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| Ejemplo. Gracias
a la ayuda de los profesionales extranjeros, la vida de muchos pequeños
se han salvado. Foto: EDH |
| Lea
además |
| Tres
vidas que vuelven a latir |
Lilian Martínez
/ Florencia Couto
El Diario de Hoy
nacional@elsalvador.com
La diferencia entre la vida y la muerte de los niños que padecen
alguna enfermedad cardíaca congénita es un asunto donde
el dinero juega un rol fundamental.
El tratamiento para el defecto cardíaco congénito puede
ser el cateterismo cardíaco o la cirugía a corazón
abierto. El primero de los procedimientos ronda en los $2 mil, mientras
que el segundo puede superar los $20 mil.
El escaso recurso de los padres de estos infantes les acorta enormemente
sus probabilidades de vivir y desarrollar una vida normal. En el programa
de cirugía cardiovascular del Hospital Benjamín Bloom encuentran
algún optimismo. El hospital de niños es la única
opción para tratar este tipo de padecimientos.
Sin embargo, hay muchos limitantes (en infraestructura, equipos, insumos
y profesionales) que sumados dan como resultado un servicio insuficiente
y que no se ajusta a la realidad salvadoreña.
Entre 8 y 10 niños de cada mil vivos que nacen tienen defectos
del corazón, cuenta el doctor Carlos Montoya, cardiólogo
pediatra. Este dato lo traduce el doctor Mauricio Velado, también
especialista en cardiología pediátrica, que cuenta que en
El Salvador nacen alrededor de 1,000 niños con defecto cardíaco
al año, y que al menos la mitad son aptos para la cirugía
(por cateterísmo o por corazón abierto, según el
caso).
Aquí viene la primera dificultad. En el Bloom se realizan 2 operaciones
de este tipo a la semana (sólo los lunes y miércoles), lo
que arroja alrededor de 100 casos al año.
No hay que ser científico de la NASA para darse cuenta que las
listas de espera avanzan a paso veloz.
Según datos recogidos en el hospital, la lista es de un año
de demora y quedan unos 360 casos pendientes en el mismo período.
Más espacio
Por suerte, la Fundación Sana Mi Corazón se dio cuenta del
problema que está causando las malformaciones congénitas
en los niños y tomó cartas en el asunto. Desde el 2000,
están ayudando a esta población con operaciones gratuitas.
Otra buena noticia es que a ellos se les sumó Heart Care International,
una organización estadounidense que se encarga de llevar adelante
programas este tipo.
El Salvador es su tercer destino. Anteriormente estuvieron con programas
similares en Guatemala y en República Dominicana.
“En este momento El Salvador es nuestra única misión
grande”, enfatiza Montoya, un médico salvadoreño que
trabaja en Nueva York y es parte de Heart Care International.
Contra reloj
En la segunda jornada de cirugías, la primera se realizó
hace 6 meses, participan uno 75 especialistas que vienen de Estados Unidos.
Permanecerán en nuestro país 26 días para operar
a 50 niños salvadoreños.
Ricardo Mack, internista pediatra guatemalteco, rescata la labor de los
profesionales voluntarios que intervienen. “Es un trabajo excelente.
Es increíble que ocupen parte de su tiempo libre para venir a trabajar
gratis a El Salvador”, afirma.
En este tema profundiza un poco la doctora Shereen Abdel-Meguid, directora
ejecutiva de la organización que quiere ayudar a la mayor cantidad
de niños. “Todo el equipo médico de Heart Care es
voluntario. Usan sus vacaciones para venir a ayudar a los chicos. Tienen
mucha pasión por ayudar”, aclara.
“Vinimos en el 2004, ahí nos dimos cuenta que El Salvador
es un lugar maravilloso. Los cirujanos y la UCI con muy buenos, por eso
regresamos”, cuenta mientras se dirige de un quirófano a
otro para verificar cómo están saliendo las dos operaciones
que se hacen a la vez.
Para ella, los buenos elementos con los que contamos fueron el incentivo
que los convenció.
Pero esto no es todo. Agrega que tienen una motivación adicional.
“La gente está tan feliz de que los ayudemos que para nosotros
es una felicidad muy grande”, apunta.
Su contribución
salva vidas
Esta jornada se hace posible gracias a muchos corazones
involucrados |
Comprometidos
Ahora es el turno del Hospital Bloom. La semana que viene, en el Hospital
del Diagnóstico se realizarán los 25 cateterismos cardíacos
estipulados. |
Otros implicados
La Cruz Roja de El Salvador, el Hotel Radisson, Taca, Pepsi, Sweet´s,
Los Cebollines, el Ministerio de Relaciones Exteriores, Kimberly Clark
y la Secretaría Nacional de la Familia. |
Sana Mi Corazón
Para apoyar esta causa se reciben donaciones en el Banco Cuscatlán
(0014 0100 0063 193) o en el Banco Salvadoreño (2954-01220-54). |
Pedido
urgente
Todavía les hace falta sangre para operar a algunos de los
niños. Para más información hablar con Mayra
de Álvarez 2211-4674 y al 7797-3738. |
Solidaridad
Urge sangre O negativo, O positivo y B negativo. Se puede ir al banco
de la Cruz Roja y avisar que la donación es para ayudar a esta
jornada. |
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Labor en equipo. En cada uno de los quirófanos
hay más de 10 profesionales. |
El amor es lo que mueve las pasiones en todo el mundo
Florencia Couto
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| Concentración.
El promedio de la cirugía es de tres horas. Foto:
EDH |
Un Ipod (moderno reproductor de música) se apagó cuando
se aprobó la entrada de El Diario de Hoy a la sala de cirugías
del Hospital Bloom. Los susurros en inglés fueron el sustituto
de la música del cirujano estadounidense.
La apertura del paciente en el tórax era de unos 20 centímetros.
De allí se asomaba el corazón, pequeñito como una
mano cerrada. Latía con fuerza, gracias a la conexión con
una máquina que oxigena la sangre y la regresa al cuerpo.
Allí todos los movimientos estaban controlados. Unas treinta tijeras
quirúrgicas esperaban impecables participar en el procedimiento.
Los dos cirujanos (uno estadounidense y otro salvadoreño) reparaban
la afección. El resto del equipo monitoreaba todas las máquinas.
Sin importar la nacionalidad, unos hablaban en inglés y otros español.
Pero para ayudar y ser solidario no hizo falta hablar. Todo el equipo
médico estadounidense que trabaja en Heart Care y colabora con
Sana Mi Corazón lo saben bien. Los médicos salvadoreños
no quedaron al margen. También fueron protagonistas de esta hermosa
muestra.
En el quirófano y por las salas de cuidados intensivos el idioma
universal que manejaban se llama solidaridad. Vienen al país a
ayudar a gente que no conocen, pero que saben que tienen muchas necesidades.
Se van con más: el amor de todos los salvadoreños.

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