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| Sin apoyo. Josué
(izquierda) y Ángel (derecha) sólo han recibido el
apoyo de una tía materna y de la congregación de la
iglesia cristiana a la que asisten. Foto:
EDH |
Geraldine Varela
El Diario de Hoy
nacional@elsalvador.com
Asus 20 años, Ángel Genovez, debe aprender lo que significa
mantener un hogar, educar a un adolescente de 16 años y criar a
una pequeña de dos.
Ángel es el mayor de tres hermanos y tras el homicidio de su padre
el pasado lunes, ahora es el responsable del hogar.
Hace menos de un año, la madre de éstos, Loyda Yanira, murió
tras la agonía de un cáncer de estómago.
A su progenitor, Rosemberg Ángel, de 49 años, le fue arrebatada
la vida al ser asesinado durante un asalto mientras trabajaba como repartidor
de agua embotellada en la colonia Layco, en San Salvador.
Según las autoridades, la víctima recibió al menos
seis impactos de bala, pese a que no se opuso al atraco y suplicó
a sus victimarios que no le hicieran daño. Por este hecho aún
no hay capturas por parte de la policía.
Pero la mayor tragedia la viven ahora sus hijos, quienes dependían
por completo de él porque era el único sostén del
hogar.
Ahora los hermanos se enfrentan a la doble pérdida y la soledad
de no contar con familiares que los apoyen mientras salen adelante.
Los retos
Entre las preocupaciones que ya debe encarar el mayor de los hermanos
está liberar la casa de una hipoteca que su progenitor padre pagaba
con su esfuerzo.
Otro pesar es el interés material de unos familiares paternos,
quienes se adueñaron de dos camiones propiedad de Rosemberg y que
eran los únicos medios de trabajo con los que contaba la familia
Genovez.
“Yo no me voy a meter en pleitos, si quieren quedarse con los carros
que se los queden, lo que si no quiero es me quiten a mi hermanita porque
nadie la quiere y la cuidaría como nosotros, ellos ya tienen sus
hogares formados y nunca han vivido con ella”, manifestó
Ángel mientras jugaba con la pequeña Aby.
Según él, sus familiares han advertido con llevarse a la
menor, pero la razón podría ser porque la pequeña
tiene un seguro económico, aunque éste puede ser reclamado
sólo cuando cumpla 18 años.
Según Ángel, sus familiares desconocen las restricciones
y buscan la custodia de la niña por la compensación monetaria.
Prueba de ello es que hasta los han despojado de otros bienes y sólo
la casa en la que viven no pueden reclamar ya que esta a nombre de su
madre.
“Ningún familiar se ha acercado para preguntarnos si tenemos
para comer, o para ver cómo vamos a hacer”, resintió
el mayor de la familia quien también debe velar porque su hermano,
Josué, de 16 años, termine su noveno grado, pese a las carencias
que tienen.
Una tía materna es la única que, en sus posibilidades ha
tratado de ayudar a sus sobrinos llevándoles comida cuando puede.
La tragedia de un homicidio muchas veces no termina con el entierro, apenas
se inicia cuando se enfrentan a la pérdida de su sustento.
Ángel quiere trabajar y salir adelante por sus hermanos, pero el
camino para sus aspiraciones aún es difuso sin la imagen de su
padre y el apoyo de su madre quien lo último que hubiese deseado,
según su hijo, es verlos separados, sin un techo o padeciendo necesidades.
A los lectores interesados en ayudar a la familia Genovez, ya sea con
víveres, empleando a uno de los hermanos o con asesoría
legal, favor comunicarse al teléfono: 22317932.

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