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| Familiares de miembros de la Mara 18, acusados
de la masacre en Zacatecoluca, exigieron un proceso legal justo. Foto
EDH |
texto: Torge Ávalos
El
Diario de Hoy
nacional@elsalvador.com
El presupuesto nacional para todas la instancias gubernamentales involucradas
en la prevención y combate de la violencia en El Salvador asciende
a casi 270 millones de dólares anuales.
En esta cifra se incluye: el Órgano Judicial, del que forma parte
el Instituto de Medicina Legal; la Fiscalía y la Procuraduría
generales de la República, que se encargan de acusar y defender
a los acusados, respectivamente; y Gobernación, que dirige los
servicios de seguridad pública de la Policía Nacional Civil
y los centros penales.
En medio de esta cadena de instituciones se encuentra la Fiscalía
General de la República. Como es el ente que investiga los delitos,
de su desempeño depende la consecución de la justicia. Pero
de acuerdo con varios investigadores, este es el eslabón más
débil de la cadena.
Indicadores
En un estudio sobre política criminal, la Fundación de Estudios
para la Aplicación del Derecho (Fespad) evaluó durante 2003
el número de casos diligenciados por la Fiscalía. De 94,912
ingresos, 39,178 llenaron los requisitos para ser judicializados. Pero
sólo 1,729 fueron llevados a juicio, de los cuáles se logró
una sentencia condenatoria en sólo el 48.9% (845 sentencias).
Siguiendo una metodología económica y sirviéndose
de datos proporcionados por la Fiscalía misma, el Programa para
las Naciones Unidas de El Salvador (PNUD) midió los niveles de
eficiencia y eficacia fiscal durante un período de cuatro años,
a partir de 1998 cuando se dieron las reformas del proceso penal que le
otorgó a la Fiscalía el poder de dirigir las investigaciones.
Los resultados son desalentadores.
En 2001, por ejemplo, el indicador de la eficiencia fiscal, que mide la
capacidad de respuesta o procesamiento positivo, sólo alcanzó
el 35%, un incremento de sólo 3 puntos con relación al año
anterior.
También en 2001, el indicador de la eficacia fiscal, que mide el
logro de los objetivos propuestos en las diferentes etapas del proceso
judicial, mostraron un logro del 53%.
Obstáculos
Las autoridades de la Fiscalía no han refutado estos datos. Al
contrario, en octubre de 2005, ante la Asamblea Legislativa le dieron
un giro político a la valoración de la institución
indicando que la situación actual es crítica y requiere
de profundas reformas institucionales para resolver una larga lista de
problemas, entre ellos: el procesamiento deficiente de la escena del delito;
poca credibilidad en el manejo de la evidencia y su cadena de custodia;
infraestructura técnica y científica inadecuada; un desbalance
entre la prueba obtenida y la eficacia de la investigación; e,
incluso, fallas en la dirección funcional de la investigación.
Uno de los problemas más serios, indicaron, es de carácter
estructural. En la investigación de un homicidio, por ejemplo,
participan tres instituciones: la División de la Policía
Técnico Científica, Medicina Legal y la Fiscalía.
“Esa separación institucional es engorrosa”, señala
Claudia Hernández, analista del Instituto de Derechos Humanos de
la UCA. “La investigación del delito debería ser un
sólo proceso. Y ya que las leyes le asignan esa función
a la Fiscalía, es necesario dotarlos de mejores capacidades y mejores
herramientas, y la principal herramienta debe ser un instituto de investigación
técnico científica”.
Sidney Blanco, juez 5o. de instrucción, concuerda. Una razón
para explicar las deficiencias de la Fiscalía, dice, es “una
política criminal errónea: la falta de voluntad para propiciar
un instituto de investigación científica del delito”.
Cosas de poder
El 30 de abril, la Asamblea Legislativa aprobó, en primera instancia,
la creación de un “Instituto de Ciencias Criminales”.
Hay indicaciones de que el FMLN no apoyará la ratificación
de esta reforma y, debido a la fuerte inversión necesaria, otros
partidos no están dispuestos a defenderla.
La paradoja de esto es que no hay ningún desacuerdo de fondo. Dirigentes
de todos los partidos políticos y todas las instituciones que combaten
la violencia están convencidos de que las organizaciones dedicadas
a la investigación del delito deben ser integradas en una sola
institución.
“Tenemos que reforzar la prueba científica”, dice Mario
Alfredo Hernández Gavidia, director del Instituto de Medicina Legal,
“y la prueba científica sólo la vamos a potenciar
cuando todos estemos trabajando como un equipo. Pero hay muchos intereses
de por medio, cosas de poder”.
Hasta ahora, todo parece indicar que el poder de la impunidad ha vencido
al de la voluntad política.
Prueba para la credibilidad judicial
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| Parientes de José Adán Servellón,
asesinado en la masacre de Zacatecoluca, reclaman justicia. Foto
EDH |
La idea de crear un instituto independiente que unifique los objetivos,
las actividades y los recursos dedicados a la investigación científica
del delito no es nueva.
Un estudio de viabilidad fue realizado para la Unidad Técnica Ejecutiva
del Sector Justicia por un equipo de forenses puertorriqueños en
el año 2000. El proyecto, coordinado por Chemonics International,
Inc., fue financiado por la Agencia Internacional para el desarrollo de
los Estados Unidos (AID).
Ya en ese entonces, la propuesta de crear un instituto se enfocaba en
resolver los problemas de la investigación científica del
delito. Para combatir la impunidad judicial, argumenta el estudio, se
hace necesario mejorar la calidad de las pruebas.
“Actualmente”, se manifestó el doctor Ramón
Díaz, quién dirigió el equipo consultor, “el
sentir de la sociedad salvadoreña se ha traducido a falta de confianza,
transparencia y credibilidad hacia el Sistema de Justicia, incluyendo
las áreas técnicas y científicas”.
Para Daniel Domínguez, jefe de la unidad de delitos contra la vida
en la Fiscalía, este instituto concentraría los esfuerzos
de las tres instituciones que investigan el delito, eliminando los conflictos
actuales.
“Concentrar esfuerzos”, dice, “evitaría los trámites
burocráticos para la obtención de los resultados”.
Un instituto, asegura, también eliminaría las disparidades
de trabajo: tanto la “displicencia de los médicos forenses”,
como los “problemas de convicción” de los agentes de
policía en el manejo de la escena del delito y en la custodia de
la prueba.
De acuerdo al doctor Mario Alfredo Hernández Gavidia, director
del Instituto de Medicina Legal, la clave para “la credibilidad
de esta instancia es que funcione de manera autónoma, ubicada en
una sola infraestructura, capaz de defender su propio presupuesto y dirigida
de forma colegiada”.
“Lo ideal sería que no dependiera ni de la Corte ni de la
Fiscalía, porque la Fiscalía es un sujeto procesal en un
sistema adversario y esto les daría ventaja con respecto a los
imputados, cuando la ley exige que debería de haber igualdad”,
afirma Guillermo Arévalo, magistrado de la Cámara Penal.

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