elsalvador.com WWW
Portada Nacional El País Deportes Metro Negocios Editorial RUZ Vida Internacionales Por el mundo

Masacre en Santa Ana

Barbarie. Una pareja y sus tres hijos fueron atacados con corvos en el interior de su casa. Casi todos quedaron mutilados. Extraoficialmente se dijo que el móvil eran rencillas personales


Publicada 19 de mayo de 2006 , El Diario de Hoy

Edmee Velásquez/C. Díaz
El Diario de Hoy
nacional@elsalvador.com
Traslado. Los niños fueron llevados en una sola camilla. Atrás, el paraje solitario. Foto: EDH/Lssette Lemus

Una casa de bahareque, en medio de quebradas y cerros, fue el escenario donde una pareja y sus tres pequeños hijos fueron masacrados con lujo de barbarie, por varios sujetos aún no identificados.

Para las autoridades, el hecho está plagado de interrogantes debido a que los cuerpos tenían entre 48 a 72 horas de descomposición; no hay sospechosos al respecto. Lo que es claro es la crueldad con que actuaron los homicidas.

No todas las víctimas fueron identificadas. Medicina Legal sólo logró reconocer a los dos adultos a través de sus documentos de identidad.

Estos son Rubén de Jesús González Salazar, de 47 años, y Rosa del Carmen Lemus, de 40. De los tres niños sólo se dedujeron las edades.

Eran dos niñas, de seis y dos años, y un niño de 40 días de nacido. Un familiar únicamente proporcionó el nombre de la pequeña de dos años, llamada María.

Según investigadores, la familia fue atacada con corvos y machetes. Todos a diferencia del bebé, murieron por las múltiples heridas en la cabeza. Estaban mutilados. Del niño se presume murió asfixiado.

La vivienda está ubicada en el caserío Cipresal, en el cantón El Pinalito, Santa Ana. Vecinos dijeron que nadie se atrevía a vivir en la zona porque era muy solitaria y además el terreno era muy peligroso durante el período lluvioso. La casa más cercana se encuentra a una hora de camino a pie.

La hija mayor de la pareja, que no había dormido en la casa desde el lunes 15, descubrió la macabra escena. Fue la única sobreviviente.

“Teresa, de 13 años, se encontraba en mi casa desde el pasado lunes. Ayer (jueves) decidió regresar a la casa y se encontró con los cuerpos de sus padres. Impresionada, salió corriendo en busca de ayuda”, dijo Francisco Sandoval, dueño de la casa donde se perpetró el crimen.

Sin embargo, se supo que un muchacho de 17 años, que trabajaba con Rubén González en el cultivo de frijol y maíz, fue el último que vio con vida a la compañera de vida de éste cuando fue a dejar una rociadora de veneno.

“Es el único testigo que se tiene sólo para determinar el período de tiempo en el que se perpetró el hecho”, afirmó el jefe de la delegación de Santa Ana, subcomisionado Fritz Gerard Dennery.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

elsalvador.com WWW