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Dealineamiento

El dealineamiento se da cuando los votantes suspenden sus lealtades partidarias y están dispuestos a votar por cualquier candidato. Sus decisiones electorales se vuelven de corto plazo y nada ideológicas.

Publicada 16 de mayo de 2006 , El Diario de Hoy

Rodrigo Chávez*
El Diario de Hoy

editorial@ elsalvador.com

El proceso de dealineamiento, en el cual las lealtades entre votantes y partidos se hacen cada vez más débiles, parece crecer en América Latina. Las recientes victorias de partidos de izquierda en la región son más un reflejo de un proceso de dealineamiento acelerado, que de un apoyo a movimientos socialistas. En Europa, los procesos de dealineamiento se han dado, debido a un proceso de modernización económico y social, que han creado un nuevo tipo de votante, más educado, más independiente y más complejo. En América Latina, en cambio, el dealineamiento se da por un descontento generalizado con los sistemas de partidos.

Además, en el caso latinoamericano, este proceso viene con ingredientes propios de la región: caudillos y populismo. La falta de vínculos fuertes y estables entre votantes y partidos se traduce en una mayor personalización de la política y de la cosa pública. Este énfasis en las personas asegura una persistente volatilidad electoral, ya que los líderes de manera irremediable, no logran cumplir con las expectativas de sus votantes. Por ende, el dealineamiento latinoamericano hace más difícil gobernar y tener un gobierno estable. La inestabilidad se puede volver la regla y no la excepción, y la tentación al populismo se vuelve enorme.

Sin embargo, este proceso no implica un realineamiento de votantes, es decir, no implica un cambio de lealtades partidarias o de identificación partidaria por otras.

El dealineamiento se da cuando los votantes suspenden sus lealtades partidarias y están dispuestos a votar por cualquier candidato. Sus decisiones electorales se vuelven de corto plazo y nada ideológicas. Su lealtad es mínima.

En América Latina, el dealineamiento ha venido para quedarse y probablemente, se dará con mayor fuerza que en Europa. Este debilitamiento de los partidos, sin embargo, también modifica a sus estructuras partidarias internas. A medida que los votantes se orientan más por los candidatos que por las marcas partidarias, los partidos tienden a modificar la forma en que toman sus decisiones. En la mayoría de los casos, esto implica la implementación de primarias para elegir candidatos. Por ello, las primarias se han convertido en mecanismos para mantener a la base partidaria motivada e involucrada.

Otro efecto del dealineamiento es la tendencia de los ciudadanos de involucrarse sólo en las campañas y no en las estructuras partidarias. Los ciudadanos prefieren apoyar la campaña de un candidato en específico pero no participar permanentemente en un partido. Su actividad política se delimita a la lucha electoral en un momento determinado. En-tonces, los ciudadanos escogen participar en la política partidaria sólo en épocas de campaña.

El resto del tiempo se dedican a hacer política a través de gremiales, institutos de pensamiento, universidades o a través de grupos empresariales. Los ciudadanos no ven a los partidos como el lugar donde pueden luchar por sus intereses. Por lo tanto las ONG, y la multiplicidad de organizaciones de la sociedad civil se transforman en “mini-partidos” y se dedican a realizar las funciones de representación que los partidos tradicionalmente han realizado.

Entonces el dealineamiento no necesariamente implica una menor participación política, sino una participación política distinta, más compleja y más difícil de regular. Esto implicará un análisis de cómo regular la participación de estos grupos de interés, ya que su influencia puede ser incluso mayor que la de los partidos mismos.

El dealineamiento es uno de los nuevos desafíos que enfrenta la política latinoamericana. Un buen ejemplo de cómo manejarlo es México, donde a pesar que las lealtades partidarias han disminuido, los votantes transitan entre los tres principales partidos, PRI, PAN y PRD. Un ejemplo de cómo no manejarlo son los casos de Perú, Venezuela y Ecuador, donde el caudillismo y el populismo han sido las soluciones más fáciles. En nuestros países, el caudillismo siempre es una amenaza, ya que la tendencia al autoritarismo es demasiado fuerte. Sería una pena que el dealineamiento resultará en un fortalecimiento de los caudillos y no en una mayor participación democrática.

*Columnista de El Diario de Hoy.

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