| Eugenia
Velásquez
El Diario de Hoy
nacional@elsalvador.com
Datos de hace 100 años, demuestran que San Salvador, Soyapango,
San Marcos, Santa Tecla y Apopa han sido los municipios del área
metropolitana que más daños y pérdidas han sufrido
por la recurrencia de fenómenos naturales, en las últimas
dos décadas.
En el interior del país: La Unión, San Miguel, Santa Ana,
Ahuachapán, Sonsonate y Acajutla, engrosan la lista de lugares
en donde la frecuencia de los eventos han golpeado al sector vivienda
y a sus economías locales.
El estudio fue realizado por el Servicio Nacional de Estudios Territoriales
(SNET) tomando como base la información de Desastres de la Red
(Desinventar).
El análisis los ubica en esa categoría por la cantidad de
veces en que han sido impactados por eventos naturales y no por su magnitud.
En el mapa de vulnerabilidad, los municipios y departamentos antes mencionados
se sitúan en la línea roja. Esto es por la acumulación
de pérdidas y daños ocasionados por los hechos naturales.
En ellos, el riesgo ante una evento natural, sea éste relativamente
pequeño o grande, va a presentar “fuertes daños y
pérdidas”.
En el país, el tipo de desastres con récord histórico
frecuentemente son los llamados hidrometereológicos, es decir,
inundaciones y deslizamientos de tierra ocasionados por las lluvias.
En 2005 sobrepasó abruptamente episodios graves como el huracán
Mitch de 1998 y los terremotos de 1986 y 2001. En los que la magnitud
de las pérdidas y daños fue grande, pero no tan frecuentes
como la del año pasado con el paso de la tormenta Stan y la erupción
del volcán Ilamatepec.
Poner atención
Según el informe, la destrucción de las viviendas a causa
de los desastres naturales está directamente relacionado a dos
factores físicos. Uno tiene que ver con la localización
geográfica: sea que la casa está en la zona de inundación
o debajo de un talud. El otro factor es la calidad de los materiales y
del diseño de su estructura.
Estos son indicadores de que el problema del riesgo se debe enfrentar
desde la perspectiva económica, social, cultural y ambiental.
En el documento se ejemplifica que en algunas llanuras proclives a inundaciones
no es que el río se salga, sino que las casas invadieron la llanura
de inundación.
En algunas zonas propensas a deslaves, no es que la tierra se caiga, sino
que al edificar una casa no se toma en cuenta la distancia apropiada que
establece el reglamento de seguridad de la construcción (1.5 metros).
En este tema, el ordenamiento del desarrollo urbano territorial, la gestión
ambiental y la estabilización de taludes y caudales, juegan un
papel preponderante en la reducción del riesgo.
El informe sugiere que en las áreas de mayor incidencia a deslizamientos
lo ideal sería convertirlas en reservas forestales, parques nacionales
o hacer un uso de la tierra que le permita a los propietarios obtener
beneficios mediante pago por servicios ambientales.
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