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Vandalismo actos nunca castigados

Causas. Decenas de disturbios en los que se destruye propiedad privada han ocurrido en la capital sin que ningún acusado esté preso. Se suele culpar a los jueces cuando los capturados quedan libres, pero según la Fiscalía, las fallas vienen desde el momento en que se detienen a los sospechosos


Publicada 15 de mayo de 2006 , El Diario de Hoy

Jorge Beltrán
El Diario de Hoy
nacional@elsalvador.com

Ni un solo vándalo que haya participado en disturbios violentos en la capital está preso por la destrucción que haya causado en propiedades privadas o estatales.

Los anuncios de capturas masivas que hace la policía, más las declaraciones de la Fiscalía General sobre la camándula de delitos que achacará a los detenidos, dejan más dudas que respuestas e, incluso, el sabor amargo de la impunidad en los agraviados.

Posterior a los disturbios violentos del pasado 7 de abril, cuando un microbús de un supermercado fue incendiado y el fuego de éste se propagó a un edificio comercial, las autoridades se preciaron de la captura de 20 involucrados en los disturbios.

Serias deficiencias

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Pero seis días después, todos fueron liberados pese a los daños a la propiedad y desórdenes públicos.

Del delito de actos de terrorismo, del cual también estaban acusados, no se dijo mucho en la audiencia inicial.

“(La Fiscalía) Nunca tuvo la capacidad probatoria para esclarecer y precisar con objetividad la acción criminal emprendida por cada uno de los sujetos”, aseguró ese día Osmín Mira Montes, Juez delTribunal 12o de Paz que conoció el caso.

Luego, la Fiscalía trató de escudarse diciendo que un diputado del FMLN había presionado al togado para que resolviera en favor de los involucrados.

Pero también los fiscales aceptaron que no pudieron especificar qué hizo cada uno de sus acusados.

Siendo así, no les quedó otra opción que aceptar la resolución judicial.
Para el dueño del edificio incendiado, Guillermo Calderón, simplemente la Fiscalía no está preparada para investigar ese tipo de delitos.

Pero el fiscal Daniel Domínguez, jefe de la unidad que investiga los disturbios, asegura que en ese caso como en cualquier otro, tienen serias deficiencias en las diligencias de investigación que les remite la policía.

“Las diligencias vienen, en general, en abstracto, donde sólo se relaciona a un grupo de sujetos que ocasionan disturbios”, aseguró Domínguez.

Controversial

Según Domínguez, en el caso del 7 de abril, “los policías captores fueron incapaces de individualizar las acciones particulares de cada imputado”.

Pero eso no siempre ha sido así. En 2004, un sujeto que incendió un microbús y dos que destruyeron una caseta policial aceptaron los hechos pero igual, el Ministerio Público no adversó la resolución que puso en la calle a los culpables.

En ese caso, una fiscal dijo que habían aceptado la resolución porque la participación de los imputados había sido mínima, pese a que los tres acusados fulanos admitieron el delito.

Pero las tropelías callejeras y la impunidad que protege a quienes por momentos forman parte de las turbas callejeras, dejan en entredicho hasta la inteligencia del Estado.

Siempre que se prevé desmanes callejeros o posterior a éstas, funcionarios del Ministerio de Gobernación suelen asegurar que ya tienen identificados a los “extremistas” y lanzan advertencias.

El 21 de diciembre de 2004, Rodrigo Ávila, a la sazón viceministro de Seguridad, aseguró que la inteligencia del Estado había determinado que los impulsores de disturbios callejeros eran miembros de la BRES (Brigada Revolucionaria de Estudiantes Salvadoreños) y otras organizaciones estudiantiles.

“Sabemos quiénes son los que dirigen a estos antisociales”, aseguró Ávila en aquella ocasión.

Sin embargo, durante los últimos años esos grupos callejeros han quemado decenas de casetas telefónicas, han incendiado buses o microbuses, han dañado infraestructura y nadie ha sido enviado a prisión por nada de eso.

Todo por nada

A lo sumo, algunos de los tantos capturados son acusados pero a los seis días, a lo sumo, son dejados en libertad.

De ahí la desilusión de la gente, pues si los tienen identificados, por qué estos no aparecen entre los que suele capturar la policía.

