Rodrigo
Chávez*
El Diario de Hoy
editorial@ elsalvador.com
El proceso de dealineamiento, en el cual las lealtades entre votantes
y partidos se hacen cada vez más débiles, parece crecer
en América Latina. Las recientes victorias de partidos de izquierda
en la región son más un reflejo de un proceso de dealineamiento
acelerado, que de un apoyo a movimientos socialistas. En Europa, los procesos
de dealineamiento se han dado, debido a un proceso de modernización
económico y social, que han creado un nuevo tipo de votante, más
educado, más independiente y más complejo. En América
Latina, en cambio, el dealineamiento se da por un descontento generalizado
con los sistemas de partidos.
Además, en el caso latinoamericano, este proceso viene con ingredientes
propios de la región: caudillos y populismo. La falta de vínculos
fuertes y estables entre votantes y partidos se traduce en una mayor personalización
de la política y de la cosa pública. Este énfasis
en las personas asegura una persistente volatilidad electoral, ya que
los líderes de manera irremediable, no logran cumplir con las expectativas
de sus votantes. Por ende, el dealineamiento latinoamericano hace más
difícil gobernar y tener un gobierno estable. La inestabilidad
se puede volver la regla y no la excepción, y la tentación
al populismo se vuelve enorme.
Sin embargo, este proceso no implica un realineamiento de votantes, es
decir, no implica un cambio de lealtades partidarias o de identificación
partidaria por otras.
El dealineamiento se da cuando los votantes suspenden sus lealtades partidarias
y están dispuestos a votar por cualquier candidato. Sus decisiones
electorales se vuelven de corto plazo y nada ideológicas. Su lealtad
es mínima.
En América Latina, el dealineamiento ha venido para quedarse y
probablemente, se dará con mayor fuerza que en Europa. Este debilitamiento
de los partidos, sin embargo, también modifica a sus estructuras
partidarias internas. A medida que los votantes se orientan más
por los candidatos que por las marcas partidarias, los partidos tienden
a modificar la forma en que toman sus decisiones. En la mayoría
de los casos, esto implica la implementación de primarias para
elegir candidatos. Por ello, las primarias se han convertido en mecanismos
para mantener a la base partidaria motivada e involucrada.
Otro efecto del dealineamiento es la tendencia de los ciudadanos de involucrarse
sólo en las campañas y no en las estructuras partidarias.
Los ciudadanos prefieren apoyar la campaña de un candidato en específico
pero no participar permanentemente en un partido. Su actividad política
se delimita a la lucha electoral en un momento determinado. En-tonces,
los ciudadanos escogen participar en la política partidaria sólo
en épocas de campaña.
El resto del tiempo se dedican a hacer política a través
de gremiales, institutos de pensamiento, universidades o a través
de grupos empresariales. Los ciudadanos no ven a los partidos como el
lugar donde pueden luchar por sus intereses. Por lo tanto las ONG, y la
multiplicidad de organizaciones de la sociedad civil se transforman en
“mini-partidos” y se dedican a realizar las funciones de representación
que los partidos tradicionalmente han realizado.
Entonces el dealineamiento no necesariamente implica una menor participación
política, sino una participación política distinta,
más compleja y más difícil de regular. Esto implicará
un análisis de cómo regular la participación de estos
grupos de interés, ya que su influencia puede ser incluso mayor
que la de los partidos mismos.
El dealineamiento es uno de los nuevos desafíos que enfrenta la
política latinoamericana. Un buen ejemplo de cómo manejarlo
es México, donde a pesar que las lealtades partidarias han disminuido,
los votantes transitan entre los tres principales partidos, PRI, PAN y
PRD. Un ejemplo de cómo no manejarlo son los casos de Perú,
Venezuela y Ecuador, donde el caudillismo y el populismo han sido las
soluciones más fáciles. En nuestros países, el caudillismo
siempre es una amenaza, ya que la tendencia al autoritarismo es demasiado
fuerte. Sería una pena que el dealineamiento resultará en
un fortalecimiento de los caudillos y no en una mayor participación
democrática.
*Columnista de El Diario de Hoy.

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