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Vivencias
Para aprender otro idioma
Si comienza de cero, no espere resultados
inmediatos pero tampoco se desanime; el proceso se asemeja al de un niño
que está aprendiendo a caminar, hablar y a identificar por su
nombre las cosas.
Publicada 27 de mayo de 2006, El Diario de Hoy
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| Rolando
Monterrosa*
El Diario de Hoy
editorial@ elsalvador.com
Ahora que las comunicaciones son más eficientes y los medios
de transporte acortan las distancias entre los países, el aprendizaje
de idiomas, se vuelve un inpostergable mandato.
Pero, en primer lugar hay que plantearse la pregunta: ¿Para qué
aprender otro idioma? ¿Acaso no son suficientes las traducciones
que están en mi propia lengua? Hay muchas respuestas y depende
del interés de cada persona el iniciar el aprendizaje. Pero en
la base de todo se debe encontrar la voluntad de aprender. Si no hay deseo
intenso o, en el mejor de los casos, necesidad de alcanzar esa meta, poco
o nada se podrá lograr.
Los idiomas sirven de puente entre las culturas. Para los amantes de las
letras, por ejemplo, nada hay como leer obras en su idioma original. No
es lo mismo para un inglés leer una traducción del Quijote,
que leerlo en español. Lo mismo se puede decir de un hispanohablante
que lee traducciones de Shakespeare.
La traducción casi siempre tiene que sacrificar musicalidad y a
veces hasta sentido. El buen traductor tratará de conservar ambos,
pero no siempre logrará verter de un idioma a otro giros lingüisticos
propios de un dialecto africano o de una comunidad andina. Los italianos
lo resumen así: “traduttore, tradittore” (traductor,
traidor).
En la actualidad el fenómeno de la globalización y la Internet
abren un infinito ramo de oportunidades de información para científicos,
hombres de negocios, médicos, abogados, ingenieros y toda imaginable
ocupación, profesión, oficio o especialidad que ni siquiera
excluye el horóscopo chino.
Si bien el número de sitios en español que cubren estas
disciplinas es cada vez mayor, nunca será tan elevado y rico en
documentación como los sitios en inglés. Y esto trae a cuento
la interrogante: ¿Cuál idioma debo aprender? El que usted
quiera.
El aprendizaje de los idiomas romances o latinos, por ejemplo, es más
fácil para hispanohablantes y si se aprenden en escuelas, con buenos
tutores y métodos de probada eficiencia, ofrecen la ventaja de
dotar de herramientas al estudiante, para incursionar en lenguas de más
compleja estructura como el alemán o los idiomas orientales.
Para el caso, tenemos al inglés que ha logrado la universalidad
que jamás pudieron alcanzar el Esperanto, el Volapük ni las
docenas de idiomas artificiales con los que se quería superar el
efecto Babel.
El inglés es una lengua que ofrece muchas ventajas, una de ellas
que casi no hay lugar en el mundo donde no se hable esta, lo cual facilita
la comunicación y la interacción con otros pueblos.
Para aprender otro idioma ayuda mucho conocer la gramática y el
significado exacto de las palabras del propio, sólo así
se podrá comprender la estructura y el sentido del vocabulario
del idioma extranjero.
También es aconsejable la inmersión total en el aprendizaje
lo que quiere decir, escuchar, tratar de hablar, leer y pensar en el idioma
que se quiere dominar. Aun-que al principio no se entienda nada de lo
que se escucha, a medida que progresa el estudio y aumenta el vocabulario
el estudiante comenzará a distinguir una palabra de otra. De ahí
que la mayoría de profesores habla a su clase sólo en el
lenguaje que enseña.
También contribuye al aprendizaje el escuchar poemas y canciones
en el idioma que se estudia, ya que la rima y la melodía que acompaña
a las letras, sirve de eficaz recurso nemotécnico y ejercita la
pronunciación.
Si comienza de cero, no espere resultados inmediatos pero tampoco se desanime;
el proceso se asemeja al de un niño que está aprendiendo
a caminar, hablar y a identificar por su nombre las cosas. Si no lo cree,
recuerde aquello de: “Admiróse un portugués que desde
su tierna infancia todos los niños en Francia sabían hablar
francés...”
*Jefe de Redacción de El Diario de Hoy. rolando@elsalvador.com

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