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De cacería
Aritmética fiscal
La aritmética fiscal es sencilla: se necesitan mayores ingresos y un mejor gasto. El algebra político es otro, basado en ratings de popularidad y transe de privilegios
Publicada 17 de mayo de 2006 , El Diario de Hoy
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Rafael Barraza*
El Diario de Hoy
editorial@ elsalvador.com
Las matemáticas asustan a muchos. Tal vez es esa concepción antigua que relacionaba a los matemáticos con la astrología, por ejemplo cuando San Agustín escribía: “El buen cristiano debe guardarse de los matemáticos y de todos aquellos que hacen profecías vacías”.
En mi opinión, los números no son ni buenos ni malos, pero son indispensables para el análisis crítico de la economía y estoy decididamente de acuerdo con quien alguna vez me dijo: “En Dios confío, los demás muéstrenme números”.
Sumando
La situación fiscal del año 2005 tuvo varios aspectos positivos. El mayor crecimiento económico, especialmente en el último trimestre del año pasado, favoreció al país y a las finanzas públicas. La reciente reforma tributaria también contribuyó a elevar la recaudación fiscal, lográndose una tasa de crecimiento de los ingresos que superó a la de la economía. De esta manera la carga tributaria, es decir la razón de impuestos al Producto Interno Bruto, se elevó del 11.5% al 12.6%.
Además, la ejecución de la inversión pública como porcentaje del PIB logró recuperarse con respecto al 2004, año en que alcanzó un paupérrimo 2.11% del producto. Crecimiento económico, incremento de la recaudación y buena ejecución de una inversión pública socialmente rentable son la base de una sana política fiscal.
Restando dos veces
Sin embargo, la cruel aritmética nos muestra algunas debilidades de la situación fiscal. En contraste al crecimiento de los ingresos tributarios, los ingresos no tributarios se redujeron, con lo que los ingresos totales se mantuvieron casi iguales como proporción del PIB. Al seguir incrementándose los gastos, el déficit fiscal volvió de nuevo a niveles del 3% del producto.
Este aumento de los gastos fue explicado principalmente por el incremento en las trasferencias al antiguo sistema de pensiones y los mayores niveles de inversión pública.
Aunque el incremento de la inversión pública fue positivo, apenas se alcanzó un 2.5% del PIB, medio punto por debajo del 3% que ha sido común para la inversión del gobierno. El dilema actual es que medio punto más de inversión equivale a medio punto más de déficit y por lo tanto a mayor endeudamiento.
Por otra parte, el costo del antiguo sistema de pensiones llegó para quedarse y superará el 2% del PIB anual por lo menos por los próximos diez años, disminuyendo aún más la disponibilidad de recursos para inversión social y en infraestructura. Con estos niveles de déficit fiscal la deuda al PIB sólo puede aumentar, complicando el financiamiento externo y comprometiendo el grado de inversión que el país todavía mantiene en los mercados financieros internacionales.
Sudoku fiscal
El rompecabezas fiscal tiene por lo menos dos aristas: la de los ingresos y la de los gastos. Por el lado de los ingresos, el reto es aumentar la recaudación fiscal sin afectar negativamente el crecimiento económico.
Por el lado del gasto resaltan dos principios: la focalización del gasto hacia los más pobres y la evaluación de los proyectos de inversión en base a su rentabilidad social. Ambos lados de la “tijera fiscal” son importantes, pues es fácil aumentar los ingresos tributarios para ser derrochados en subsidios regresivos, aumentos salariales sin base en aumentos de productividad e inversiones de nula rentabilidad social.
La aritmética fiscal es sencilla: se necesitan mayores ingresos y un mejor gasto. El algebra político es otro, basado en ratings de popularidad y transe de privilegios. Mientras tanto, ni astrólogos, ni economistas, ni matemáticos augurarán una mejora en la situación fiscal, prefiriendo seguir las sabias palabras de San Agustín y evitar hacer profecías vacías.
*Columnista de El Diario de Hoy. rbarraza@chiribisco.com

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