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| Paternal. Pedro
Menjívar juega con su hija Marilyn, de 2 años, quien
se recupera de la operación a la que fue sometida el martes.
Foto: EDH |
El Diario de Hoy
nacional@elsalvador.com
Marilyn Menjívar no tendrá una cicatriz sobre el esternón.
En su cuerpo de 2 años de edad, el bisturí hizo una incisión
centímetros abajo de la axila derecha. Según Pedro Menjívar,
su padre, “una venita se le había cerrado”.
A las 9:00 a.m. de ayer, en el segundo nivel del Hospital para Niños
Benjamín Bloom, Marilyn aún dormía en la sala de
cuidados intensivos. Su madre, Marisela Carranza, de 21 años, aguardaba
afuera de la sala.
Desvelada e inquieta, Marisela esperaba que los médicos trasladaran
a su hija al cuarto nivel, quien estaba junto a otro infante que ya había
sido operado y los tres que esperaban su turno para bajar al quirófano.
La madre de 21 años recuerda el día en que a Marilyn se
le diagnosticó una cardiopatía congénita: “Me
puse bien mal, pero tenía que arriesgarme para que (la niña)
estuviera mejor”. Así justifica porqué permitió
que su hija entrara a un quirófano a tan corta edad.
La pequeña estuvo ahí desde las 4:00 p.m. hasta las 6:00
p.m. del martes. Su madre esperó 45 minutos para poder acompañarla
en la sala de cuidados intensivos, pero al verla conectada a los aparatos
que monitoreaban sus signos vitales, se sintió incómoda
y prefirió esperar en un pasillo aledaño.
Cerca del mediodía, los médicos decidieron sacar a Marilyn
de la UCI. La niña estaba despierta y al ver nuevamente a su padre
extendió sus brazos hacia él.
Marisela y Pedro Menjívar reconocen que el haber confiado el corazón
de su hija a los cirujanos de Heart Care es un regalo que cambiará
sus vidas y la de su pequeña.
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| Antony es
oriundo de Metapán. Foto: EDH |
Luego de tres cateterismos, aún ríe
y canta
Los médicos de Health Care lo llaman “vaquero”
por el sombrero que mantiene sobre su cama. Pero hace ocho años,
sus padres lo bautizaron como Francisco Antony Hernández.
Su padre, Rubén Hernández, se dedica a la agricultura
en el cantón despoblado de Santa Rosa Guachipilín
(Santa Ana). Él describe al quinto de sus seis hijos como
un niño inquieto, al que le gusta jugar y cantar.
Cuando Antony era un bebé de un año y medio, un médico
del municipio de Santa Rosa le detectó un soplo en el corazón
y lo remitió al Hospital Bloom donde a su vez le diagnosticaron
una aorta obstruida.
Desde entonces, el pequeño ha sido sometido a tres cateterismos
que no le han funcionado, según su padre. Él recuerda
que el niño se ha desmayado varias veces y su madre, Berta
Alicia Calderón, ha derramado lágrimas sobre él
al creer que estaba a punto de morir.
Ayer, ambos progenitores esperaban que un inquieto Antony fuera
trasladado al quirófano. Ahí, los doctores de Health
Care lo someterían a una operación de corazón
abierto para devolverle la ansiada tranquilidad. |
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| Carlitos
espera el alta este día. Foto:
EDH |
Un corazón que palpita diferente
“Respira profundo amigo, no llores, el doctor
no te va a hacer nada”, le dicen a un temeroso niño
de siete años, mientras el doctor Joseph Gaffmey lo examina.
A esa edad, Carlos Enrique Molina ha sido el primer paciente sometido
a una operación de corrección de comunicación
interatrial en el corazón.
El pequeño entró al quirófano el lunes a las
8:15 a.m. y salió a las 11:00 a.m. Un cuarto de hora después,
su madre, Karla de Molina, lo observaba conmovida en la Unidad de
Cuidados Intensivos.
A las 10:00 a.m. del martes, Carlos fue retirado de la UCI y, luego,
despertó inquieto pidiéndole a su madre que lo llevara
a casa.
Un día después, Karla cree percibir una diferencia
en su hijo.
Ella afirma: “Hoy el corazón se le oye diferente. Le
pongo la mano y se le siente pausadito. Antes no, era como acelerado”.
Ayer por la mañana, mientras Carlos y ella esperaban recibir
el alta y volver a su casa en Soyapango, ella remojaba en jabón
un juguete para hacer burbujas y el pequeño soplaba para
verlas crecer, elevarse y desvanecerse frente a él. “Esto
le ayuda para los bronquios”, explicaba Karla. |

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