tiranías que el mundo ha conocido, cien veces peores que las de Trujillo y Duvalier. Pero todo lo justifican alegando que actúan en nombre y para interés “del pueblo”, que muy pronto se convierte en su mayor víctima.

Además, y piénsese en este “además”, cuando las cosas no salen como quieren y la otra parte de la mesa del diálogo se resiste a sus desorbitadas pretensiones, se van a la calle.
¿A qué van a la calle? A formar atascos, espantar transeúntes, desquiciar el trabajo ajeno, afectar la economía y mandar los peores mensajes al exterior.

La “lucha social” fue el preludio del caos y los horrores de la agresión posterior, la que nos hizo retroceder como país en cuarenta años. Si ahora tenemos deudas, es porque fue necesario comprometerse para reconstruir lo que arrasaron, comenzando por el sistema eléctrico y “las cajas telefónicas asesinas”. Los que indaguen sobre las causas de la pobreza en El Salvador, que echen un vistazo a esos años de destrucción y muerte que provocaron el gran éxodo.

 

 

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