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Diario de Hoy
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Hace años un humorista publicó, en estas páginas,
lo que haría de ser presidente de El Salvador: iba a construir
hospitales, dotar de parques a los vecindarios, mejorar el servicio de
agua, fabricar dormitorios para indigentes y numerosas otras obras de
beneficencia que a su juicio iban a transformar nuestro país en
el sitio ideal para vivir, envejecer y morir.
Por desgracia la burla que con tanto ingenio hizo uno, otros lo plantean
con solemnidad, creyendo que para hacer botellas sólo se necesita
soplar. Y a cada rato soplan en la versión capitalina de Radio
Habana, repartiendo consejos que nadie pide y lustrosamente disparatados.
En una reciente emisión, los filo-efemelenistas y universitarios
declaran que la salud “es un bien público” y por tanto
“es deber del Estado” cuidarnos a todos, curarnos, hospitalizarnos
y medicarnos, indistintamente de los costos y las dificultades que tal
cosa represente.
Lo que primero tendrían que considerar es que para Estados Unidos
los costos del Medicare y los sistemas de salud para ancianos y destituidos,
amenazan con romper el espinazo del gobierno; se adelanta que para este
año son de un trillón de dólares y van aumentando
a una tasa superior al crecimiento económico.
La pregunta que nunca se hacen los engañabobos, traficantes de
ilusiones, es: ¿Quién pagará la cuenta? Muy “bien
público” puede ser la salud pero hay un alto precio para
construir hospitales, para mantenerlos, para equiparlos y para pagar enfermeros,
técnicos, nuevas tecnologías, médicos, administradores,
transportes, adquisición de medicinas y todo lo que se requiere
para operarlos, fuera del sacerdote que confiesa a los moribundos.
Es más, el sindicato comunista del STISSS se las ha arreglado para
que casi el noventa por ciento de los ingresos del ISSS se vaya en salarios
y medicinas, dejando muy poco para renovar equipos, para capacitar personal
y menos para inversión. Son dineros que aportan los productores
que se manejan en función política. Han llegado a tal extremo,
que hicieron una marcha para presionar al Poder Judicial que estaba procesando
a un acusado de violación vinculado al STISSS.
Mejor prevenir, que curar
Hace años se contaba que gracias a un gran donativo de Estados
Unidos, se edificó en Lisboa un enorme hospital, pero que este
sólo se usó en una pequeña parte porque el gobierno
portugués no tenía los fondos para sostenerlo. Y similar
cosa pasó con un gran centro de salud en Guatemala, según
nos cuentan.
Los estados no pueden dedicar todos sus recursos a lo que políticamente
es atractivo, o ajustarse a la presión de tontos o pérfidos.
En esto y recordando un ejemplo que citamos con frecuencia, los gobiernos,
las empresas, las familias y las personas se ven en el problema del hombre
que se cobija con una manta pequeña: si se cubre los pies, le quedan
los hombros descubiertos; si se cubre los hombros, los pies quedan al
frío. Esa realidad obliga a todos a tener prioridades y administrar
con prudencia; en el caso de la salud, hay más beneficio previniendo
que curando.
Los rojos y su cohorte de tontos útiles siempre montan algarabías
con lo que falta, nunca con lo que se logra. El mismo truco del billete
premiado.

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