Para las personas que sufrieron daños durante los disturbios del pasado abril, de nada vale mostrarse ofendido.

El edificio abrasado ya está siendo reconstruido y quienes perdieron sus capitales de trabajo se han marchado a otros lugares a comenzar de nuevo para hacerle frente a las deudas contraídas a raíz del vandalismo.

Los más perjudicados por esas turbas son los más pequeños; los que las ganancias del día a día no les da para asegurar la cocina de preparar pupusas, o la máquina de recortar cabello.

De nada sirve, dicen algunas víctimas del pillaje y vandalismo en las calles de la capital, tanto alboroto por desalojar las calles de turbas violentas si al final nada de justicia se hace.

Mientras las víctimas del vandalismo del pasado siete de abril se rebuscan por levantar de nuevo sus negocios, los que protagonizaron los disturbios, siguen tranquilos vendiendo su mercadería en las habituales calles capitalinas, infringiendo las leyes que castigan la piratería.

Advertencias en saco roto

Esas turbas seguirán con sus desmanes desafiando a la autoridad, como lo hicieron el pasado 1 de mayo en las marchas de celebración del Día del Trabajo.

En esa ocasión infringieron todas las leyes que el Ministerio de Gobernación dijo que aplicaría a quien osara dañar la propiedad pública o privada o agrediera a los agentes de autoridad.

Ese día, muchos revoltosos encapuchados pintaron sus consignas en edificios privados ante la mirada tolerante de la policía.

Sin embargo, Rodrigo Ávila, director de la corporación, prefiere llamar prudencia en vez de tolerancia al procedimiento, aunque haya habido claras violaciones legales.

Entre pedradas y balas, un asesinato olvidado

Inocente. Melvin murió en el trayecto al hospital Rosales. Su muerte aún no ha sido esclarecida. Foto: EDH

Aquella tarde del 6 de julio de 2004, Melvin Rodríguez, 19 años, andaba repartiendo mercadería de imprenta en los alrededores del Parque San José, donde decenas de vendedores ambulantes y miembros del Cuerpo de Agentes Metropolitanos (CAM) se atacaban a pedradas y balazos ante la mirada impávida de la Policía Nacional Civil.

Al quedar en medio del campo de batalla, una bala le atravesó el pecho a Melvin. La herida fue mortal.

A casi dos años de aquel asesinato, la familia de Melvin quiere olvidar el caso, no porque no tenga ansias de justicia, sino porque dicen estar seguros de que la Fiscalía y la policía jamás darán con el responsable de hacer aquel disparo mortal.

“Ya eso quedó así (sin castigo) y ya no queremos saber nada”, dice David, un hermano de Melvin, quien vive en una colonia de Apopa junto a su madre y una hermana.

Según David, ya hace más de un año que no saben nada y que las autoridades no los molestan con más diligencias inútiles.

La familia de Melvin sabe que las autoridades no han dado con el arma de donde salió aquel disparo, pese a las pruebas balísticas. Pero también saben que aquel día fatal, un agente del CAM reportó como extraviada su arma de equipo. Lo dicen dejando entrever la duda que eso les genera.

Pero para el fiscal Fernando Cañas, el caso no está cerrado aunque admite que la posibilidad de hallar al culpable se va reduciendo cada día.

Según Cañas, Melvin murió en un hecho confuso y su investigación está bien difícil pues de todas las armas del CAM examinadas, ninguna resultó incriminada.

El caso, según el fiscal Cañas, ha sido asignado a un grupo especial de fiscales de homicidios. Habrá que esperar si éstos tienen mejor suerte.

Tropelías de cualquier día
A la hora y día menos esperado, vendedores ambulantes, sindicalistas y supuestos estudiantes cierran calles, causan lesiones y hasta muertos

28 de abril de 2004
Sindicalistas del STISSS se toman la Catedral Metropolitana, incendian dos microbuses, un auto particular y decenas de casetas telefónicas.

6 de julio de 2004
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27 de noviembre de 2004
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10 de agosto de 2005
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7 de abril de 2006
Vendedores de productos piratas protagonizan disturbios, queman un auto, incendian un edificio y saquean negocios. No hay detenidos por eso.

1 de mayo de 2006
Decenas de manifestantes encapuchados pintan consignas en edificios privados, pese a las advertencias gubernamentales.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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